5/6/08

LUCHAS SOCIALES EN LA ANTIGUA ROMA



Profesor LEÓN BLOCH
Editorial Claridad. Buenos Aires
Revista de Arte, Crítica y LetrasTribuna del Pensamiento Izquierdista
Fundada el 20 de febrero de 1922
La igualdad económica y social, que al comienzo había existido entre los itálicos, como en todos los pueblos primitivos, y que se advierte bastante claramente en las aldeas lacustres y fluviales del valle padano, había poco a poco desaparecido ante una diferenciación siempre creciente. El desarrollo interno y el externo habían ido aquí a igual paso. El aumento del territorio comunal había engendrado formas de administración y constitución apropiadas para facilitar la distribución, en proporciones desiguales, del poder político entre los componen-íes de la comunidad. Como el rey ya no podía, a consecuencia de la mayor extensión del territorio y el aumento de la población, estar en contacto con todos los miembros de la Comuna, la monarquía debió convertirse en poder absoluto. Y según la posibilidad de explotar en provecho propio ese poder supremo, según las relaciones y los contactos personales con él, se habían desarrollado entre los ciudadanos de la comunidad ciertas gradaciones, surgiendo así una casta privilegiada: la de los funcionarios y consejeros (senadores). Aun cuando se quiere todavía desconocerlo, tanto más hay que acentuar firmemente que los "patricios", así como casi toda clase de nobleza, han salido de la alta burocracia, y no del seno de una raza victoriosa. En favor de este punto de vista hablan las mismas denominaciones de las clases, de las que ¡10 asoma ni el más leve indicio de diferencia racial. La clase privilegiada se llama a sí misma "patricia", es decir, está constituida por las familias de los consejeros, mientras los que gozaban de menos derechos, eran llamados "plebeyos", y constituían la gran multitud. Además, las familias no pertenecen a una o a otra clase: había, por ejemplo, Valerios patricios y Valerios plebeyos, como asimismo Cornelios patricios y Cornelios plebeyos, sin que los segundos, los Cornelios y Valerios plebeyos, pertenecieran a familias de libertos (esclavos emancipados), los que acostumbraban asumir el apellido de sus anteriores dueños.Las diferencias entre las clases estribaban fundamentalmente en las condiciones económicas; mas, como ni la industria, ni el comercio habían alcanzado entonces una extensión notable, aquéllas dependían en máxima parte de la posición política del ciudadano, es decir, de su calidad de funcionario o consejero. Empero, no hay que imaginar a los funcionarios y a los consejeros como dos círculos separados. A consecuencia de la constante colaboración entre el Rey y el Senado, era natural que aquél escogiera a sus empleados de entre el número de los senadores, como aún más tarde estas estrechas relaciones entre funcionarios y senado ejercieron siempre un papel importante y, a menudo, fatal.En los primeros tiempos, y precisamente hasta que los ciudadanos privilegiados empezaron a explotar su superioridad con una falta absoluta de escrúpulos —sea porque un cierto sentimiento democrático, fundado sobre la tradición, los inducía a observar ciertos límites, sea porque, corno es más probable, aún desconocían necesidades más amplias y los medios para satisfacerlas—, el pueblo, la multitud, aceptó gustoso ese régimen. El campesino romano estaba muy satisfecho de no tener que ocuparse directamente de cada proceso y asunto administrativo, por lo que concedía de muy buena gana a los funcionarios, senadores, caballeros, etc., las indemnizaciones materiales e ideales en cambio de sus prestaciones. Pero todo tiene sus límites. Cuando la casta dominante, surgida de la manera que hemos visto, se trocó en una camarilla aristocrática, empezando a explotar conscientemente y con éxito sus ventajas materiales; cuando, sin vacilación alguna, puso sus plenos poderes políticos al servicio de sus intereses económicos y transformó el uso en derecho, reglamentando el derecho público según la medida de sus veleidades de dominación, entonces debió empezar a cundir la oposición de la clase perjudicada, la plebe. El sentimiento de las injusticias, que los gobernantes perpetraban, debió ser tanto más vivo cuanto que la multitud presentía, aunque instintiva y confusamente, que por una prueba extrema de fuerza, el triunfo debía tocarle a ella en razón del número, siempre que el ataque fuera combinado y dirigido según un plan preestablecido. Iba preparándose una lucha grande y encarnizada para la dominación o la esclavitud.La llamada lucha de clases, es decir, la lucha, entre patricios y plebeyos, llena el período más antiguo de Roma en la extensión que nos es dado inducir de los conocimientos históricos, en cierta medida seguros, de los primeros siglos de la República. De cómo esa lucha se haya desarrollado en la época monárquica, no puede ser definido claramente por la inseguridad de las fuentes de información. Pero que el patriciado alcanzó, justamente bajo la protección de la monarquía, su posición predominante, ha resultado como lo más probable por la naturaleza misma del asunto. En el curso de la evolución la relación de las fuerzas debió seguramente desplazarse alguna vez. Algunas limitaciones del poder real, las que poco a poco lo redujeron a una sombra políticamente insignificante, nos revelan cómo el rey y la nobleza no procedieron siempre de perfecto acuerdo.El patriciado, como toda aristocracia, tendía a hacer de la monarquía un instrumento para "su propio" ideal político, oponiéndose de la manera más resuelta a las veleidades distintas del poder supremo. Ocurrió así que, para romper la resistencia de la nobleza, hubo acercamientos entre el rey y la multitud, lo que no impidió la victoria final del partido de la nobleza. Lo que se narra acerca del derrocamiento definitivo de la monarquía, no basta para darnos, ni siquiera en sus líneas generales, una clara representación de los acontecimientos. Los cuentos alrededor del soberbio rey Tarquino, que diezma a la nobleza con sentencias de muerte y decretos de expatriación y agobia a la plebe con trabajos forzados, como lo que se refiere de su hijo, aún más soberbio, Sexto, quien violenta a una dama romana, provocando por estos hechos la caída de la monarquía, la institución de la república y el juramento solemne del pueblo de no tolerar más un rey en Roma: todos esos cuentos pertenecen al arsenal de los romances históricos. Lo significativo es, por el contrario, que de la monarquía surgió una República enteramente aristocrática y que la plebe estaba profundamente descontenta con el nuevo orden de cosas.Inmediatamente después de la expulsión de los reyes, la tradición apunta la primera salida de la plebe ("secessio plebis") de Roma, por lo cual se debería deducir una cierta simpatía de la misma hacia la monarquía, sin que por ello se deba considerar los distintos hechos relatados por la tradición como verdadera historia . La tradición resume, también aquí, en algunos hechos el resultado de un largo desarrollo. Como ocurrió en Atenas según el informe de Aristóteles, hallado en 1889, también en Roma el cambio institucional no fue provocado por una improvisada y violenta revolución, sino que la monarquía fue despojada poco a poco de sus facultades por la instalación de otros poderes, hasta que no le quedaron más que algunas funciones religiosas. Dentro de estos límites, muy modestos por cierto, la monarquía se mantuvo, tanto en Roma como en Atenas, hasta las épocas más recientes.El traspaso del poder supremo de la monarquía a la nobleza significaba, indudablemente, para los plebeyos un perjuicio. También en este caso la tradición muestra justo sentido al hacer seguir el comienzo de la lucha de clases inmediatamente después del cambio de régimen. Esa lucha duró más de 150 años y terminó con la completa equiparación de los plebeyos. Por lo que se refiere a los detalles de la gran contienda, aquí también hay que tener en cuenta la incertidumbre de la tradición. Acontecimientos horripilantes y conmovedores, que debían magnificar y exaltar el furor y el espíritu de sacrificio de los bandos en pugna, han sido inventados en gran número por ambas partes. Sin embargo, aún dejando de lado todo lo que han imaginado la tradición familiar, la tendencia de partido y la vanidosa retórica de los historiógrafos posteriores, se pueden determinar algunos de los fenómenos de esa lucha, y, ante todo, es posible deducir los objetivos y fines de la secular contienda. Lo mejor será echar, en primer lugar, una mirada a la paz con que se concluyó esa lucha, porque así nos colocaremos sobre una base más firme, la que, a su vez, nos permitirá también un examen retrospectivo del camino recorrido hasta entonces.Como fecha de terminación de la lucha entre patricios y plebeyos se considera comúnmente el año 367 (a. J. C). En ese año fueron aprobadas las leyes propuestas por los tribunos de la plebe Cayo Licinio Stolo y Lucio Sextio Laterano . Aun cuando transcurrió bastante tiempo antes de que los patricios reconocieran también de hecho el nuevo estado jurídico, por la sanción constitucional de aquellas leyes el triunfo de la plebe estaba definitivamente asegurado y realizada la equiparación jurídica de las dos clases. No es posible que el contenido de esas leyes, en consideración de las circunstancias de aquella época, corresponda al que nos fue trasmitido. Los viejos esbozos eran muy breves y dan el contenido sólo en sus líneas más generales, de manera que la fantasía de los historiadores posteriores pudo encontrar amplio campo para su interpretación. Incapaces de representarse la situación del pasado lejano, dichos historiógrafos han transferido arbitrariamente las condiciones de su época a la lucha entre patricios y plebeyos. Pero no por eso hay que desechar toda la tradición por inservible, sino escoger los elementos realmente dignos de consideración y fe, buscando comprender el significado que ellos encierran.Las disposiciones de referencia son denominadas, en casi todas las narraciones, leyes licinias - sextias. Nadie —dícese en el primer punto— podrá explotar en su pro- vecho más de 500 yugadas (125 hectáreas) de tierras del Estado ("ager publicus"). Semejante disposición no concuerda, ciertamente, con la pequeña extensión que el territorio del Estado tenía entonces, como, en general, hay que admitir que el llamado "ager publicus" era en aquellos tiempos de dimensiones muy reducidas. Pero lo que debemos retener como cierto es que el problema agrario fue resuelto en forma satisfactoria para la plebe, es decir, que el privilegio de los patricios fue por este lado roto. Y, como en el campo económico, los patricios tuvieron que compartir con los plebeyos su posición, hasta entonces predominante, también en el político. Mientras la suprema magistratura de la república, el consulado, había sido accesible hasta entonces sólo a la nobleza, hasta renunciar a la elección de los cónsules para evitar el posible nombramiento de candidatos plebeyos, la plebe consiguió ahora el acceso al consulado. Más todavía: por una ley, votada entonces o poco después, se le aseguró uno de los dos puestos (1). En tercer lugar, los historiadores informan acerca de un alivio en el pago de las deudas: los intereses hasta entonces pagados debían ser descontados del capital y el resto de la deuda restituido a plazo en los años próximos. Evidentemente, esa disposición no significa otra cosa que la prohibición, con efecto retroactivo, de fijar intereses. Una cuarta disposición, por la que se impone a los grandes terratenientes el empleo, al lado de los esclavos, de cierto número de trabajadores libres, es recordada sólo por una fuente. Dadas las condiciones de entonces, no puede creerse como muy probable el que el proletariado haya querido asegurarse semejante sustento. Por lo demás, el trabajo de los esclavos no pudo haber tenido en aquella época gran importancia. Es, pues, evidente que el referido historiador fue inducido por la legislación social de un período posterior a atribuir aquella medida también a una época anterior.Sea cuál fuere, esas condiciones de paz nos indican que la lucha entre patricios y plebeyos tuvo carácter esencialmente económico. La admisión al consulado no está de ninguna manera en contra de esta afirmación. El consulado poseía entonces todo el poder ejecutivo, por lo cual la eficacia de las nuevas medidas económicas habría peligrado mucho, si su ejecución hubiese sido confiada exclusivamente a manos patricias. Una garantía verdadera para la estabilidad y duración de las conquistas económicas no se habría podido conseguir, si al mismo tiempo no se hubieran eliminado los privilegios políticos de los patricios.Ese contenido material, que hemos debido atribuir la lucha entre las dos clases por la naturaleza de la situación y las condiciones de paz que a ella pusieron fin, se ha mantenido en todo el transcurso de la lucha también según las tradiciones. El objeto constante de la magna contienda es la participación de los plebeyos en el "ager publicus", es decir, su pretensión de gozar de las mismas ventajas materiales de que gozaban los patricios en fuerza de sus privilegios políticos. Y éste fue un asunto común de todos los plebeyos, fueran ricos o pobres. La opinión, a menudo manifestada, de que los postulados económicos de los plebeyos pobres y los postulados políticos de los plebeyos ricos hubieran sido entonces juntados para unir a ambas partes en la lucha a favor de pretensiones diversas, presupone que capas acaudaladas no podrían presentar pedidos de índole económica. También los últimos perseguían fines esencialmente económicos, mientras que a los primeros, los plebeyos pobres, no les importaba tanto el acceso a los altos cargos públicos, como ver en estas posiciones a enemigos del patriciado. Pero también el desarrollo ulterior de esta lucha revela la aspiración de defender al pobre contra la prepotencia de los ricos, y aunque este punto interesaba en primer lugar sólo a los plebeyos más pobres, los dos objetos de la lucha —el económico y el político— estaban, sin embargo, indisolublemente unidos. Como opresores, los plebeyos ricos se diferenciaban sensiblemente de los patricios, estando éstos en condición de hacer efectivas sus pretensiones por el peso de su predominio político.La equiparación en el reparto de la propiedad común ("ager publicus") era, pues, el punto principal en los postulados plebeyos. Al apropiarse del poder político, los patricios se habían procurado también la facultad de disponer de los bienes públicos. En épocas anteriores tal facultad había pertenecido al rey, quien podía hacer uso de ella previa consulta o no de la Asamblea popular. Después de la supresión o limitación del poder real, fueron los cónsules los herederos de esa facultad, mientras las funciones de la Asamblea pasaron, con excepción de algunos casos determinados, al Consejo (Senado). Así que, por lo menos en el primer período de la República, la disposición sobre los bienes fiscales fue un negocio de factores puramente patricios, los cónsules el Senado; con el tiempo tuvieron, es cierto, participación en este negocio también los plebeyos, pero bajo disposiciones que limitaban esencialmente su influencia. A raíz del carácter agrícola de la Comuna romana, tal parcialidad tenía que ser sentida muy duramente por la parte plebeya, tanto más cuanto que los conceptos políticos estaban muy poco desarrollados y no se acostumbraba pensar más que en la ventaja inmediata y personal.Como hemos visto, la tierra, después de la disolución de las tribus, se había vuelto propiedad privada de las distintas familias, y eso ya en un tiempo en que la extensión del Estado era bastante limitada. Mas desde el momento en que los confines del territorio estadual empezaron a ensancharse progresivamente, debían determinarse cambios y desplazamientos también en las relaciones de posesión. Esas ampliaciones eran sólo raramente el resultado de convenios pacíficos, establecidos amigablemente con comunas limítrofes; en la mayor parte de los casos eran, en cambio, el producto de peleas encarnizadas, en las que estaban en juego la independencia, la libertad y hasta la existencia. Aunque en épocas más lejanas la población sometida, particularmente si pertenecía a la raza itálica, era ordinariamente acogida en la comunidad romana —ciertamente con derechos inferiores, plebeyos—, la tierra de los vencidos era considerada "a priori" propiedad del Estado romano, por lo menos hasta que no se hubiera tratado en Roma acerca de su destino. Hubo casos en que, como ocurrió en la segunda guerra púnica con los habitantes de la capital campana, Capua, se arrebató a los vencidos todo su territorio; mas esa medida cruel era empleada sólo en circunstancias particularmente importantes, pues es evidente que, si se quería acoger a los sojuzgados en la comunidad, no era ciertamente útil destruir previamente su independencia económica.[pagebreak]Por otra parte, no era tampoco posible dejar intacto el patrimonio de los vencidos. La guerra debía llevar a los vencedores algún éxito material, y éste, por la falta de concepciones políticas y económicas más elevadas, no podía consistir sino en un aumento de sus tierras. Normalmente, se limitaba el territorio de los sometidos a los . dos tercios de su extensión anterior, raras veces a la mitad. Sólo cuando la resistencia había sido particularmente tenaz y acompañada de pérdidas extraordinariamente graves para Roma, los triunfadores llegaban a posesionarse hasta de dos tercios del territorio enemigo. La tierra, tomada de esta manera, era luego ordinariamente entregada en propiedad a ciudadanos romanos, transformándose así de estadual en privada. La opinión según la cual las tierras quitadas a los enemigos quedaban propiedad del Estado y se entregaban sólo en arriendo a los ciudadanos, es errónea, pues esto sólo ocurrió mucho más tarde.Sea como fuere, lo cierto es que con el tiempo, y en aquellas condiciones, se presentaba como ineludible la necesidad del botín, si se quería mantener el viejo orden económico agrario en estado vital. De otro modo el aumento de la población hubiera conducido a tal despedazamiento de los lotes o propiedades rurales, que éstas no habrían podido nutrir ni siquiera a sus dueños. Por esta razón el campesinado romano opuso una resistencia tenaz a tal fraccionamiento, que amenazaba su existencia misma, y en su defensa no encontró otro medio mejor que la ilimitada libertad de testar, libertad que, en cuanto pueden comprobarlo nuestros conocimientos, había existido siempre en Roma. El agricultor tenía, así, el poder de mantener testamentariamente unida la propiedad fundamental y de contar con ella para' que por lo menos un heredero pudiese ser el continuador de la familia. El Derecho romano distingue a este heredero, que queda en posesión de los bienes del testador, y denominado "assiduus", de los demás, quienes gozan de los derechos civiles sólo por su calidad de descendientes de un ciudadano romano ("proletarii", de "proles" = descendencia), mientras que los derechos políticos del primero eran mucho mayores que los de los segundos . La situación de los proletarios tenía que ser en el Estado agrícola, en el que eran muy pocas las posibilidades de ganancias industriales y comerciales, excesivamente precaria, tanto más cuanto que ellos, siendo hijos de agricultores, estaban acostumbrados a trabajos exclusivamente rurales. Por lo tanto, si eran desheredados en favor de un hermano y tenían que abandonar la tierra de sus padres, perdían al mismo tiempo bienes, trabajo y renta, quedándoles sólo la posibilidad de entrar al servicio de extraños como siervos políticamente libres o como clientes. En ambos casos los proletarios tenían todos los motivos de quejarse amargamente por su mala suerte, y tanto más cuanto que veían a sus hermanos, más felices que ellos, dueños absolutos de la heredad paterna. Estas eran, pues, principalmente, las existencias, a quienes el Estado debía" proveer con el botín de guerra. Sí tal expediente, que debe ser procurado mediante tan grandes sacrificios como los que impone la guerra, puede realmente contribuir al bienestar y la paz de la comunidad, eso depende en primer término de la justa división del territorio conquistado. No es posible establecer hasta qué fecha esa división fue efectuada exclusivamente o prevalentemente por los patricios. Pero, aún admitiendo que el derecho de disposición pertenecía, desde los tiempo más lejanos, a la Asamblea popular, no por ello el reparto se efectuaba sin injusticias y parcialidades. No era posible ejercer imparcialmente semejante función en una época políticamente aún atrasada: una multitud soberana es menos apta para tales asuntos que una persona o una comisión consciente de sus responsabilidades. En la Asamblea popular cada uno pensaba en su propio interés. Si conseguía realizar sus pretensiones mediante la ayuda de grupos partidarios o conventículos, se sentía moralmente tranquilo y libre de reproches, a pesar de no haber tenido escrúpulos de ninguna especie. La responsabilidad pertenecía exclusivamente a la mayoría, frente a la cual el voto individual contaba muy poco.Otro inconveniente estaba en la propia naturaleza de la Constitución romana. La votación en la Asamblea popular era indirecta, es decir, no decidía la mayoría de los ciudadanos, sino la mayoría de los cuerpos ("centurias"). El pueblo votaba en 193 centurias, de las cuales 98, la mayoría absoluta, estaban asignadas a los ciudadanos de la primera clase, los "assidui". Aunque cuando esa organización fue creada, el número de los "assidui" correspondía a su posición cuantitativa en la vida pública, en el transcurso del tiempo la posesión de la tierra fue concentrándose, hasta que la nobleza pudo conseguir una votación decisiva en las 98 centurias, y, por lo tanto, en la Asamblea popular. Cuando, pues, en ocasión de la división de las tierras conquistadas, los cónsules y el Senado favorecían a sus compañeros de clase, las centurias aprobaban en seguida tales asignaciones. Por lo contrario, las propuestas de funcionarios iluminados y prudentes, que deseaban, por apego a la paz pública, satisfacer también los pedidos plebeyos, fracasaban ordinariamente por la resistencia de la misma Asamblea popular. Y era raro el caso de que en las centurias se propusiera algo en favor de los plebeyos, por cuanto sólo los cónsules, en aquella época patricios, podían presentar proyectos para la votación y no estaban por ninguna razón obligados a recibir consejos o imposiciones de otros miembros de la comunidad, y tanto menos de los plebeyos.Así el reparto de tierras, que habría podido y debido establecer el equilibrio social, llevaba consigo solamente materias inflamables y contribuía a enardecer los contrastes de clases. Cuando los proletarios eran hijos de familias patricias, sus compañeros de clase tratabanñor todos los medios de transformarlos en "assidui", en terratenientes, y posiblemente con una asignación de primera categoría, es decir, 20 jornadas de tierra cultivable Esto era absolutamente necesario para que la nobleza no corriera el riesgo de perder su influencia en la Asamblea de las centurias (Comitia centuriata). La colocación de los proletarios plebeyos estaba, en cambio, arreglada muy mal. La situación debía ser muy grave para que los potentados se decidieran a hacer alguna concesión. La extensión del lote era en estos casos muy pequeña, dado también el número muy grande de los aspirantes. En el gran reparto del territorio de Veji los lotes asignados parece que no superaban las siete jornadas, de modo que los nuevos propietarios fueron todos inscriptos en las 20 centurias de la cuarta categoría, políticamente las menos influyentes. También en ese caso razones políticas y económicas confluían a un mismo fin.Con el transcurso del tiempo los patricios llevaron la explotación de su predominio político a tal extremo, que del uso o, mejor dicho, abuso hicieron un derecho y declararon a su casta como la única fundamentalmente autorizada para ser dueña del "ager publicus". Ese punto de vista tuvo su expresión más irritante en el hecho de que cuando los proletarios patricios habían ya sido proveídos de tierra, si quedaban disponibles más parcelas, se prefería dejarlas abandonadas como tierras fiscales antes que entregarlas a los plebeyos. En este caso cada patricio tenía el derecho de tomar, como copropietario, en su administración lotes de esas tierras, mientras que tal "derecho de ocupación" no era admitido para los plebeyos. Es cierto que la Comuna podía exigir en cualquier momento la restitución de esas tierras, pero el copropietario - administrador, confiando en el amparo de sus compañeros de clase, sabía muy bien que aquella medida se tomaría sólo en casos de extrema necesidad. Hasta aquel momento el ocupante podía recaudar tranquilamente su renta, teniendo además el privilegio de no pagar impuestos territoriales. Esas tierras estaban, desde los tiempos más antiguos, exentas del impuesto sobre la renta. Sólo más tarde, cuando su ocupación fue admitida también para los plebeyos, el Estado empezó a reclamar parte de la renta. Esa forma de posesión fue entonces aún más provechosa, por el hecho de que a raíz de las guerras victoriosas con las cercanas ciudades etrus-cas, muy especialmente con Veji, los propietarios y ocupantes tuvieron la oportunidad de proveerse también de fuerzas de trabajo muy baratas en forma de esclavos. Mientras en épocas anteriores el gran terrateniente había debido adoptar el sistema del arrendamiento, ahora podía pasar a una explotación mucho más remuneradora. Aunque ni el sistema de ocupación, ni el trabajo servil podían ser muy difundidos en un territorio de 25 millas cuadradas —los informes posteriores reflejan en realidad la extensión de su época—, ellos también contribuyeron a agudizar bastante los contrastes de clase.A la multitud no le interesaba mucho en aquel entonces el "derecho de ocupación", dada su. exigua capacidad para una amplía explotación de la tierra. De ese derecho hubieran podido aprovecharse sólo los plebeyos más ricos. Para el ciudadano pobre y su clase podía ser útil solamente la asignación de pequeñas fracciones de tierra. La sistemática exclusión de los plebeyos de la participación en el "ager publicus" (tierras fiscales) tenía que arruinar cada vez más al pequeño terrateniente. La población iba creciendo, pero, por otra parte, aumentaba la extensión territorial en manos de los patricios. Los viejos plebeyos caían en situación cada vez más angustiosa, agravada por toda clase de accidentes, como guerras, malas cosechas, exceso de nacimientos, etc. La relación entre la tierra disponible y el número de los ciudadanos iba empeorando, así que muchos campesinos arruinados ya no podían quedarse con su gleba, viéndose obligados a enajenarla al vecino patricio. Así se transformaban en proletarios, no solamente en el sentido romano de la palabra, sino también en el sentido moderno.Como en la agricultura, los plebeyos tampoco podían competir con los patricios en la ganadería. Como en todas partes, especialmente en aquel nivel de cultura, los campos de pastoreo eran también en Roma propiedad de la Comuna. El principio fundamental, según el cual ésta pertenece sólo a los patricios, hacía imposible para los plebeyos el aprovechamiento de aquellos campos. En el comienzo la situación ha sido también aquí más de hecho que de derecho. Los rebaños cada vez más crecientes de los grandes terratenientes, custodiados por pastores atrevidos, que no se arredraban ante el empleo de la violencia, iban suplantando poco a poco a las cabezas de ganado de los pequeños agricultores, quienes no podían lanzarse a la lucha con el poderoso adversario patricio. Además, sus campos particulares eran demasiado pequeños para una cría algo provechosa del ganado, de manera que tampoco en esta dirección se vislumbraba algún camino de salvación para la capa de los pequeños agricultores.Las consecuencias de semejante calamidad agraria se hicieron sentir en medida muy alta. Antes que el campesino, para el cual más que para cualquier otro los conceptos de trabajo y propiedad se complementan, se decida a abandonar la tierra, busca por todos los medios aplazar la catástrofe, aun cuando la haya cien veces considerado como inevitable y el aplazamiento le acarree mayores privaciones y embarazos. Ante todo pide préstamos, y está dispuesto a aceptar todas las condiciones del prestamista, si por este medio puede procurarse alivio, aunque momentáneo. Lo que en este terreno ocurría en la antigüedad, no difiere en nada de lo que pasa hoy; al contrario, la terquedad del campesino romano encuentra apenas su igual en los tiempos modernos.Las condiciones del crédito eran muy distintas de las de hoy. El dinero ejercía en las relaciones de entonces una función muy modesta. Se empezó a acuñar moneda por primera vez durante las luchas entre las clases. Antes la población se había conformado con lingotes de cobre bruto y con el más viejo medio de cambio, propio de todos los pueblos pastores: el ganado ("pecus"). En un pueblo de pequeños agricultores, sin industria notable ni comercio exterior, era muy limitada la necesidad de dinero. Aun en época muy posterior era considerado un mal padre de familia el que adquiriera lo que se podía confeccionar en casa, por lo cual no sólo los medios de nutrición, sino también las vestimentas, calzados, etc., eran producidos casi exclusivamente por los consumidores mismos. En la situación del pequeño agricultor no podía tratarse al principio sino de créditos en especie. El campesino plebeyo recibía en préstamo de su vecino patricio rico semillas, ganado reproductor o de trabajo u otras cosas, y prometía restituir lo prestado en un plazo determinado, junto con una cantidad adicional. No se debe suponer que esa cantidad adicional fuera particularmente alta, usuraria; pero un accidente imprevisto y adverso —una epizootia, el granizo, una guerra—, colocaba al deudor en la condición de no poder satisfacer sus obligaciones. En este caso el pobre campesino lo pasaba muy mal, por cuanto el acreedor podía disponer de sus bienes y de él mismo a su completo antojo, sin que ningún poder del Estado pudiera intervenir. La legislación romana sobre las deudas era, desde el punto de vista humanitario, algo monstruoso. No tenía en cuenta ninguna consideración de orden personal; se basaba, en cambio, unilateral y exclusivamente, en principios materiales. El mínimo título de propiedad o posesión del acreedor valía mucho más que la existencia económica y hasta la vida del deudor insolvente. Es verdad que a consecuencia de esa concepción literal estaba perdida también la causa del acreedor, sí las constancias del procedimiento diferían, aunque en proporción insignificante, de la exposición de la misma. Empero, fundamentalmente, el deudor tenía que sufrir mucho por esa legislación, mientras que el acreedor podía, con un ñoco de precaución, evitar cualquier perjuicio.Que semejante derecho debitorial haya sido incluido en el Derecho territorial romano en su más antigua codificación, es una prueba harto elocuente de la forma y violencia de las luchas de entonces. Si el deudor se sentía satisfecho por la protección que tal codificación podía asegurarle contra los abusos, fácil es comprender cuál debía ser la situación anterior, cuando la crueldad de la ley era agravada por excesos arbitrarios.El antiguo Derecho territorial romano no conocía propiamente el concepto de préstamo. Antes bien, se estipulaba bajo la forma de compra. Quien grava su fundo, lo vende formalmente a su acreedor, de cuya buena voluntad depende que el deudor quede en posesión de su predio y prosiga su explotación. Sí el deudor devuelve el préstamo en la fecha convenida, rescata, por ese acto, del acreedor su anterior propiedad. Empero, esta es la forma más benigna, posible solamente si el deudor no ha perdido el derecho de propiedad por obligaciones precedentes. Pero, ¿qué ocurre cuando ya no está en condición de ofrecer tal garantía? Entonces el único objeto precioso que aún posee es su propia persona, su libertad, su vida. Y, realmente, en este caso el deudor vende, según el rígido derecho romano, en el acto de recibir el préstamo, su persona al acreedor. Si en el plazo establecido no está en condición de pagar el capital y los intereses, su persona pertenece de hecho al acreedor. El Derecho territorial contiene para esos casos una atenuante: el acreedor debe hacer conocer públicamente la situación apremiante del deudor y esperar 60 días si acaso se encuentre alguna persona piadosa que esté dispuesta a pagar la deuda. Transcurrido ese plazo sin resultado alguno, ya nada impedía al acreedor efectuar lo que la ley preveía. Podía disponer de la persona del deudor a su antojo: hacerlo trabajar como siervo en sus tierras o venderlo como esclavo en el exterior, en Etruria, porque en el interior del Lacio el latino nativo conservaba siempre su libertad política. Pero si el deudor era un hombre viejo, inservible, cuyas prestaciones no cubrían los gastos de sustento y de cuya venta no se obtenía suma alguna, el acreedor podía en ese caso hasta matarlo. Un deudor insolvente era considerado como una cosa cualquiera, lo que resulta muy claramente de esta singular disposición: habiendo varios acreedores, éstos tenían el expreso derecho de dividirse el cadáver del deudor. Sólo cuando los plebeyos hubieron conseguido la equiparación política, ese bárbaro derecho pudo ser eliminado por vía legislativa.De todo lo antedicho resulta, pues, que a raíz de la unilateralidad del sistema agrario, las condiciones de existencia para la gran masa de los plebeyos económicamente débiles debían volverse cada vez más desfavorables con el ensanche del territorio estadual. Y como circunstancia particularmente agravante hay que tener en cuenta el estado de guerra, en aquellos tiempos primitivos naturalmente más frecuente que en los períodos más sangrientos de la edad media. Después de lo que se ha dicho acerca de la favorable situación geográfica de Roma y de sus relativamente ricas fuentes de recursos, se comprende fácilmente que elvla suscitara continuamente los apetitos no sólo de los vigorosos pueblos de las montañas, sino también de los vecinos etruscos y hasta de los mismos hermanos latinos. El pequeño agricultor no podía, seguramente, hacer frente a tal estado de cosas, que amenazaba con arruinar hasta la existencia del rico terrateniente. Su campo era labrado durante la guerra muy deficientemente y al cabo asolado por los enemigos; además, tenía que contribuir a los gastos de guerra en proporción a la extensión de sus posesiones. Y como no todas las guerras resultaban victoriosas, no se podía conseguir siempre indemnización por los sacrificios hechos. La misma tradición romana, en muchos aspectos tan embellecida, admite una larga serie de derrotas.

3/6/08

Francisco de Goya y Lucientes


Los grandes genios son siempre difíciles de encasillar. Habitualmente, ellos marcan las pautas de un estilo concreto pero a veces, y es el caso de Goya, se desvinculan del estilo característico de su tiempo. Quizá la figura de Goya sea más atrayente por lo que supone de ruptura. Francisco de Goya y Lucientes nace en un pequeño pueblo de la provincia de Zaragoza llamado Fuendetodos el 30 de marzo de 1746. Sus padres formaban parte de la clase media baja de la época; José Goya era un modesto dorador que poseía un taller en propiedad y poco más, de hecho "no hizo testamento porque no tenía de qué" según consta en su óbito parroquial. Engracia Lucientes pertenecía a una familia de hidalgos rurales venida a menos. La familia tenía casa y tierras en Fuendetodos por lo que el pintor nació en este lugar, pero pronto se trasladaron a Zaragoza. En la capital aragonesa recibió Goya sus primeras enseñanzas; fue a la escuela del padre Joaquín donde conoció a su amigo íntimo Martín Zapater y parece que acudió a la Escuela de dibujo de José Ramírez. Con doce años aparece documentado en el taller de José Luzán, quien le introdujo en el estilo decadente de finales del Barroco. En este taller conoció a los hermanos Bayeu, muy importantes para su carrera profesional. Zaragoza era pequeña y Goya deseaba aprender en la Corte; este deseo motiva el traslado durante 1763 a Madrid, participando en el concurso de las becas destinadas a viajar a Italia que otorgaba la Academia de San Fernando, sin obtener ninguna. En la capital de España se instalará en el taller de Francisco Bayeu, cuyas relaciones con el dictador artístico del momento y promotor del Neoclasicismo, Antón Rafael Mengs, eran excelentes. Bayeu mostrará a Goya las luces, los brillos y el abocetado de la pintura. Durante cinco años permaneció en el taller, concursando regularmente en el asunto de la pensión, siempre con el mismo resultado. Así las cosas, decidió ir a Italia por su cuenta; dicen que llegó a hacer de torero para obtener dinero. El caso es que en 1771 está en Parma, presentándose a un concurso en el que obtendrá el segundo premio; la estancia italiana va a ser corta pero muy productiva. A mediados de 1771 está trabajando en Zaragoza, donde recibirá sus primeros encargos dentro de una temática religiosa y un estilo totalmente académico. El 25 de julio de 1773 Goya contrae matrimonio en Madrid con María Josefa Bayeu, hermana de Francisco y Ramón Bayeu por lo que los lazos se estrechan con su "maestro". Los primeros encargos que recibe en la Corte son gracias a esta relación. Su destino sería la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara, para la que Goya deberá realizar cartones, es decir, bocetos que después se transformarán en tapices. La relación con la Real Fábrica durará 18 años y en ellos realizará sus cartones más preciados: Merienda a orillas del Manzanares, El Quitasol, El Cacharrero, La Vendimia o La Boda. Por supuesto, durante este tiempo va a efectuar otros encargos importantes; en 1780 ingresa en la Academia de San Fernando para la que hará un Cristo crucificado, actualmente en el Museo del Prado. Y ese mismo año decora una cúpula de la Basílica del Pilar de Zaragoza, aunque el estilo colorista y brioso del maestro no gustara al Cabildo catedralicio y provocara el enfrentamiento con su cuñado Francisco Bayeu. Al regresar a Madrid trabaja para la recién inaugurada iglesia de San Francisco el Grande por encargo de un ministro de Carlos III. En Madrid se iniciará la faceta retratística de Goya, pero será durante el verano de 1783 cuando retrate a toda la familia del hermano menor de Carlos III, el infante D. Luis, en Arenas de San Pedro (Ávila), sirviéndole para abrirse camino en la Corte, gracias también a su contacto con las grandes casas nobiliarias como los Duques de Osuna o los de Medinaceli, a los que empezará a retratar, destacando la Familia de los Duques de Osuna, uno de los hitos en la carrera de Goya. Carlos IV sucede a su padre en diciembre de 1788; la relación entre Goya y el nuevo soberano será muy estrecha, siendo nombrado Pintor de Cámara en abril de 1789. Este nombramiento supone el triunfo del artista y la mayor parte de la Corte madrileña pasa por su estudio para hacerse retratos, que cobra a precios elevados. Durante 1792 el pintor cae enfermo; desconocemos cuál es su enfermedad pero sí que como secuela dejará a Goya sordo para el resto de sus días. Ocurrió en Sevilla y Cádiz y en Andalucía se recuperará durante seis meses; esta dolencia hará mucho más ácido su carácter y su genio se verá reforzado. El estilo suave y adulador dejará paso a una nueva manera de trabajar. Al fallecer su cuñado en 1795 ocupará Goya la vacante de Director de Pintura en la Academia de San Fernando, lo que supone un importante reconocimiento. Este mismo año se iniciará la relación con los Duques de Alba, especialmente con Doña Cayetana, cuya belleza y personalidad cautivarán al artista. Cuando ella enviudó, se retiró a Sanlúcar de Barrameda y contó con la compañía de Goya, realizando varios cuadernos de dibujos en los que se ve a la Duquesa en escenas comprometidas. De esta relación surge la hipótesis de que Doña Cayetana fuera la protagonista del cuadro más famoso de Goya: la Maja Desnuda. Pero también intervendrá en la elaboración de los Caprichos, protagonizando algunos de ellos. En estos grabados Goya critica la sociedad de su tiempo de una manera ácida y despiadada, manifestando su ideología ilustrada. En 1798 el artista realiza la llamada Capilla Sixtina de Madrid para emular a la romana de Miguel Ángel: los frescos de San Antonio de la Florida, en los que representa al pueblo madrileño asistiendo a un milagro. Este mismo año firma también el excelente retrato de su amigo Jovellanos. El contacto con los reyes va en aumento hasta llegar a pintar La Familia de Carlos IV, en la que el genio de Goya ha sabido captar a la familia real tal y como era, sin adulaciones ni embellecimientos. La Condesa de Chinchón será otro de los fantásticos retratos del año 1800. Los primeros años del siglo XIX transcurren para Goya de manera tranquila, trabajando en los retratos de las más nobles familias españolas, aunque observa con expectación cómo se desarrollan los hechos políticos. El estallido de la Guerra de la Independencia en mayo de 1808 supone un grave conflicto interior para el pintor ya que su ideología liberal le acerca a los afrancesados y a José I mientras que su patriotismo le atrae hacia los que están luchando contra los franceses. Este debate interno se reflejará en su pintura, que se hace más triste, más negra, como muestran El Coloso o la serie de grabados Los Desastres de la Guerra. Su estilo se hace más suelto y empastado. Al finalizar la contienda pinta sus famosos cuadros sobre el Dos y el Tres de Mayo de 1808. Como Pintor de Cámara que es debe retratar a Fernando VII quien, en último término, evitará que culmine el proceso incoado por la Inquisición contra el pintor por haber firmado láminas y grabados inmorales y por pintar la Maja Desnuda. A pesar de este gesto, la relación entre el monarca y el artista no es muy fluida; no se caen bien mutuamente. La Corte madrileña gusta de retratos detallistas y minuciosos que Goya no proporciona al utilizar una pincelada suelta y empastada. Esto provocará su sustitución como pintor de moda por el valenciano Vicente López. Goya inicia un periodo de aislamiento y amargura con sucesivas enfermedades que le obligarán a recluirse en la Quinta del Sordo, finca en las afueras de Madrid en la que realizará su obra suprema: las Pinturas Negras, en las que recoge sus miedos, sus fantasmas, su locura. En la Quinta le acompañaría su ama de llaves, Dª. Leocadia Zorrilla Weis, con quien tendrá una hija, Rosario. De su matrimonio con Josefa Bayeu había nacido su heredero, Francisco Javier. Goya está harto del absolutismo que impone Fernando VII en el país, así que en 1824 se traslada a Francia, en teoría a tomar las aguas al balneario de Plombières pero en la práctica a Burdeos, donde se concentraban todos sus amigos liberales exiliados. Aunque viajó a Madrid en varias ocasiones, sus últimos años los pasó en Burdeos donde realizará su obra final, la Lechera de Burdeos, en la que anticipa el Impresionismo. Goya fallece en Burdeos en la noche del 15 al 16 de abril de 1828, a la edad de 82 años. Sus restos mortales descansan desde 1919 bajo sus frescos de la madrileña ermita de San Antonio de la Florida, a pesar de que le falte la cabeza ya que parece que el propio artista la cedió a un médico para su estudio.

7/5/08

¿QUÉ PASÓ CON LA NORMALIZACIÓN DEL JOAQUÍN?:


¿QUÉ PASÓ CON LA NORMALIZACIÓN DEL JOAQUÍN?: LA CONSTRUCCIÓN Y TRANSMISIÓN DE LAS MEMORIAS EN UNA INSTITUCIÓN EDUCATIVA. UN CASO: EL CENTRO DE ESTUDIANTES (1)
Por Maximiliano Molocznik (2)


INTRODUCCIÓN
El fenómeno de la democratización de la vida institucional del Instituto Superior de Formación Docente Dr. Joaquín. V. González no ha sido, curiosamente, objeto de análisis ni de abordajes, aún cuando se cumplen este año once años de sucedido. Sin embargo el tema pareciera que vuelve a cobrar alguna vigencia por la difusión pública que se le ha dado en los medios de prensa a la gran cantidad de actividades y eventos a desarrollarse con motivo de la celebración del centenario de la institución. En mi doble condición de investigador que intenta analizar algunos aspectos de ese proceso y como protagonista del mismo, trataré de dar cuenta no sólo de los hechos generales (teniendo la posibilidad de observar algunos de los cambios y las distintas versiones que circulan en el espacio público colectivo) sino también del aporte específico del movimiento estudiantil al proceso de normalización junto con algunos conceptos teóricos y categorías de análisis que lo enriquezcan y dejen abiertas las puertas a futuras investigaciones sobre el tema. Las observaciones que siguen, por lo tanto, están en sintonía con esta doble condición, y deben ser vistas más como un planteo de problemas a resolver que como una propuesta concreta de alternativas para un cambio de la situación actual.Este es un texto que comencé a escribir hace varios años, al poder evaluar con “mayor distancia” los hechos en los que participé tan activamente y que, tal vez, terminaré de escribir definitivamente algún día. El objetivo mayor de este trabajo será aportar un rescate y un balance a través del cual, a pesar del afecto que siento por muchos de los protagonistas de esta historia, señalaré críticamente sus limitaciones. El rescate no puede presuponer ni la hagiografía ni la complacencia. No me gustan las apologías sin mediaciones y creo que es un deber para quien escribe Historia tratar de encontrar un equilibrio entre una producción panegírica, divulgadora y autoreferencial y otra académica, simplemente descriptiva y supuestamente “neutral”. De ese margen estrecho tratará de hacerse cargo este texto y no podrá entonces superar, como dije antes, su vicio de origen: fragmentariedad y provisoriedad.Pienso que las situaciones que intentaré mostrar a partir de este caso podrán ayudarnos a pensar las vías para instalar un abordaje serio y útil de nuestro pasado institucional, a la par que aporte elementos de actualización a los alumnos y profesores que hoy tienen la responsabilidad de llevar adelante la gestión de nuestro profesorado.

¿CÓMO SE CONSTRUYE LA MEMORIA?

Aceptando la idea cardinal de que el objetivo del presente trabajo es ofrecer herramientas para pensar y analizar las presencias y sentidos del pasado, es que debemos plantear a modo de marco teórico referencial las tres premisas centrales para un estudio de la memoria. En primer lugar entender claramente a la memoria como un proceso subjetivo, anclado en experiencias, en marcas simbólicas y materiales. En segundo lugar, tener claro que la memoria es un objeto de disputa, de conflicto y de lucha, lo cual apuntará a prestar atención al rol activo y productor de sentido de los participantes de esas luchas, enmarcados en relaciones de poder. Tercero, “historizar” las memorias, o sea, reconocer que existen cambios históricos en el sentido del pasado, así como en el lugar asignado a la memoria en diferentes sociedades, climas culturales y espacios de luchas políticas e ideológicas. Sin embargo, es importante establecer un hecho básico: en cualquier momento y en cualquier lugar, es imposible encontrar “una” memoria, “una” visión y “una” interpretación del pasado, compartida por toda una sociedad. Puede encontrarse en determinados momentos de la historia mas o menos consenso alrededor del “libreto único” sobre el pasado. Siempre habrá otras historias, otras memorias e interpretaciones alternativas operando en las “catacumbas”. (3)La memoria se construye entonces en un escenario de confrontación y lucha entre actores con diversas narrativas contrastantes sobre un determinado hecho o proceso. Resultará muy útil en este caso en particular prestar atención a la relación entre historia y memoria ya que este trabajo se basa, fundamentalmente, en testimonios y vivencias “en tensión” de los que fuimos protagonistas. Como han demostrado recientes investigaciones sobre la memoria en la Historia reciente argentina(4) siempre hay una lucha política acerca del sentido de lo ocurrido, pero también acerca del sentido de la memoria misma. El espacio de la memoria, al ser un espacio de lucha política, muchas veces fue concebido bajo los términos de luchar contra el olvido, es decir, recordar para no repetir. Creo que cabría colocar un matiz frente a esa afirmación y plantear que ese tipo de memoria “contra el olvido” o “contra el silencio” en realidad esconde una oposición entre dos memorias rivales (cada una con sus propios olvidos). En realidad sería más conveniente hablar de “memoria contra memoria”(5).Aceptando estas limitaciones derivadas de este escueto marco conceptual pasaré ahora a relatar los hechos, con la mayor honradez de la que pueda disponer, pero esperando ansiosamente que otras memorias escapen al campo privado y puedan, a partir de una confrontación con este trabajo, salir a la superficie recuperando así el concepto de “polémica historiográfica” que pareciera ser “perro muerto” en los debates teóricos e históricos actuales, subsumidos en la paralización del debate político e ideológico que trae consigo esta posmodernidad periférica y neoliberal, de la que todavía no hemos podido salir.

LOS ANTECEDENTES

No en vano se ha afirmado que el Joaquín es, entre los otros Institutos Terciarios, no solamente el más importante sino también el más politizado. La política y la confrontación ideológica han sido constantes en el instituto desde principios de la década del 70 acompañando las distintas coyunturas de lucha y resistencia del movimiento estudiantil y la situación política del país en general.Sabemos que la Dictadura Militar desapareció a compañeros del instituto(6) y que, a pesar del retorno de la democracia en 1983, el clima de la acción política mantuvo signos de violencia más o menos larvada. El primer antecedente concreto con el que contamos para verificar este planteo es la destrucción del local del Centro de Estudiantes por un comando de ultraderecha en Octubre de 1986. Comandado por un frente radical- peronista desde 1983, el movimiento estudiantil había dado los primeros pasos en búsqueda de la normalización acompañando el proceso general que se vivía en el país a partir del final de la Dictadura Militar. Estaba organizado el cuerpo de delegados y el rectorado acompañaba este proceso. En la noche del 21 de Octubre un comando nazi rompió las carteleras de todas las agrupaciones políticas, ingresó al local, destrozó casi toda la documentación y pintó en las paredes consignas como “mueran los bolches”, “viva el Fuhrer” y “Hitler vive”. Al mismo tiempo comenzaron a amenazar de muerte a algunos militantes estudiantiles dejándoles avisos en sus propios cuadernos y luego a través de llamados telefónicos y seguimientos desde automóviles. Angélica Torreano, entonces delegada de curso y una de las amenazadas declaró: “Lo mío fue bastante raro, me amenazaron apenas dos semanas después de haber empezado a militar. No me conocía nadie. Me dejaron una nota en una carpeta. A los dos días llamaron por teléfono a mi casa. No se me ocurre cómo pudieron haber tenido acceso a él. Creemos que actúan en combinación con otro grupo de afuera”(7) . El grupo que firmó las pintadas se identifica como C.I.2 y advertían que por el momento se conformaban sólo con destruir el local, pero que en adelante pasarían a la acción directa. Según algunas versiones de la época este grupo operaba desde el Colegio Mariano Moreno, que se encuentra en la planta baja, y con el aval de uno de los vicerrectores, lo que les abría facilitado el ingreso ya que en las puertas no había signos de violencia. Entraron con las llaves que alguien les facilitó. Llamó la atención también que las autoridades policiales no accedieran a recibir en una primer instancia la denuncia y accedieran a ello sólo cuando la presión fue insostenible calificando el hecho como de “poca monta”(8). Gustavo Krimker, integrante de aquel centro de estudiantes, declaró: “Lo que persiguen es que los estudiantes no lleguen a ser un factor de decisión importante en el profesorado. En esto estamos de acuerdo con muchísimos profesores; lo que pasa es que quedan sectores muy reaccionarios, resabios de la dirección del Joaquín. V. González durante el proceso”. Resulta llamativa la pervivencia de estos grupos ancestralmente reaccionarios que se harán visibles nuevamente durante el proceso de normalización de 1993 y, años después, en una cobarde agresión antisemita contra la profesora Viviana Kleinman. Todas las críticas de los estudiantes apuntaban al profesor López Raffo por su relación con la Asociación Cooperadora y la licitación para instalar un negocio de fotocopias(9). Desde lo institucional no tardó en llegar el máximo repudio a este hecho a través de una declaración del por entonces vicerrector normalizador, Henry Arnoldi, quién no dudó en calificar el hecho como un “retroceso para la vida democrática”(10) .Los últimos años de la década del ‘80 vieron sucederse varios intentos fallidos de normalización que fueron esmerilando las distintas conducciones del Centro de Estudiantes. En 1989 y habiendo cargado la mayor cuota de desprestigio sobre sus espaldas (pese a haber conducido el Centro de Estudiantes en alianza con la Juventud Peronista) se produce la retirada de Franja Morada del instituto. Este proceso no puede dejar de ser visto en su contexto nacional. Recordemos que ese fue el año del dolarazo, los saqueos y la retirada, también anticipada, del radicalismo del poder nacional antes de finalizar su mandato. Esta nueva coyuntura política da origen a lo que daré en llamar “el bienio peronista”, es decir, el período comprendido entre 1989 y 1990 en el que la Juventud Peronista Terciaria, una agrupación de gran trayectoria institucional y con militantes reconocidos (algunos de ellos habían participado en la lucha política y armada en la década del 70), se hace del poder y controla el Centro de Estudiantes. Este es un período bastante interesante y poco estudiado dentro del historia del Joaquín que nunca había sido demasiado tolerante con el peronismo a lo largo de toda su existencia y viendo llegar a cargos directivos, aparentemente sin sobresaltos, a hombres que no ocultaban su filiación justicialista como el profesor Rodolfo Varela y el profesor Carlos Guitián, a la postre, último interventor normalizador. Pocos datos tenemos y nada hay aún escrito sobre los motivos que llevaron a este nuevo bloque a una crisis inusitada y al posterior vacío de poder en el que quedó sumido el centro a partir de 1991. Sólo podemos ofrecer algunas conjeturas que surgen de charlas personales mantenidas por mí con algunos de los viejos militantes de la J.P. que no deben ser tomadas como fuentes inobjetables sino como pistas para ser profundizadas en otro estudio. La J.P. en pleno había acompañado la campaña electoral de Carlos Menem basada en slogans muy atractivos tanto para los jóvenes peronistas de fines de los ‘80 como para los viejos militantes de los ‘70: Salariazo, Revolución Productiva, Justicia Social y otros que habían logrado galvanizar un apoyo sin fisuras de parte de la J.P. del Joaquín para con el candidato riojano, siguiendo en esto también las tendencias evidenciadas en el seno del Movimiento Nacional Justicialista en el ámbito nacional. El abandono de estas posturas por el incipiente menemismo y su giro copernicano hacia posiciones liberales, reorientadas al mercado y a la alianza con los sectores del capital financiero concentrado abrieron una brecha infranqueable entre aquellos que acompañaban el “aggiornamiento” y los que se mantuvieron fieles a las banderas históricas del peronismo. Como tantas otras veces en la historia argentina contemporánea, la institución, en este caso el Centro de Estudiantes, quedó preso de las disputas de las facciones en pugna. No son menores los argumentos simbólicos(11) esgrimidos por algunos de los protagonistas para graficar la ruptura. Esta crisis interna puede rastrearse en los cambios de nombre de la agrupación que adoptó el de Arturo Jauretche, antes de la fisura y el de Leopoldo Marechal, luego del estallido. Esta situación derivó en un acontecimiento inusitado en la historia del centro: sus autoridades lo abandonaron en masa dejando acéfala la comisión directiva y desprovisto de conducción al movimiento estudiantil a fines de 1990. Como ocurre siempre, y los que hemos participado en política lo sabemos muy bien, los espacios que no ocupa uno, los ocupan los demás. El M.A.S (Movimiento al Socialismo) fue, sin lugar a dudas, uno de los partidos políticos más dinámicos en el amplio conglomerado de las fuerzas de izquierda en la década del ‘80. Siempre habían estado presentes a través de la J.S. (Juventud Socialista) en la vida política del centro, aunque opacados electoralmente por radicales y peronistas, habían mantenido una estructura pequeña pero muy cohesionada en lo ideológico y muy activa en tareas de agitación y propaganda. El otro sector, también pequeño pero muy bien organizado provenía del P.O. (Partido Obrero) y contaba entre sus líderes con Claudio Monti(12) , alumno de 4to año de la carrera de Historia. Dos episodios centrales de ese año 1991 permiten ver con mayor claridad la influencia del troskismo en la conducción del centro: el lanzamiento de las cátedras paralelas en el Departamento de Historia y la necesidad de reinstitucionalizar el centro luego del abandono de cargos de la gestión peronista. Con respecto al primer punto cabe destacar que al calor de las movilizaciones estudiantiles, acompañadas por un sector de los docentes, se le hizo imposible soslayar a la intervención la necesidad de contar con un instrumento eficaz y democrático que se transformara en un canal ágil para resolver los problemas de la carrera. La Intervención tenía claro que si este intento fructificaba le iba a resultar imposible detener el proceso de normalización general. El Prof. Guitián, creyendo que se podía tapar el sol con las manos, impulsó una elección antidemocrática del Jefe del Departamento de Historia que fue masivamente repudiada por los estudiantes que se movilizaron entrando en contacto con los compañeros de Cs. Naturales y de Castellano ampliando la discusión sobre el cogobierno. Haciendo gala de ciertas prácticas patoteriles el Prof. Guitián desafío “a las trompadas” a Claudio Monti para resolver sus diferencias luego de declarar ilegal al centro y considerar como “usurpadores” a las autoridades que ejercían la conducción, pues no habían sido elegidos. Ese era el tenso clima en el que desarrollaban los hechos. Ahora bien, ¿cuáles eran los puntos en discusión?. Nadie podía dudar, a esa altura, la necesidad de normalizar sólo que los distintos actores operaban de acuerdo a sus convicciones ideológicas unos y proyectos políticos continuistas los otros. Cuento con un documento de la época que permite entender las coordenadas ideológicas alrededor de las cuales giraba el proyecto de la J.S. del MAS. Es la fundamentación para el proyecto de cogobierno del Departamento de Historia en el que se especifican las tareas a encarar “... defender la Educación Pública y su carácter estatal y gratuito de este plan (económico) que no abarca sólo la enseñanza pública sino que es parte de una ofensiva contra el movimiento obrero y el pueblo trabajador, sus salarios, sus conquistas sociales, entre ellas la salud y la educación. La única forma de enfrentarlo es luchando contra las diversas expresiones políticas e ideológicas y las instituciones del sistema (...) La división de claustros es un anacronismo. Contra la falsa conciencia de status proponemos: una persona, un voto. Pensamos que la Asamblea debe ser la máxima autoridad de la Comunidad Educativa con la atribución de introducir y votar proyectos en el cogobierno, revocar mandatos y modificar en parte o en su totalidad su estatuto”(13) . Paridad docente- estudiantil y régimen asambleario, he ahí las ideas cardinales del MAS. Será en torno a estos conceptos sobre los que girará la polémica en los dos siguientes años. Conscientes de la necesidad de dotar al centro de nuevas autoridades se convoca a elecciones para el mes de Octubre siendo electos por un año(14) Claudio Monti como presidente y Verónica Pena, del departamento de Castellano, como vicepresidente. Es necesario reconocer que la gestión de Monti, si bien plagada de escándalos, estuvo a la altura de las circunstancias y del contexto histórico en el que le tocó actuar. Enfrentado a pleno con la intervención que aún después de ser electo no le recibía las notas, aislado de los otros grupos de la izquierda que lo catalogaban como un “exótico con desviaciones pequeño-burguesas”(15) y sin dialogo con el cuerpo de profesores, cumplió sin embargo una tarea fundacional: reorganizó toda la documentación del centro y estuvo presente siempre durante su año de gestión en las distintas instancias en las que discutieron los proyectos de cogobierno. Fue muy importante también su actitud de garantizar un proceso electoral limpio y entregar la conducción del Centro a la administración siguiente electa en septiembre de 1992.Otro de los momentos de tensión política que se vivieron ese año fue cuando en octubre la Agrupación Descamisados(16) organizó en el hall del instituto un acto de recordación del militante peronista Ricardo Rodríguez Saa, conocido con el apodo de “Lobito”, quien fuera asesinado misteriosamente el 4 de octubre de 1991 en la esquina de Aráoz y Aguirre. En ese acto se denunció tanto a la policía(17) como a propios ex miembros de la organización(18). La presencia de los patrulleros policiales le imprimió a la situación un tenso dramatismo que no llegó a mayores por la decidida colaboración de algunos docentes que evitaron un casi seguro enfrentamiento con las fuerzas de seguridad. Los dos años siguientes serán también muy ricos en acontecimientos similares.

LA NORMALIZACIÓN

El bienio siguiente fue, tal vez, uno de los más movilizados que recuerde la historia del Centro de Estudiantes. El menemismo, en el auge de su poder, impulsaba una Ley Federal de Educación que intentaba “colocar en caja” al sector educativo que, en su gran mayoría, era antimenemista. Por otra parte, y al calor de los primeros éxitos del Plan de Convertibilidad (control de la inflación, aumento del PBI, llegada de inversiones extranjeras para privatizaciones y acceso al crédito), la clase media, históricamente defensora de la educación se olvidó del tema y se dedicó a una fiebre de consumos y viajes por el exterior. Los sectores populares fueron encuadrados en el modelo a partir de la estabilidad de precios y el clientelismo político y como la mayoría de ellos no accedían a lugares de estudio como el Joaquín V. González, el tema no figuraba en la agenda pública. Intramuros la cosa era muy distinta ya que el “microclima” se recalentaba cada vez más por la miopía política de Guitián, la anomia institucional y la radicalización política e ideológica del sector que conducía el centro espantando al segmento reformista de los estudiantes, a los sectores medios progresistas que no podían entender cómo se discutían sólo consignas internacionalistas frente a los problemas concretos del instituto dando pasto a los sectores de derecha que veían al centro como instrumento político del los “bolches” para “aparatear” todo el profesorado. Nadie puede, honradamente, desmerecer el aporte de los compañeros del MAS y el PO en el año 1991 frente a la debacle producida por el abandono del centro por parte de la gestión peronista. Nadie puede negar su compromiso fuerte con las luchas de ese momento ni el mérito de haber reinstitucionalizado el centro con trabajo horizontal, honesto y democrático. Sólo que la “agenda” del nuevo año había cambiado y el movimiento estudiantil y sus luchas por cátedras paralelas y elecciones del centro planteaban cuestiones más profundas de orden institucional que no se resolvían con el “consignismo” ni el “luchismo” de los sectores más radicalizados ni apelando a la vulgata trotskista de los manuales. La realidad era más compleja que lo postulado en el manual. En ese contexto se produce el ingreso de una nueva camada de estudiantes que serán, junto a los ya mencionados, los grandes protagonistas del proceso de normalización y de la sanción del Reglamento Orgánico. Sería muy largo y prácticamente imposible mencionar a todos los protagonistas(19) así que nos contentaremos sólo con aquellos que se transformaron en referentes de sus propias agrupaciones, quedando esta reconstrucción a cargo de quién quisiera profundizarla con nuevas investigaciones. El peronismo había visto llegar a la jefatura de su agrupación a Pablo Gennaro, estudiante de 4º año de Cs. Económicas que había participado en segundas líneas en la gestión peronista anterior y se vio favorecido por el abandono de los cargos que hicieron sus propios compañeros y por sus propias condiciones intelectuales(20). Alejandro Garfagnini, proveniente de otro ámbito(21) y con otro linaje político(22), se transformó en su inseparable compañero de ruta aportando lúcidos análisis en las discusiones que mantuvimos en el seno de la Comisión Directiva del Centro en las que, pese a nuestros desacuerdos, veíamos en él un compañero muy bien formado y muy “ducho” en las lides de la construcción política y el “poroteo”(23) . El MAS contaba con uno de los cuadros políticos mejor formados con los que he tenido oportunidad de conversar alguna vez en mi vida: Eduardo Martedí(24), sin lugar a dudas el alma mater de la agrupación, su conductor y guía teórico. Siempre fielmente acompañado por su sobrino David Martedí, que no poseía los mismos talentos que su tío pero era un luchador infatigable y por un grupo de entusiastas seguidores que bregaban por la revolución socialista(25) . El tercer grupo, nucleado en la Agrupación 10 de Julio, heterodoxa reunión de sectores muy diversos políticamente(26), pero convencidos de la necesidad de superar el bipartidismo imperante en el centro desde 1983(27) , estuvo conducido por uno de los cuadros más formados y más perniciosos que ha dado la historia del Centro: Gabriel Mussio(28). Sin lugar a dudas, este personaje dotado de una impresionante capacidad de gestión política será clave a la hora de entender los hechos que se sucederán en 1993. En este clima de alto voltaje ideológico se lanzó la campaña política para la renovación de autoridades del centro. El puntapié inicial lo dio la 10 de Julio con una enorme volanteada bajo la consigna: “¿Por qué la democracia no entró al Joaquín V. González?”. El segundo momento álgido de la campaña se produjo cuando el 16 de septiembre la 10 de Julio desplegó una inmensa pancarta que decía: “El 23 de Septiembre decíle no a: la intervención que no es más que una delegación de Menem-Cavallo en el Instituto, la municipalización que implica la desjeraquización de nuestras carreras, a la derecha reaccionaria que en su momento abandonó el Centro, a la izquierda dogmática que sólo se queja y tampoco hace nada. Votá Agrupación 10 de Julio”(29) .Lógicamente, la reacción no se hizo esperar, y provino de la JS-MAS que salió con un duro volante en el que describía la existencia en el INSP de cuatro partidos “... los radicales que desaparecieron del profesorado porque se quemaron apoyando al rectorado radical en el 88. Alfonsín dio un presupuesto (educativo) más bajo que el proceso. En el senado votaron por unanimidad la ley (de educación) de Menem. En diputados votaron la ley “reformada”, tan privatista como la otra. Desde la FUA desmovilizaron a los estudiantes universitarios. Aplican el ajuste de Menem. Los socialistas rosados(30) o socialistas gorilas... son como los radicales pero con menos votos. Los peronistas, como Menem, hundieron varias veces al centro de estudiantes. Tanto oficialistas como “rebeldes” votaron la ley reformada en el parlamento. La “luchadora” Mary Sánchez dividió y desmovilizó a la comunidad educativa y aplaudió cuando los diputados votaron la ley privatista. En el Instituto hicieron campaña a favor de Ctera y Suteba en contra de que nos organicemos democráticamente para luchar (...) Son tan democráticos como Menem y Lorenzo Miguel”(31) . La conclusión era, pues, taxativa: con esa gente no se puede. En una construcción discursiva apologética y binaria vemos entonces que la única solución pasa por ponerse “en la vereda de enfrente” y atacar al “parlamento burgués”, a la “burocracia carnera” y a los partidos políticos que hundieron al país”. Ya que en el Instituto había cuatro partidos, tres listas, pero sólo dos políticas la JS llamaba a sumarse a los socialistas revolucionarios que “estamos siempre y no solamente cuando hay elecciones. En las asambleas, en las marchas, en los cortes de Rivadavia, en las huelgas, vos nos viste, vos nos conocés la cara. No hacemos slogans electoralistas ni promesas. No te llamamos a confiar en los “regalitos” de los parlamentarios porque te proponemos una perspectiva: la movilización y la lucha, con un programa, y gente que da la cara y se postula para llevarlo adelante. Tenemos propuestas y planes serios, no frases hechas para el marketing electoral”(32). Cabe destacar el interesante aporte hecho a la discusión política en ese momento, en un tono más serio y reflexivo que el de la agresión de la campaña, por la revista del MAS “El Trapo Rojo”(33), que fue la primera en denunciar el proyecto curricular para la transformación docente continua (PCTDC)(34) en una entrevista que le realizara Eduardo Martedí a la Lic. Ana María Rocchietti, profesora de la casa, en la que se anticipan las “líneas maestras” de esa sospechosa propuesta ministerial que, curiosamente, volvería a ser defendida ante el centro de Estudiantes por la profesora Cristina Armentano, menos de un año después y rechazada por toda la comunidad estudiantil, ya en camino a la normalización. Los días previos a la elección del 29 de Septiembre fueron muy movidos ya que cada una de las tres agrupaciones ponía en juego su mejor estrategia para ganar la elección y hacerse del poder. Mientras la JS-MAS continuaba la campaña de desprestigio sobre sus oponentes y se jactaba de ser la “vanguardia” que conduciría a las huestes del Joaquín a una hipotética situación de gimnasia revolucionaria, que sólo existía en sus más afiebradas y equívocas caracterizaciones de la realidad, la lista 14, el peronismo, ahora llamada Frente Terciario Nacional y Popular, apelando a la experiencia electoral de algunos de sus miembros en otras lides, no perdía el tiempo en “fuegos de artificio” ideológicos y se ocupaba de mover la estructura (que siempre fue muy fuerte y organizada, sobre todo en los departamentos de Cs Naturales, Cs Económicas y Matemática) para garantizar participación electoral. La 10 de Julio, por su parte, sin acertar de entrada a visualizar el poder movimientista y electoral de la lista 14 se enfrascó durante algunos días en una agresiva campaña contra el MAS, confundiendo al rival a vencer y desperdiciando días importantes en chicanas(35) para con un grupo, que si bien era numeroso, organizado y con una ideología clara, electoralmente no tenía el mismo peso pues era “despreciado” por los sectores medios del Instituto que eran mayoritarios. Rectificados esos errores en el plenario del 20 de Septiembre(36) la 10 de Julio se reorientó a difundir su propuesta y a cautivar a un sector del estudiantado que siempre se había mantenido al margen de la vida política del centro y era, sin embargo, el más numeroso del Joaquín: el departamento de Inglés(37). Con respecto a lo primero los tópicos más importantes del discurso de la agrupación fueron sintetizados en un volante que comenzó a circular entre el 26 y el 27 de Septiembre donde se planteaba “la defensa irrestricta de la educación pública y estatal, normalización y concursos docentes por oposición y antecedentes, cogobierno en todas las carreras, participación estudiantil en programas y planeamiento educativo. No a la municipalización. Creación de un departamento de video y una editorial estudiantil.”El proceso electoral, como dijimos, tuvo un alto voltaje siendo el triunfo final para la 10 de Julio por un escaso margen de votos (apenas veintisiete sobre un total de mil cien votantes). Fue consagrada la fórmula Gabriel Mussio, presidente y Miguel Pol, vicepresidente. Tres cargos fueron también ocupados por la misma agrupación(38), dos por la Lista 14 y dos para Juventud Socialista. Estas cifras demuestran no sólo el reparto de la torta de poder sino la consolidación, por la vía electoral, de los tres proyectos en pugna que se dirimirán en el transcurso del agitado 1993.Sin embargo no todo eran elecciones en el Joaquín. La vida cultural y artística del instituto, siempre variada y multiforme, había comenzado a adquirir ribetes de verdadera “apertura” por sobre el clima opresivo que emanaba de la gestión Guitián. Ciclos de conferencias, presentaciones de libros, ciclos de debate sobre autores y revistas literarias componían ese abigarrado pero heterogéneo “clima cultural” que los más versados se animaron a comparar con la primavera alfonsinista del 83(39). Un ejemplo claro de este clima lo podemos dar con la revista Escape en la que ya podemos ver, desde el primer número, cristalizado este momento histórico. La apuesta de la revista es heteróclita, audaz e interesante: Baudelaire y textos de denuncias sobre la represión policial, textos ficcionales, más poesía y denuncias políticas le dan a la publicación gran prestigio y popularidad en los corrillos literarios aún a pesar de la juventud e inexperiencia de los autores(40).La vocación de participación y democratización institucional se comienza a extender como una mancha de aceite impulsada tanto por el clima descrito en los párrafos anteriores como por la miopía política del la Intervención que pretendía tapar “el sol con las manos”. Esto se ve reflejado en la agresividad con la cual la rectoría intentó boicotear las Jornadas organizadas por el departamento de Historia- siempre un ariete contra el totalitarismo de Guitián durante la semana del 5 al 9 de Octubre, sin lograrlo. Con la presencia de centenares de estudiantes y profesores, de distintas ideologías(41), la asamblea logró sesionar y resolvió “Convocar a una reunión de docentes y estudiantes el próximo viernes 16 de Octubre a las 19 hs para conformar una comisión encargada de unificar las propuestas de organización del departamento sobre la base de los proyectos prexistentes, a saber:a. Proyecto elaborado en la reunión departamental del 4 de Setiembre próximo pasado. b. Proyecto de co-gobierno estudiantil presentado por la lista dos (JS-Mas). c. Proyecto de co-gobierno estudiantil presentado por las listas diez y catorce.Se invita a las autoridades a concurrir a esta reunión”(42). Como se ve claramente, el bloque democratizador estaba armado y, aún existiendo distintos proyectos ideológicos en el seno del mismo, los días de la intervención estaban contados. Luego llegaría el momento de definir la correlación de fuerzas dentro del bloque y discutir sobre hegemonía y sobre qué concepto de democracia se manejaba en el imaginario tanto de cada uno de los actores sociales como dentro de las subpartes del bloque.

1993: EL AÑO QUE VIVIMOS EN PELIGRO

Ni la finalización del ciclo lectivo ni el caluroso verano porteño habían podido detener el proceso de participación y radicalización política de los estudiantes del Joaquín. Las agrupaciones se seguían reuniendo y proliferaban las actividades culturales y políticas: ciclos de cine, radio, talleres literarios, de formación de cuadros y otros, daban la sensación de estar en movilización permanente y en activa vigilia. Uno de los temas que más debates suscitó ese verano fue la instalación de la fotocopiadora del Centro, un tema álgido tanto desde el punto de vista financiero como ideológico. La Comisión Directiva lo resolvió mediante un ingenioso sistema de leasing, con el apoyo del peronismo(43) y el rechazo del MAS(44), dotando al Centro de un poderoso instrumento de difusión para la lucha política y de una herramienta social y cultural para los estudiantes de menores recursos que se vieron favorecidos con precios reducidos para adquirir el material, según consta en el reglamento interno sancionado a tal efecto(45).El inicio de las clases coincidió con la noticia de la inminente transferencia del Instituto a la órbita de la Municipalidad que implicaría no sólo la dependencia de un organismo burocrático de menor porte sino la segura aplicación del Proyecto de Reforma Curricular para la transformación docente, embrión de lo que fue luego la desastrosa reforma educativa que desmembró la escuela media instrumentando una EGB (Educación General Básica) hasta noveno año y un polimodal vaciado de contenidos de sólo tres. En ese momento las agrupaciones políticas del Joaquín veían sólo la punta del iceberg pero en una caracterización muy acertada de la realidad decidieron enfrentar este proyecto. Todo el mes de mayo se vivió en estado de alerta y movilización permanente votándose en asamblea un plan de lucha escalonado que culminó el 19 de Mayo con una multitudinaria marcha por el interior del instituto y un posterior corte de la Av. Rivadavia. Este acto tuvo resonancia en el ámbito nacional pues fue cubierto por los medios más importantes del país, radiales y televisivos, amplificando el problema del Joaquín y obligando a la intervención, acorralada y vencida(46), a otorgar las elecciones para el mes de Noviembre.Luego de la caída del “antiguo régimen” se abrió un proceso político más intenso en el que comenzaron a aflorar las distintas concepciones que se tenían sobre la normalización en marcha y sobre el concepto de democracia. En las jornadas de Junio donde se debatieron los proyectos de normalización, confrontaron dos modelos: uno nacido en el seno del departamento de Historia, que se basaba en el voto por claustros y participación tripartita de docentes, estudiantes y no docentes. Este proyecto fue avalado por un acuerdo político entre la 10 de Julio y la Lista 14. El otro, fogoneado por la JS-Mas, proponía un gobierno para el Instituto que funcionara sobre la base del claustro único y la soberanía absoluta de la Asamblea. Esta discusión aparentemente basada en cuestiones formales, escondía la esencia de dos concepciones diferentes de la realidad, una era aquella que consideraba indispensable la normalización como base de la reconstrucción democrática del Joaquín(47), y la otra, la que veía esta normalización como una “herramienta” de lucha de los trabajadores contra el gobierno y el circo parlamentario(48). La polarización se hizo entonces extrema quedando las “vanguardias esclarecidas” del MAS en posesión del monopolio del discurso en las Asambleas munidos de una retórica avinagrada e hiper dogmática, haciendo alusiones a las “leyes objetivas” del desarrollo histórico de las luchas en el Joaquín, del “destino manifiesto” del Instituto como vanguardia de la lucha del movimiento estudiantil, y de otras categorías de análisis que recordaban a la vulgata soviética acrítica de los manuales de Cartago, con su determinismo histórico y su férrea ortodoxia. Del otro lado, sin la erudición libresca de la Juventud Socialista, se encontraba el resto de la comunidad educativa que, si bien actuaba y medía acciones en términos políticos, se concentraba en temas internos y no visualizaba como prioritarias las consignas internacionalistas y proletarias del otro sector. Sin embrago, es interesante destacar que en la Asamblea resolutiva del turno noche el proyecto consensuado triunfó sobre el de la JS sólo por un ajustado margen de apenas ocho votos (259 a 251). Las diferencias se ampliaron, a favor del proyecto consensuado, en el proceso asambleario de Septiembre cuando se supo que el Ministerio había aprobado el proyecto normalizador, aunque encuadrado en la legislación vigente, lo cual generó críticas del sector “revolucionario” que mencionaba a la normalización como el caballo de Troya del menemismo en el Joaquín y como una solución facilista(49). Esto contrastaba con la alegría de los “reformistas” del otro sector por el éxito obtenido.

CONCLUSIONES

Luego del agitado período descripto comenzó un proceso político muy interesante, y que debería ser abordado en nuevos trabajos de investigación y que fue la construcción de espacios políticos compartidos entre docentes y alumnos con afinidades ideológicas (situación que no se había dado en el Joaquín desde la década del 70). Lo más notable de todo sería descubrir cómo cada uno de estos espacios forjó una identidad, un programa electoral y una plataforma para la gestión institucional que triunfara en las elecciones del 17, 18 y 19 de Noviembre. (a)Los límites del presente trabajo no permiten un análisis exhaustivo de estos fenómenos como así tampoco del trabajoso proceso que se llevó adelante en 1994 para lograr la sanción del Reglamento Orgánico, tarea titánica y más politizada y compleja aún que la normalización, ya que ahora los bloques de poder (con mayorías y minorías) se encontraban institucionalizados. Creo que los futuros investigadores de la historia institucional que se interesen por la historia de las ideas, la historia de la cultura (Política) y la sociología de los intelectuales encontrarán en este tema una veta más que interesante para trabajar. Ahora bien, ¿Qué valoración se puede hacer sobre el proceso de normalización a más de diez años de sucedido?. En primer lugar, plantear que éste no fue, seguramente, ni el único ni el último de los hitos institucionales de una casa de estudios centenaria, pero sí afirmar que debería figurar entre los más importantes dado que fue la base sobre la que se pudo lograr el Reglamento Orgánico que hasta hoy rige los destinos del Instituto. En segundo lugar, puede verse en este proceso los últimos destellos de una militancia estudiantil fuerte en la que participamos los que hicimos de la política nuestro sueño de redención nacional a partir de 1983. No tuvimos, tal vez, las mismas coordenadas ideológicas que la generación anterior a la nuestra. No nos preocupaba tanto si la democracia era “formal” o “burguesa”, simplemente creíamos en ella, estábamos comprometidos, formados teóricamente y decididos a accionar en la praxis política concreta. El huracán neoliberal y la reforma educativa posterior han limitado, en parte, la capacidad de aprehender la realidad política que pueden hacer las jóvenes camadas estudiantiles hoy, aunque también creo, con Hanna Arendt, que son estas nuevas generaciones, aún con sus problemas, las portadoras de los cambios. Por último, resultaba casi un deber militante escribir esta pequeña gran historia que refleja una enorme lucha por construir en el Joaquín un espacio de resistencia al aturdimiento mediático y apolitizador en el que pretenden sumirnos las clases dominantes a caballo del neoliberalismo, el “pensamiento único” y el supuesto “fin de la historia” pregonado por Fukuyama y los acólitos locales del imperio que buscan transformar a los futuros profesores en meros reproductores académicos del capitalismo dependiente. Escribir historia es un aporte, pequeño pero no desdeñable, a la construcción de esa conciencia cultural contra-hegemónica que tanto estamos necesitando para sacar a nuestro país de su crisis.
NOTAS
(1) Ponencia presentada en las jornadas “Cien años en cien días” de celebración del centenario del Instituto Superior del Profesorado Joaquín. V. Gonzalez, el 6 de Noviembre de 2004.
(2) Profesor de Historia, egresado del Instituto Superior del Profesorado Dr. Joaquín. V. González, Capital Federal. Docente de escuelas de nivel Polimodal y Media de Adultos en la provincia de Bs. As. Colaborador del equipo de Investigación Histórica de la cátedra “Historia de Grecia” del I. S. P Dr. Joaquín. V. González. Profesor titular de Epistemología de la Historia y las Cs. Sociales e Investigación Histórica II en la carrera de Profesorado en Historia del I. S. F D Dr. Arturo Jauretche (Merlo).Ha realizado numerosas publicaciones en medios nacionales sobre la situación educativa antes y después de la sanción de la Ley Federal de Educación y sobre la enseñanza de la Historia Antigua.Ha publicado: Los Malditos: hombres y mujeres excluidos de la historia oficial de los argentinos, Ediciones Madres de Plaza de Mayo, Bs As, 2005 y Marxistas Latinoamericanos, Ediciones IMPREX, Bs. As., 2005.Coordinador de Áreas de Educación y Núcleos de Formación del CEPA (Centro de Estudios de Pedagogías de Anticipación), en el Ministerio de Educación del GCBA durante el año 2006.E mail:
maximolocznik@yahoo.com.ar
(3) “Las interpretaciones del pasado son objeto de controversias sociales aún cuando haya pasado mucho tiempo desde los acontecimientos que se debaten. Esto se hizo claramente evidente cuando se conmemoraron los 500 años de la llegada de Colón a América, en 1992. ¿Era el “descubrimiento” de América o su “conquista”? ¿Era el “encuentro” de diferentes culturas o el comienzo del “genocidio” de los pueblos indígenas?. En esa ocasión, diferentes actores dieron sentido e interpretaciones, e inclusive nombres diversos a lo que se estaba recordando. No hubo ninguna posibilidad de alcanzar una “conmemoración” unívoca”. Jelin, Elizabeth: “Los trabajos de la memoria”, BsAs, Siglo XXI, 2002.
(4) Lorenz, Federico Guillermo: “Las luchas por la memoria del golpe del 76”, en Jelin, Elizabeth (ed), “Las conmemoraciones: las disputas de las fechas in-felices”, Madrid y BsAs, Siglo XXI, 2002.
(5) Para los que deseen ampliar la información sobre estos tópicos resultarán muy útiles y estimulantes las lecturas de Booth, James W (1999), “Communities of Memory: on Identy, Memory, and Debt”, en American Political Science Review, Vol. 93, núm. 2, Junio.Chizuko, Ueno (1999), “The Politics of Memory. Nation, Individuals and Self”, History and Memory. Studies in representation of the past, vol.11, núm 2.Jelin, Elizabeth (1995), “La política de la memoria: el movimiento de derechos humanos y la construcción democrática en la Argentina”, en AAVV “Juicio, castigos y memorias: derechos humanos y justicia en la política argentina”, BsAs, Nueva Visión.(2001), “Fechas de la memoria social. Las conmemoraciones en perspectiva comparada”, Voces recobradas. Revista de Historia Oral, año 3, núm. 10, BsAs, Instituto Histórico de la Ciudad de BsAs.
(6) Es notable la ausencia de estudios sobre los desaparecidos del Joaquín. Si bien este tema excede los marcos del presente trabajo creemos importante plantear que las próximas generaciones de historiadores egresados del Instituto deberían abordar esta problemática y orientarse a su investigación siguiendo, en este caso, el modelo de la UBA que se presenta a sí misma y a su movimiento estudiantil como objeto de estudio historiográfico.
(7) Declaraciones a la Revista Libre en una nota realizada por Walter Domínguez, Octubre de 1986.
(8) Ídem.
(9) “Inclusive- comentó un avanzado estudiante de Geografía, que por razones obvias, no quiso dar su nombre-tenemos pruebas fehacientes de que quién maneja uno de estos locales trabaja para la SIDE. Es una buena manera de meter en el Instituto una quinta columna”, Ídem.
(10) “Tanto los alumnos como los docentes estamos empeñados en mejorar la situación del Instituto. Por eso no vacilamos en firmar junto a ellos un repudio feroz por el atentado y ayudarlos en todo lo posible. Es sabido que hay determinada gente a la que no le interesa que progresemos en materia educativa, pero les llevamos las de ganar”. Ídem.
(11) En varias charlas informales que mantuve con muchos de ellos pertenecientes a la facción no menemista de la JP surgía, por ejemplo el odio acérrimo que provocaba la figura de Carlos Menem, besando al Almirante Rojas.
(12) Algunas versiones indican que ya para 1991, Monti se encontraba alejado de la militancia orgánica y dedicado a sus tareas como escritor que darían sus frutos un año después, en 1992, con la publicación de su novela “Escorpión”, que gozó de muy buenas críticas en el mundillo literario del Instituto. Sin embargo, en charlas personales que mantuve con él, me manifestó abiertamente sentirse un militante trotskista, aunque de corte nacional, en la línea de Liborio Justo.
(13) Proyecto de Cogobierno para el Depto de Historia elaborado por la JS del Mas en 1991. Sin fecha exacta. Volante en poder del Autor (en adelante VOA).
(14) Es el plazo que prevé el estatuto del centro para la duración de los mandatos del presidente y vicepresidente.
(15) Su pelo largo, sus botas texanas y sus veleidades etílicas eran la delicia de las jovencitas por su similitud con Jesucristo Superstar pero resultaba indigesto para la moralina prescriptiva y monacal del MAS.
(16) Descamisados fue un grupo político peronista fundado por Dardo Cabo en los años 70 que terminó confluyendo junto a la FAR en la organización Montoneros, a partir de 1973. En El Joaquín siempre tuvieron una pequeña presencia de militancia política reducida a las cuestiones sindicales. Recién en 1993, con la llegada de Paola Balcarce a la conducción, el grupo se insertará en la discusión institucional sobre la normalización acompañando a los candidatos del Frente Estudiantil Unido (Lista 22), lo cual viene a desmentir la acusación de “gorilismo” con las que nos solían vituperar los compañeros de la Lista 14 (Frente Terciario Nacional Y Popular)¿Qué clase de “gorilismo” sería este que tiene acuerdos políticos y electorales con un grupo claramente peronista que, inclusive, no proviene de una matriz marxista como la FAR, sino de sectores mas tradicionales socialcristianos?.
(17) “Las malas lenguas cuentan que el cabo de la Policía Federal Humberto J. Maldonado (de civil) requirió el apoyo de agentes de la zona para detener al Lobo y a Pancho. Maldonado interceptó al Lobito y le disparó sin que este pudiera oponer resistencia y cuando ya estaba en el piso gravemente herido lo remató a patadas. Langieri (Pancho) salvó su vida ya que el agente no conocía los manejos de los servicios de los cuales Maldonado había recibido la orden de sacar de circulación al Lobito” (VOA).
(18) “Denunciamos: La traición de sus ex miembros de la cúpula montonera hoy menemistas, cómplices del crimen y traidores a la memoria de la generación que condujeron a la derrota y a la muerte. Será Justicia: Libres o muertos, jamás esclavos, Descamisados” (VOA).
(19) Diego Alarcón, Regina Caligiuri, Fabián Di Stefano, Mariano Spina, Diego Ruiz, Marcelo Bancheri, María Laura Gatto, Miguel Pol, Jorge Pisani, Arnaldo Franzani, Paola Santanera, son algunos de los nombres que merecerían ser recordados en este proceso.
(20) Gran conversador, muy informado sobre la realidad nacional y mundial, Gennaro daba la sensación de ser un peronista auténtico. Si bien él mismo confesara haber votado a Menem en 1989, en el Joaquín siempre se lo vio integrando la facción no menemista de la JP. Años después terminaría militando en el Frepaso.
(21) “Coco”, así lo llamaban, estaba vinculado al sindicalismo peronista de la zona de Boulogne relacionado con el gremio mecánico y había militado en el Partido Justicialista cerca del Lobi Antonuccio.
(22) En una de las tantas charlas que tuvimos me contó que en una oportunidad no tuvo mejor idea que en una huelga de obreros de la construcción en Boulogne hacerse presente en lugar, junto a un grupo de militantes y descolgar una enorme bandera de “Montoneros Presente” que “horrorizó” a la burocracia sindical. Tengamos en cuenta que lo hizo en 1990... no en 1973.
(23) Capacidad de sumar en política compañeros para la militancia y contar con ellos en el momento de las decisiones.
(24) Pocos datos tengo como para ofrecer una semblanza de Martedí: de baja estatura, rubio, de mirada profunda, con su campera de gabardina marrón parecía siempre compenetrado en su misión. No era muy dado a charlar de otros temas que no fueran los estrictamente políticos e ideológicos, aunque en una oportunidad nos contó algo de su militancia revolucionaria y su trabajo en la Facultad de Cs económicas en los años 70. Gran erudito marxista, llevaba la voz cantante del MAS y aunque no compartíamos muchas de sus posturas por dogmáticas y sectarias no dejaba de sorprendernos su elocuencia y su capacidad de análisis.
(25) Recuerdo muy bien de ese grupo a Roberto Ferreira, a Bernarda “Beba” Díaz y a Florencia Piris. Con esta última tuvimos oportunidad, años después, de preparar juntos nuestro seminario final.
(26) “La integramos un grupo de estudiantes de distintas carreras e ideologías políticas: Radicales, Socialistas, Peronistas críticos e independientes. Nos enfrentamos a un amplio abanico de problemas generados desde el ámbito gubernamental que impone una política conservadora condenándonos como Nación a desempeñar un rol sumiso y dependiente. De esa política antipopular, surge la reducción del presupuesto educativo y de ahí la destrucción sistemática de la educación pública: arancelamiento, escuelas shopping, municipalización y salarios miserables.” (...) “Los socialistas integramos esta agrupación para defender con los compañeros de los otros partidos los derechos populares a la educación pública, para exigir un presupuesto educativo en serio y mayores salarios para los docentes. Los Peronistas críticos la integramos porque no encontramos en la lista 14 oposición al menemismo y al sindicalismo claudicante. Los radicales nos integramos para oponernos al proyecto hegemónico y conservador del actual gobierno. Los independientes la integramos para combatir al sectarismo actualmente instalado en el Centro.” (VOA).(27) “Aquí el centro de estudiantes no funciona, debería ser el ámbito natural de la discusión de todos, pero el dogma y el fracaso espantaron las iniciativas de muchos. La frustración y la impotencia se apoderaron del Instituto facilitando el avance del impulso destructor contra la enseñanza pública”. (VOA).
(28) De reconocida militancia radical vinculado al sector nosiglista del partido en Capital terminará repudiado, en 1994, hasta por sus propios compañeros por sus turbios manejos financieros y agachadas políticas.
(29) El autor posee fotografía del despliegue de esa pancarta y puede dar fe del impacto que produjo y como se transformó en el disparador de la campaña.
(30) Hacen referencia a los sectores reformistas del socialismo tildados por el MAS como “mencheviques” y provenientes especialmente de algunas de las ramas en las que se dividió el viejo Partido Socialista en 1958 (PSD, PSP o PSA).
(31) VOA. Volante de la JS-Mas e Independientes para la campaña electoral del CEINSP de Septiembre de 1992.
(32) Ídem.
(33) Año II, Número 2, Septiembre de 1992.
(34) Era un proyecto que bajo una pátina reformista pretendía liquidar la especificidad del conocimiento reduciendo la carga horaria de las materias troncales de las carreras y agregando más cantidad de materias pedagógicas.
(35) La más fuerte fue en un volante de campaña que decía: “Los compañeros del MAS ocupan la mayor cantidad de cargos en el actual centro de estudiantes. ¿Qué hicieron?. Porque los cambios no se logran con discursos. Agrupación 10 de Julio o MAS de lo mismo.”(VOA).
(36) Reunión de la militancia de la 10 de Julio en la que decidió el “viraje” de la campaña.
(37) La llegada a este sector se llevó a cabo con un volante escrito en inglés (VOA) que fue muy bien recibido en el departamento y cuestionado por “oportunista” por las otras agrupaciones.
(38) El autor ocupó la secretaría de enlace, María Laura Gatto y Diego Alarcón fueron los restantes compañeros miembros de aquella comisión directiva.
(39) Nos referimos a la apertura democrática y cultural que se vivió en el país luego del final de la Dictadura.
(40) Todos ellos (Pablo Aijembom, Martín Fontana, Graciela Macri, Olga Sanguine y Juán Cáceres) pertenecían al departamento de Castellano, salvo Marcelo Babsias que era de Historia (el autor tuvo la oportunidad de compartir con este último alguna cursada en la Licenciatura en Historia en la Universidad de Luján, en años posteriores y confirmar que eran suyos los aportes más políticos de la revista).
(41) Asistieron a esa reunión: Jaime Oliver, Elvira Saluzzi, Maria Elena Naddeo, Susana Royo, Zulema López, y Daniel Conlazzo, entre otros.
(42) VOA.
(43) Es interesante destacar el oportunismo político de esta agrupación que votó a favor del sistema de leasing (figuran en las actas de las reuniones de CD del mes de Febrero de ese año en Libro de Actas del Centro) y luego se desdijo en un volante en el marco de la siguiente campaña electoral con argumentos falsos: “Ante la caradurez denunciamos quién es quién en el Joaquín. Editorial Estudiantil: Se constituyó en el Mes de Febrero a través del sistema de leasing, con una licitación que al día de hoy nos sigue resultando turbia. Luego de esta maniobra se inició un servicio totalmente ineficiente, con maltrato a los estudiantes y con una administración unilateral (dado que los que allí trabajan pertenecen en su totalidad a la Lista 22) sin existir a la fecha balance y rendición de gastos” (VOA).
(44) Mucho más seria fue la oposición al proyecto que presentó la Juventud Socialista formulada en términos políticos: “La dirigencia radical-peronista votó en la Comisión Directiva la adquisición de las máquinas (fotocopiadoras) mediante el sistema de leasing (amortización por copia), un sistema hecho a la medida de las empresas, que se aseguran que la vida útil de las máquinas termine junto con los pagos. La actual fotocopiadora del CEINSP es exactamente el tipo de editorial mutualista que queríamos evitar. En 1991 advertimos de este peligro; hoy, ante los problemas surgidos y por surgir de la política reformista de los radicales y los peronistas, insistimos en la necesidad de que la fotocopiadora sea pagada por el Estado bajo control estudiantil y se ponga al servicio de las luchas del Joaquín y de los trabajadores”. (VOA).
(45) Reglamento de la fotocopiadora del Centro de Estudiantes: Artículo 3ero: En caso de que algún estudiante no pueda, por motivos demostrables, afrontar el pago de las fotocopiadoras que necesita, se le podrán dar en forma gratuita o a menor precio, debiendo el mismo firmar recibo que deberá ser presentado en la rendición de cuentas. Artículo 4to: Todas las personas que deseen sacar fotocopias con fines políticos, relacionados con el instituto podrán hacerlo abonando solamente el costo del papel y el toner. BsAs, 30 de Octubre de 1993. Gabriel Mussio. Presidente del Centro de Estudiantes. (VOA).
(46) El autor formó parte de la delegación estudiantil que subió al despacho del interventor Guitián a pedirle la renuncia y puede certificar que este, luego de proferir algunas amenazas, entre ellas decirle a la profesora Zulema López que terminaría como Juana de Arco, se quebró y firmó el comunicado de llamado a elecciones.
(47) “Hasta ahora, nuestro instituto se encuentra intervenido. Esto significa que las autoridades nos son impuestas, respondiendo a la política del ministerio, sin tener en cuenta los intereses de la comunidad educativa. La intervención nos impide gozar de los beneficios de la autonomía y la participación de los distintos claustros. El Joaquín desde hace años sufre un proceso de decadencia que se agrava, en este momento, con la implementación de la nefasta política educativa del menemismo. El Consejo Académico solo no podrá enfrentar las difíciles circunstancias que se aproximan, por eso necesitamos tu participación.”Extraído del volante de campaña del Frente Estudiantil Unido para las elecciones de consejeros y rectorado (VOA).(48) “A último momento, los paladines del régimen que llevó a Menem a la rosada y a Shuberoff al rectorado de la UBA transaron con los tan honestos como errados docentes de Historia un proyecto común que fue el ganador”. Extraído del volante de campaña “Anormalización” del El Trapo Rojo (JS-MAS) (VOA).
(49) “En las asambleas de septiembre, los mismos radicales y peronistas que levantaron esa “inclaudicable” propuesta de normalización vinieron a embaucar a la comunidad educativa con la aún más reaccionaria contrapropuesta del Ministerio, garante de esa normalización digitada y sujeta a la legislación vigente, es decir, a las leyes y decretos que amenazan con hundirnos. Lo consiguieron; la fe en el fetiche de la “normalización como sea” y en una solución rápida dieron a la contrapropuesta un triunfo rotundo. Como todos los problemas complejos, el nuestro tiene una solución sencilla que no sirve para nada. Antes de que cante el gallo, la nueva junta normalizadora nos habrá negado tres veces y la lucha tendrá que pasar por encima de ellos como hoy pasa por encima de Guitián”Ídem.
(a) Pienso básicamente en la Lista 22 que aglutinó bajo su égida a las ya mencionadas agrupaciones estudiantiles 10 de julio y Corriente Estudiantil Popular (Descamisados) junto a un heterogéneo grupo de docentes representados por las profesoras Delia Malamud, Zulema López y Esther Lorenzini junto al muy versátil Alfredo Coccola. Veo este proceso también en lo que fue la Lista 6 “Alternativa Docente- Estudiantil”integrada por la JS-MAS e independientes a la que se sumaron profesoras como Isabel Vasallo y Ana María Rocchietti junto a profesores de otra matriz ideológica como Carlos Mangone, entre otros.
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