14/1/09

¿Para qué sirve el conocimiento en la Argentina?

Diego Hurtado de Mendoza
Fecha de publicación: 09/09/06
¿Qué debe hacerse en la Argentina para que la producción de conocimiento sea útil al desarrollo social y económico? Las respuestas a esta pregunta se pueden clasificar en dos grandes casos límites ideales. Por un lado, las respuestas “normativas”, que se inspiran en un imaginario construido a partir de arquetipos exitosos tomados como referencia. Si se piensa en grande, los modelos inspiradores son Estados Unidos o Japón. Si se ajustan las escalas a la Argentina, podrían ser Finlandia, Irlanda o Australia. En términos regionales, en los últimos años se suele mirar a Chile y a Brasil.
En el extremo opuesto estarían las respuestas que intentan construir análisis, diagnósticos y prospectivas fundados en la historia, la sociología, la antropología, la economía y las ciencias políticas aplicadas al estudio de la actividad científica y tecnológica local, a sus éxitos parciales y a su imposibilidad de construir un sistema de escala nacional capaz de reorientar el perfil productivo y de hacer ingresar al país en la economía de producción tecnológico-intensiva.
Ahora bien, este último enfoque presupone la existencia de una producción académica capaz de aportar una comprensión exhaustiva del campo científico y tecnológico local y regional. Más aún, debería presuponer también que esta producción académica fuera autónoma, esto es, capaz de generar categorías conceptuales, estudios de caso, historias o etnografías institucionales alternativos a los elaborados por las tradiciones de los países desarrollados. Este no es un punto menor, si se piensa que la interpretación del escenario científico y tecnológico de los países en desarrollo realizada por la avasalladora tradición académica anglosajona está impregnada de una inevitable mirada etnocéntrica y, en general, también de intereses políticos y económicos.
Un ejemplo didáctico es la categoría (aceptada y difundida) de “guerrilla ideológica” que el historiador Emmanuel Adler aplica a figuras claves del desarrollo tecnológico en la Argentina y Brasil de las décadas del ’60 y del ’70. Adler recurre a la figura de “guerrilleros ideológicos” que habrían influido en la toma de decisiones de los respectivos gobiernos y que promovieron una ideología opuesta a la dominante. Jorge Sábato, uno de los más importantes pensadores del campo científico-tecnológico latinoamericano, habría sido, según Adler, un guerrillero ideológico. ¿Estaría dispuesto Adler a decir que Vannevar Bush era un guerrillero ideológico? No, porque la guerrilla (además de estar fuera de la ley) es un fenómeno pintoresco y exótico de los países pobres. ¿Jorge Sábato estaba fuera de la ley? No, pero de todas formas suena sugerente y exótico el término “guerrilla” aplicado a un pensador latinoamericano.
JUEGO DE AFASICOS
Para el caso de la Argentina, elaborar respuestas políticas fundadas en la descripción del propio panorama en investigación y desarrollo representa indudablemente el camino más complejo, aunque debería ser la elección insoslayable. Los estudios sociales de la ciencia y la tecnología de los últimos 30 años enseñan que la producción de conocimiento presupone un modo de producción de conocimiento –sentidos, sensibilidades, ideologías y valoraciones, intenciones y retóricas– acompañados de “estilos” institucionales y modos de articulación institucional, producto de una historia política y cultural, de conexiones específicas del campo científico con el contexto social, con el sector productivo, con el sector militar, con la enseñanza. Sintetizando, hay un “modo de ser” histórico y contextual de la actividad científica y tecnológica.
Tanto los componentes globales y las marcas de época como las especificidades culturales y económicas locales y regionales van definiendo los “puntos fijos”, y las “partes móviles” deciden sobre la selección de temas e instrumentos, las organizaciones y las jerarquías, incluso definen los perfiles de científico y tecnólogo como actores sociales y, en definitiva, también el devenir histórico de una tradición científico-tecnológica a escala de país. Desde esta perspectiva, ¿quién dudaría de que son dignos de ser estudiados y comprendidos en profundidad el Instituto Balseiro o la Fundación Instituto Leloir como formas institucionales, la relación de CNEA con las universidades públicas, la construcción de vínculos de la Planta Piloto de Ingeniería Química con el complejo petroquímico de Bahía Blanca, las sucesivas políticas del INTA respecto de la propiedad intelectual o los “estilos” de organización y gestión del INTI en los últimos 30 años?
Por más obvia que resulte la necesidad de conocer la propia realidad, las políticas científicas (explícitas o implícitas) en la Argentina suelen apegarse a modelos normativos que son motivados por escenarios coyunturales o de corto plazo. Suelen mirar los casos exitosos y apostar a diversas estrategias de mímesis y trasplante. Y esto por una razón sencilla: falta la producción académica local capaz de asegurar un conocimiento riguroso del propio escenario como condición de posibilidad para la formulación de una política robusta de largo plazo.
De esta forma, proliferan los diagnósticos “unidimensionales” para la ciencia y la tecnología en la Argentina. Cuando se pone el énfasis en el aspecto económico y en el vínculo con el sector productivo y empresarial, se sostiene:
Que tenemos un sistema científico y tecnológico, pero no tenemos un Sistema Nacional de Innovación (es decir, tenemos un sistema científico y tecnológico fragmentado, no integrado).Que aún no supimos construir un sistema de financiamiento para la innovación.Que hay que inculcar al empresariado argentino que las ventajas competitivas que surgen del conocimiento son las mejores.Que debemos lograr formular un proyecto macroeconómico a escala de país que fomente certidumbre a largo plazo.Cuando se enfoca en los aspectos institucionales y en la comunidad científica, se afirma:
Que nuestras agencias de promoción y financiamiento de las actividades de CyT establecen criterios que finalmente promueven la producción de papers en perjuicio de las actividades de desarrollo.Que hay que inculcar a nuestras universidades la necesidad de vincular sus actividades de enseñanza e investigación a las necesidades sociales y a las demandas del mercado.Que las instituciones científicas son débiles y domina la endogamia.Que nuestros científicos están entrenados en la supervivencia.Cuando se pone el énfasis en la enseñanza, se dice:
Que debemos construir un sistema educativo acorde al concepto moderno de innovación.Que se debe enseñar ciencia desde estadios tan tempranos como sea posible.Que hay que asumir el conocimiento como concepto económico.Que hay que producir más ingenieros y tecnólogos.Así, como un juego de afásicos, dependiendo de los modelos exitosos de referencia y de factores de coyuntura, proliferan las clasificaciones y reclasificaciones. Y a continuación se proponen fórmulas “lógicas” para superar estas limitaciones. Pero la lógica es ahistórica y asocial. En general, este tipo de propuestas se parece a un transplante de hígado o corazón con los conocimientos más sofisticados de la microcirugía, aunque carentes de los estudios inmunológicos previos de compatibilidad que contemplen la historia previa del paciente.
POLITICA VERSUS TECNOCRACIA
Por el contrario, la historia remite a procesos “densos” de significado, que escapan a la lógica del razonamiento silogístico, que niegan que la realidad pueda ser pensada como un rompecabezas compuesto de piezas modulares intercambiables. En todo caso, sólo la “lógica” de aproximación de la política y de las ciencias sociales (aquí el término “lógica” es metafórico) son capaces de atrapar y encauzar la complejidad y densidad de los procesos históricos. Y las comunidades científicas y sus instituciones son productos históricos. Cualquier otra concepción es tecnocracia o economicismo.
Es imprescindible mirar y aprender de las experiencias exitosas. Pero es obvio que hace falta una mirada mucho más esforzada, elaborada, sensible y respetuosa de las necesidades, de las capacidades y de las idiosincrasias propias. La carencia en este terreno es evidente, si se piensa que no existen historias críticas ni estudios sobre el desempeño actual del INTA ni del INTI ni del Conicet, para citar sólo algunos casos que saltan a la vista.
Se obliga anualmente a más de 100.000 alumnos a cursar una materia de “epistemología” (Introducción al pensamiento científico) en el CBC de la Universidad de Buenos Aires. Allí se les habla de Popper y Hempel o del método hipotético-deductivo, pero ni palabra de quién fue Bernardo Houssay o Enrique Gaviola, de dónde salió el Conicet o qué es hacer ciencia en América latina. Simultáneamente, la Maestría de Política y Gestión de la Ciencia y la Tecnología de la UBA hoy no tiene instalaciones ni cargos docentes permanentes ni el apoyo de los cinco decanos de las facultades que se comprometieron a sostener esta carrera. Así, no debe causar sorpresa que en la primera encuesta nacional de percepción pública de la ciencia, publicada por la Secyt en 2004, diga: “La mayoría de los argentinos (62%) no conoce ninguna institución científica del país”. Mientras tanto, la retórica política pone en primer plano el problema de construir un Sistema Nacional de Innovación, como si se tratara de una cuestión técnica para un grupo de expertos y no de un desafío social, político y cultural a escala de país.
Hablamos de oído. Todavía confundimos las memorias personales con la historia, los aportes de amateurs con el de historiadores y científicos sociales, creemos que para hacer divulgación científica no hay que hacer maestrías o doctorados en comunicación, creemos que alcanza con la buena voluntad, tenemos problemas para distinguir política científica de tecnocracia, indicadores con realidad, hablamos de patentes sin saber cómo patentar, etcétera. La conclusión parece obvia. No sabemos cómo jugar el juego que hoy se llama “economía del conocimiento”. Aún no lo hemos comprendido.
http://www.aporrea.org/ Aporrea.org es un Sitio Web de divulgación de noticias y opinión socio-política y cultural, identificado con el proceso de transformación revolucionaria y democrática de nuestro país, Venezuela, con una visión que se extrapola al resto de la humanidad, en la perspectiva de la liquidación del sometimiento capitalista-imperialista y la construcción de sociedades libres, basadas en el poder de los trabajadores y el pueblo, sin explotación del hombre por el hombre.

La Historia a destiempo

Cronos y Tanatos*
Zeus inventa la historia cuando vence a su padre el Tiempo, que había vencido a su padre el Cielo. Se encuentra en el centro de la mitología, pues pertenece a la segunda generación divina: dioses hijos de dioses sin mezcla; da igualmente lugar a la moderna teología de Occidente, ya que es la divinidad mayor y el padre de las últimas grandes deidades (Apolo, Afrodita, Atenea, Ares, Dionisios) y de un gran número de las divinidades posteriores (Heracles, Hermes, Helena, las Musas, los Dióscuros, Perséfone). Pero da origen también, junto con la mitología y la teología, a los héroes, a la historia. Es el protector de nuestras ciudades, gobierna los cuerpos celestes, las leyes del mundo son sus pensamientos, pronuncia oráculos y castiga a quien no cumple los juramentos ni las leyes sagradas de la hospitalidad. Es el fundador del Mundo, que desde entonces, desde Él, llamamos mundo teogónico moderno. Al morir, al dispersarse su cuerpo y volverse cosmos, se vuelve para nosotros Historia Universal. Dentro de ella está la vida, hecha de tiempo. El inicial acto que fue vencer a su padre representa el triunfo del pensamiento sobre el caos; el establecimiento de las coordenadas humanas; la derrota de las fuerzas tenebrosas y omnidevorantes, como el autofágico tiempo, gracias a una luz (occidental) poderosa y triunfante. El rayo es de Zeus.Su majestad está hecha de compasión, la más inmensa compasión conocida por los tiempos. Lejos de ser indiferente, experimenta dolor ante el sufrimiento humano, pero enseña a los hombres que el verdadero conocimiento no se obtiene sin dolor. Es el verdadero "Padre de los dioses y de los hombres", como lo llama Homero. Zeus es la criatura sacrificial de occidente. Es el Dios que ha muerto. Es la historia. En su lucha contra el poder nefando qué lo devora todo sin rehacerlo, hay un brebaje: repulsivo pero no complicado, sal y mostaza con vino dulce. Cronos, ya se intuye, vomita los gérmenes de su destrucción, sus hijos, a los cuales había devorado en el temor de que uno de ellos lo derrotara introduciendo el sentido, el destino. De su boca renace su progenie devorada por él primeramente, 'antes', como acto antecesor de nuestro origen. Estas acciones son ancestrales del ser humano, por entonces aún no emparentado con los dioses. Semejante desacato comienza con Zeus, el cual, gracias a su infinita lujuria, puebla el cielo y la tierra seduciendo tanto a mujeres como a diosas. Al ser advertido por su madre Rea sobre los peligros de su concupiscencia, se arroja sobre ella con el propósito de violarla; Rea logra escapar convirtiéndose en serpiente; él se vuelve rápidamente una serpiente macho y la posee: nuestra historia es a veces parecida a un maravilloso Don Juan, el fáustico 'novio' del mundo. Por eso también una de nuestras figuras definitorias es "El hombre contra el tiempo", figura que nos hace héroes: sabemos que el tiempo nos va a matar, pero sabemos también que no cambiaríamos nuestro sino escogiendo un no morir que nos apartara de la condición de todo cuanto existe. De nuevo una figura -escultura, torso similar a la de Homero; "Los dientes, cerco de la historia". Y del canto: una preceptiva también homérica decreta el fin de la edad del canto en el instante en que el hombre pierde la dentadura. Breve es la vida del cantar, cantores.No olvidemos que Cronos jamás gozó de buena opinión entre los griegos, quienes lo vieron siempre como un malvado. Hesíodo, en la Teogonía, recuerda que, después de sus hermanos, "Nació Cronos -el más joven-, de mente retorcida, el más terrible de los hijos (de la Tierra y el Cielo) y se llenó de un odio intenso hacia su padre". Toda ciencia, reminiscencia. ¿Por qué vías pueden los seres humanos avizorar tales 'problemas de familia'?(1)La historia, la criatura por esencia. En el enorme volumen de su ser acontecen los caudales del pensar -pensar el origen, el tiempo, pensar sobre los pensamientos del pensar-; los hechos del tiempo son reales porque son históricos, porque acontecieron en ese instante determinado con respecto a todo el antes y al después, su realidad cronológica pone en movimiento al organismo entero de la criatura histórica. Criatura cuyo aliento es tiempo. Todo en ella está hecho de él. Pero es en ella donde nacen y mueren los dioses. Todos los objetos de la percepción son datos que la revelan, todo hecho es síndrome de su realidad. Que no se manifiesta completa en ninguna de las figuras que la expresan, ni siquiera en aquellas que sabemos que rebasan los límites del tiempo -las divinidades-, no se manifiesta en determinadas razas o épocas, sino toda, diferente en todo tiempo. Ese corte en el nudo de la temporalidad que realiza Zeus-la-historia propicia igualmente al hombre el acceso a una dimensión que es a la vez redentora y posibilitadora del gesto y la gesta históricos: la dimensión del arte. No sólo porque la obra histórica sea, como es, una operación eminentemente artística ejecutada bajo la tutela de una de las hijas de Mnemosine, sino porque ese gesto omnipotente que establece los límites al tiempo es la expresión de un sentido y una forma que no se dan en el puro universo óntico: el hombre trasciende la naturaleza hacia la historia. Los hechos de que se -forma no son un precipitarse incesante hacia un progreso, son la progresión perenne, similar a la que Goethe aplicaba a la vida in acto: "lo que importa en la vida es la vida, y no un resultado de la vida", es decir un impulso que va hacia sí y en sí mismo se cumple."Aquí se construye contra el tiempo", dice la leyenda en el frontispicio de esta edificación que terminará por ser idéntica al universo concebible, seguirá viva y estará siempre y sólo hecha de tiempo. No terminará jamás.El ser histórico es, el no-ser histórico no es. Y no hay que temer inmovilidad clásica alguna, ella se mueve y cambia sin cesar; muere y se rehace de su muerte, pues ella y sólo ella está hecha de ambos. Es erotanática.Y ahora es preciso decir que la historia es una sustancia. Sabemos que hay pensamiento -"El intelecto, tan viejo como el mundo (Goethe)-, que hay un incesante preguntar sobre el ser de toda cosa existente, y que no es distinto sino idéntico a la cosa en sí. Una pregunta es su respuesta. Filosofar es atender a una multiplicidad de interrogantes enemigas a soluciones contradictorias de idénticos problemas. La multiforme historia universal, es el universo entendido corno la criatura narrable única, contiene todas las respuestas, las verdades, que a veces son mentiras, en otro lugar, en otro apéndice de ese organismo incesante, infinito e inmortal. Criatura nuestra de la que somos criaturas. Creatura creaturata. Las infinitas capas de tiempo, como las múltiples capas geológicas o las conformaciones estelares, o humanas, edifican su rostro insondable:Los Sasánidas, a quienes cuesta olvidar, los Vedas y sus virtudes, los Mutazilitas, de ilustres vicios, el resplandeciente imperio de Axurn, la sangrienta época micénica, y la dinastía Shang, que engendró a los Olmecas, los ásperos Druidas, los Hicsos, de peor soñar, y los Selcúcidas, no Selyúcidas, la Dinastía Han, "Esa gente de Washington", los oscuros Tinitas, los andróginos de todas partes, y los belicosos Omeidas, u Omeyas, u Omniadas, que siempre fueron menos que los Abasidas, los elegantes Mayas, y los inelegantes y aburridos Lacedemonios, la solemne procesión de dinastías egipcias, los bromistas carpetovetónicos, los estetas Estados del Renacimiento, ¡los Hoplitas, hombre, los Lapitas!, y los Dóricos, y otros no tanto. Substancia del mundo. Evolución pura, engendramiento de formas, creación, arte. Los medios de su realización son la precisa fantasía sensible, la intuición, el conocimiento, la ponderación, la analogía, el sentimiento, la reflexión, todo, menos el olvido. Y todo ello a partir, si se quiere, de una hoja, de un filamento, "de una apenas caricia" para encontrar la forma del destino de la cosa manifestada. El universo es un vasto animal cuya estructura y funciones están reflejadas y contenidas en cuanta ínfima hierba se mueve, todos cuyos animales la repiten y somos su símbolo, expresión de Su indecible aspecto. La tierra tiembla, el animal se agita. Nuestras emociones son emanaciones de su emoción. Se llama historia universal, es la concreción pura: ideal y material; un nosotros, un individuo concreto. Criaturas primogénitas y fluentes de la historia: La Antigüedad, el Paleolítico, el Renacimiento, la Edad de Oro, la Grecia Clásica, la Edad Moderna, las Eras Americanas, Oriente, estados orgánicos del ser histórico, formidables Personas del tiempo. ¿Y tú, errante peregrino de Occidente, conciencia encarnada, hecha, como Cristo, historia, que adoras cuanto fue, es y será y le das el nombre de vida que vence -y es deseable- a la muerte?¡Biografía del Mundo! Es entender a Apolo y Dionisos bajo la misma contenida línea, contar los hechos de Huitzilopochtli y Gilgamesh como avatares de un idéntico héroe, expresar con iguales elementos la desventura del triunfo y la gloria del fracaso. ¿Sería la columna dórica el modelo constante de semejante empresa? La columna, ese "presente puro", que Goethe tanto admiraba en las manifestaciones de la vida antigua. A mí me basta que parezca contener las imposibles líneas que modelan el ascendit, el silencio, la armonía, el no saber sabiendo, la proporción, el vacío, y el Número de los números (¿es eterno el número?). Contiene también, no expresado, su inexistente contrario. El universo es una columna (dórica). Es una integración central de significados en el instante de manifestar la unidad del todo. Una creación sin dialéctica. El hombre, en su infinito y protector no saber, pierde todo y primero los modelos, olvida que es imitación de la columna. La forma histórica es "más" que el tiempo, ya que lo contiene; grave ignorancia pensar lo contrario. La duración no es un ingrediente del tiempo, es una necesidad o contingencia de la forma histórica. El espacio, o el sentimiento de él, es tal mientras el relato(2) lo requiera. Lo que dura está hecho de tiempo, pero dura no en él, sino en la historia, en "lo que se cuenta" y contiene los significatidos, la forma del destino. El contenido trascendente del relato, el canto, hace que el relato permanezca en la memoria después del tiempo de su duración. Otro triunfo, y no el menor, sobre el estólido tiempo: memoria y canto.¡Y los granos de arena! ¿Cómo olvidarlos? ¿Cómo se tendría en pie el Zigurath sin el más ínfimo de ellos en su lugar exacto, en su concreto lugar entre otros que son como él pero no son él? Piénsalo, eres tú, te necesita. Arena habemus. Desintegración e integración, asuntos de la arena. Esta imagen exige de la filosofía la imagen de una beata atomicidad. Cualquiera de las arenas, como la imagen de los hechos mayormente fundadores de la historia, ocupan una posición semejante, igualmente ponderadas en nuestra representación del mundo, queremos identificarnos y ser los mismos. Hechos o granos de arena (sabemos que somos ellos y que no aceptaríamos ser otros). Atomistas épicos.Reflexionar la historia es, de todas formas, filosofar. Las ideas, que trascienden de suyo a toda contingencia temporal, mueren incesantemente en su ser contra el tiempo, pero viven en la extensión infinita de la historia. Desaparecen en el tiempo, pero viven en la eterna reflexión. Igual que las deidades que adoramos y mueren y seguimos adorando. La inmortalidad que atañe a toda cosa de este mundo es ilusoria porque el mundo es finito, es una ilusión: saber eso es el gran saber de Oriente. Pero a nosotros nos mata, más que el morir, el no saber. Occidente sabe que no sabe. Sabe también que ese saber no "sirve", que no hay un saber mayor al no saber, al "no saber sabiendo". ¿Es la sapiencia de su no saber la que le confiere su carácter triunfante al ser expansivo occidental? ¿Es imperial el impulso de la luz de Oeste? Los imperios de Oriente se estremecen desde sus profundos y fastuosos yacimientos y reclaman primacías sin fin. Una noción semejante de la historia occidental, de Occidente entendido como historia en marcha puede, ciertamente, convertirse en una negación del Imperio que es nuestro ser en el mundo y precipitarse hacia un estólido evolucionismo, puede llevar a innumerables desviaciones culturales y catástrofes sociales, volcarse en un caudal tributario de toda forma de imperialismo, que es el principio de la petrificación de las formas inventivas -míticas-, humanas. Desnaturaliza al hombre al engendrar el ámbito y la configuración de la plebe, terrible degradación de los imperialismos 'imperiales' y sociales; destruye la potencia originaria de la visión y la armonía orgánica de los conjuntos, de la tribu, en el sentido de entidad receptora y emisora del verbo, imagen simultánea de la humanidad y de la persona. Mata a las deidades, a lo que no debe ser destruido, sin dar 'tiempo' a que esas deidades, que desaparecerán como toda cosa viviente, mueran; y que si mueren como cosa viviente y no matada resucitarán como forma re-integrante, reengendrada en sí, eleusina, agrícola. El imperialismo, la categorización inmutable, el sentido de la apropiación, la expansión y el dominio externos, la usura, conducen al deicidio. Al contrario del imperio, que es interior y deificador. Las culturas, y no hay culturas pequeñas o 'menores' (Cf. Dumézil, Levy-Straus, Eliade), se arruinan sin su dios propio, personal. Aquellos que hablan de la muerte de Dios, Hölderlin, Nietzsche, Freud, no lo han matado, son sus héroes: descubrieron el crimen, viven el infinito e infinitesimal dolor de que el universo de lo suprarreal, la sobrenaturaleza sensible, carezca ya de sentido entre los hombres.Un pensamiento es todos los pensamientos, así como una criatura es todas las criaturas, que la hacen y dependen de ella. Si una muere -o sufre-, dice Dostoiewsky, el universo entero se estremece y se ve obligado a modificar su rumbo. Si una sola se vulnera o degrada, deja de intensificarse; el horizonte y el sentimiento de la vida. Nacemos, moriremos. Pero no nacemos 'para' el morir, nacemos para estar vivos y realizar, con la misteriosa vida, el sentido "de lo que se trata", de la Commedia del Yo, del Mundo, escenario incesante donde vivir es crear "y crear comprometerse en una eternidad de historia" (Perse). Semejante representación erige una Figura irrepresentable: la del alma encarnada. La figura que traduzca la necesidad de que el alma se vuelva cuerpo y destino es inmostrable (pero lo es dentro de la historia). No obstante, la metahistoria podría contarse así: Todo acto del mundo expresa una cuestión del alma. Todo acto es a la vez su ser concreto, objeto, y su ser simbólico, "representante de". La encarnación parece entenderse siempre como una Caída, El amor salva al alma; pero también la pierde si el alma se 'apega' en exceso al objeto del amor, que suele ser elección más constante. ¿Por qué el alma quiere o tiene que venir a salvarse o perderse en aras del amor aquí?¿'Falló' allá? ¿Debe en el allá concentrarse el entendimiento arqueológico de nuestra historia? ¿O bien es un juego regocijante y nupcial con el cuerpo y el alma sólo quiere?Entonces, ¿cuanto te ocurre está prefijado? Sí, es el Destino. Tu destino, tu límite, es más que tú mismo. Tu acatamiento, sólo él, te podrá hacer 'superarlo', que quiere decir, sólo, volverlo limitado y 'ejemplar', para qué querrías ser superior a tu propio sino, tú, que como sabes, no sabes nada?. Y no obstante lo que te ocurre a ti es único, te ocurre a ti y a nadie, a todo, a la metáfora del ser, a su Figura. No pidas libertad en el instante de escoger la libertad. La libertad es un concepto del viento: atañe al tiempo, a lo que no es, a lo que no se predica. Libertad es la fuente de la elección. Tú escoge el sometimiento de escoger lo libre. El amor no quiere determinada forma pero rechaza forma alguna. El amor existe al volverse historia, en el instante en que el tiempo se hace carne, muere y adquiere sentido. Una eternidad que significa por el hecho de encarnarse en una criatura efímera, al volverse por obra del principio y del fin, del nacimiento y de la muerte, una entidad que será narrada, hecho significante enmedio del vacío y ciego tiempo sin sentido. La existencia humana es una historia hecha de relatos, de ínfimos aconteceres, de incidencias insólitas que le dan sentido al relato mayor, al existir del tiempo histórico, matriz de 'las cosas que pasan'. La historia, clave del tiempo. Los seres humanos, hechos de la misma sustancia -tiempo- develan el oculto sentido de su ser criaturas mortales al ser contados como sujetos de un drama cuyos trágicos presupuestos tendrán que ser asumidos por cada cual. Esa asunción, sumisión, es análoga a la que acontece cuando sometemos al amor y descubrimos enseguida que todo amor es amor por la trascendencia. La historia misterio. No hay devenir, hay ser. Como el cosmos para los griegos: un universo que no está siendo, sino que es.
Notas (1) En el orfismo Cronos aparece liberado de las cadenas que Zeus le había impuesto y se muestra reconciliado con él, morando en las Islas de los Bienaventurados. Esta reconciliación lo contempla como un rey bueno, el primero que hubo reinado en el cielo y la tierra. Cuando se pervirtieron los hombres y se degradaron en bronce o hierro (nosotros), Cronos volvió al cielo.(2) Relato, indefinida forma de las formas. ("La forma es naturaleza está hecho de tiempo, pero dura no en él, sino en la historia, en "lo que se cuenta" y contiene los significados, la forma del destino. El contenido trascendente del relato, el canto, hace que el relato permanezca en la memoria después del tiempo de su duración. Otro triunfo y no el menor, sobre el estólido tiempo: memoria y canto. ¡Y los granos de arenal ¿Cómo olvidarlos? ¿Cómo se tendría en pie el Zigurath sin el más ínfimo de ellos en su lugar exacto, en su concreto lugar entre los otros que son como él pero no son él? Piénsalo, eres tú, te necesita. Arena habemus, Desintegración e integración, asuntos de la arena. Esta imagen exige más de lo que es la materia, ya que es una cosa que se dice que es lo que es en acto..." Arist6teles). Lo que se expresa. Luego, lo que es luego, lo que desaparece. Todo decae y se trasmuta en formas que no son tan distintas.Al final queda un "decíamos ayer" o "hubo una vez" y todo lo entendemos. ¿Alguien quiere saber por qué? Que sepa. Esa es la respuesta. ¿Y qué sabe el que sabe? Relatar es transferir, es remitir a un incesante decir que dice que el principio fue dicho. Es Verbo que dicta; que algunas veces, bajo las máscaras del tiempo, semeja un demonio que nos dice: "Sé, tú, el centro total del relato" ¿Y quién tiene la inmodestia de rehusarlo? "Mundo es todo lo que me acaece", dice el personaje, (el yo) en la novela. El yo, el héroe, es inmortal. Se llama de muchas formas. El héroe es el protagonista es la imagen atómica de lo que acontece a la imagen, total. El héroe triunfa o fracasa según sea contado. ¿Por qué tiene la relevancia que tenga saber o creer que los Tinitas datan de tal año, o que Flaubert sea Madame Bovary? Pedimos precisión a esas Figuras por el solo hecho de que sean formuladas, expresadas en su forma única, por más ambigua o innecesaria que parezca. O real. "Fue así, pero podría haber sido de otra manera", dice un eterno, Alguien. El relato se estremece y cambia. 'El', lo que cuenta "dice otra cosa": relata. No debe tener fin.
*Juan Carvajal, "La Historia a destiempo: Cronos y Tanatos", Revista diagonales, número 3, México, 1987, pp. 89-92.

8/1/09

Conocimiento, cultura y desarrollo

Augusto Pérez Lindo (Universidad de Buenos Aires)*
En 1970 la UNESCO publicó el informe "El desarrollo por la ciencia" donde Jean Ladrière afirmaba en uno de sus capítulos: "Aunque el concepto de ciencia sea antiguo, la penetración de la ciencia en la práctica gubernamental y social es reciente. La mentalidad y el comportamiento científicos han invadido progresivamente, en el transcurso de este siglo, zonas cada vez más centrales de la actividad social" (1).
En el libro "La universidad del futuro" Jean Ladrière junto a otros colaboradores afirmaba en 1974 que "la interacción entre la universidad y la sociedad se ha vuelto más intensa en la actualidad que en el pasado y tenderá sin duda a reforzarse aún más en el futuro" (2).
En la cercanía de los años mencionados es cuando se comienza a asumir de manera generalizada que la educación, la ciencia y las innovaciones tecnológicas influyen de manera decisiva en el desarrollo de las naciones. Actualmente se habla de "la sociedad del conocimiento" o de la "sociedad de la información" para designar la culminación de este proceso. Observando la disparidad de los resultados obtenidos por los distintos países en el aprovechamiento de los conocimientos científicos y tecnológicos cabe preguntarse: ¿cuáles son las condiciones de éxito en este proceso?
En el libro "Universidad, política y sociedad" (3) sostuve que la eficacia social de las interacciones entre un tipo de universidad y una sociedad depende del modo de articulación de los factores intelectuales y sociales. Apelando a esta hipótesis me propuse analizar la eficacia social de siete modelos universitarios: Francia (modelo napoleónico), Oxford-Cambridge, Berlin (Humboldt), el modelo soviético, China (Mao Ze Dung), EE.UU., el modelo latinoamericano.
Del análisis de esas experiencias se desprende que la eficacia social de las universidades no tiene un sentido unívoco sino que depende del modo preciso como esas instituciones se vinculan con la sociedad. En el caso francés fue una cierta concepción del Estado lo que definió el modo de inserción y la eficacia social de las universidades, "grandes écoles" y centros de investigación. En el caso británico Oxford y Cambridge sirvieron como agentes de legitimación y de valorización de las clase dirigente ilustrada. Lo cual hizo posible la formación de una "élite de poder" que le dio al país una posición dominante.
El modelo alemán de la Academia de Berlin (1809) constituyó una alianza entre la comunidad científica, el Estado y la burguesía industrial. La valorización del conocimiento científico y su vinculación con la búsqueda del poderío alemán fueron elementos que produjeron efectos evidentes. El modelo soviético, por su parte, surgió de un proyecto revolucionario pero quedó ligado a la burocracia política y estatal. A pesar de la fuerte influencia del modelo cientificista alemán el academicismo burocratizado no tuvo los mismos efectos por su débil articulación con la sociedad y la economía.
En la experiencia comunista china la República Popular adoptó primero el modelo soviético pero a partir de la "revolución cultural" de 1964 la vinculación estrecha con los sectores productivos y con los actores sociales produjo un vuelco significativo. Luego del período de las "tres modernizaciones", que liquidó los aspectos ideologistas de la etapa anterior, las universidades y centros de investigaciones respaldaron las estrategias de desarrollo industrial, de innovación tecnológica y de apertura a los avances científicos mundiales. El espectacular crecimiento económico de China en las últimas décadas le debe mucho a esta circunstancia.
El modelo universitario norteamericano se fundó desde su origen en la poderosa amalgama que existía entre la comunidad y la educación. Lo cual facilitó la formación de una variedad de articulaciones con los distintos actores sociales, con la industria, con el agro, etc. La "multivisersidad" norteamericana (concepto de Clark Kerr) se convirtió con el tiempo en el modelo de un sistema científico y universitario capaz de adaptarse rápidamente a cualquier demanda de la sociedad. Lo cual facilitó y confirmó la voluntad de potencia (el "destino manifiesto") de los Estados Unidos.
El modelo latinoamericano que primero estuvo signado por la tradición ibérica ajena al pensamiento científico y centrada en la formación de profesionales, en el siglo XX se caracterizó por las tensiones contradictorias entre el control por parte de gobiernos autoritarios y la búsqueda de una autonomía que a veces deriva en la feudalización académica y otras veces se presenta como espacio para formular alternativas de poder. El movimiento de la Reforma Universitaria de 19l8 (Córdoba) tuvo gran influencia en la formación de tendencias progresistas, liberales, socialistas y populistas. Pero la ausencia de una articulación orgánica entre la comunidad científica, el Estado, los actores económicos y las organizaciones sociales contribuyó a reproducir la disociación entre el discurso y la acción, o sea, la desintegración social.
La importancia del modo dearticulación de los productores de conocimiento y de la sociedad ya había sido señalada por Jorge Sábato (4) al proponer como condición de éxito de las políticas científicas una relación triangular entre el Estado, los centros de investigación y el sector económico-financiero.
Desde otra perspectiva Burton Clark en El sistema de educación superior (5) sugiere un triángulo de articulación que tiene como vértices la autoridad estatal, el mercado y la oligarquía académica. Los diferentes modelos universitarios se distinguirían, según Clark, por su mayor proximidad y lejanía respecto de cada uno de estos vértices. La URSS figuraba ligada a la autoridad estatal mientras que EE.UU. estaba más cerca del mercado en tanto que Italia parecía controlada por la oligarquía académica.
Más recientemente Michel Porter en su libro sobre La ventaja competitiva de las naciones (6) luego de un amplio estudio comparativo internacional sugiere que lo que parece definir el éxito de los emprendimientos en distintos países no es tanto la posesión de factores dados (recursos humanos, recursos naturales, capital, tecnología) sino "el despliegue de los factores", o sea, la forma como los dirigentes deciden crear y articular los factores en juego. En ese sentido Japón aparece como el país que ha hecho el mayor esfuerzo por inventar o suplir recursos inexistentes (energía, recursos naturales, tradición tecnológica) en función de objetivos coherentemente establecidos. (El tercer juramento que se impuso al Emperador Meiji en 1872 prometía captar por todos los medios los conocimientos científicos y tecnológicos para la grandeza de Japón).
La función de los sistemas de ideas y creencias
Los economistas de la educación y los sociólogos de la ciencia contemporáneos han mostrado suficientemente como las sociedades modernas llevaron adelante aquella afirmación de Francis Bacon en De Heresibus: "knowledge is power". Desde los trabajos de Stroumiline (7), Denison (8), Schultz (9) y otros ya resulta obvio en la actualidad que la aplicación del conocimiento científico y tecnológico tiene una correspondencia directa en el desarrollo de una sociedad. A partir de esta constatación las agencias internacionales imbuidas por una creencia desarrollista promovieron de múltiples maneras el crecimiento de las universidades y de los centros científico-tecnológicos en los países subdesarrollados.
Todo este esfuerzo no dio los resultados esperables. ¿Por qué?. Porque se creyó ingenuamente que la formación de universitarios o la creación de centros de investigación provocan por sí mismos impactos significativos. Este enfoque fracasó en diversas regiones porque no se tuvieron en cuenta los contextos, los mecanismos de articulación y los factores culturales.
El modo de articulación de los productores de conocimiento y de los actores económicos y sociales aparece en los casos estudiados como un factor decisivo para el éxito, pero dicha articulación supone una decisión estratégica que toma en cuenta los contextos y los objetivos de una sociedad. Obviamente, la capacidad para llevar adelante tales políticas exige una cierta coherencia entre los fines, los medios y los contextos.
Los factores culturales forman parte al mismo tiempo de los fines y de los contextos que las clases dirigentes tienen que tomar en cuenta para viabilizar un proyecto de desarrollo fundado en el aprovechamiento intensivo de la educación, la ciencia y las innovaciones tecnológicas. El tema de los valores culturales y su relación con el progreso de la sociedad ha recobrado una cierta actualidad (10). Si bien no debemos omitir los factores económicos, políticos y sociales, resulta importante identificar los tipos de ideas y creencias que pueden influir en el modelo cultural de desarrollo.
Hemos señalado más arriba que la eficacia social de las universidades depende fundamentalmente del "modo de articulación" con la sociedad. Lo que podría interpretarse en el sentido de una estructura prefijada que trasciende los propósitos de los autores. Pensamos más bien que se trata de un dispositivo que depende en parte del sistema de ideas y creencias imperantes y de las políticas de conocimiento que la clase dirigente adopta. En este sentido, Jean Drèze y Jean Debelle, entre otros autores, intentaron mostrar cómo los distintos modelos universitarios fueron definidos por los fines que se propusieron (11).
Este enfoque podría ser tildado de idealista si no tuviera en cuenta que todo sistema social se compone de acontecimientos, de actores, de procesos, de ideas y de estructuras interactuando de manera compleja (12). A su vez, el sistema de ideas y creencias puede ser descrito de varias maneras (13). Por nuestra parte, proponemos distinguir los siguientes tipos de ideas y creencias que operan en el subsistema cultural:
a. la cosmovisión compartida con el conjunto de la humanidadb. el modelo cultural de cada sociedadc. los paradigmas científicos asumidos d. los modelos de conocimiento e. las ideologíasf. las creencias individuales
Obviamente, en el desarrollo de una sociedad intervienen otros factores. El mismo Hegel desde su modelo idealista no ignoraba esto cuando en la Introducción a la Filosofía de la Historia señala que la diferencia entre América del Norte y América del Sur intervienen la cultura ciudadana, el tipo de religiosidad, el modo de producción, el sistema político, la actitud frente a la industria o el modelo del poder. Por lo tanto, no deberíamos ignorar el contexto de mundialización, la relación entre los países centrales y los países periféricos, el peso del capital financiero, la organización social, el sistema de poder, etc.
El concepto de "complejidad" que propone Edgar Morin (14) tal vez permita comprender mejor las múltiples interacciones que operan en las sociedades actuales. Dentro del sistema-mundo la "noosfera" (15), o sea el ámbito de las ideas y creencias, constituye una dimensión importante. ¿Por qué? Porque en la economía actual los factores tradicionales de acumulación (fuerza, propiedad, capital, trabajo) se han relativizado frente al uso intensivo del conocimiento. Y también, porque el trabajo se ha intelectualizado y el capitalismo post-moderno ha incorporado al mercado de consumo la información y los bienes simbólicos. En suma, el nuevo paradigma de la economía de conocimiento intensivo revaloriza de manera particular la función de las ideas y creencias.
Confrontaciones en el mundo de las ideas
Los factores sociales no son permanentes ni determinantes. El voluntarismo contemporáneo nos ha enseñado que la política puede corregir las falencias culturales y que la gestión puede transformar la economía. A pesar del alto grado de verisimilitud que tienen las teorías reproduccionistas de la educación, como la de Bourdieu (16), lo propio del conocimiento es que no solo reproduce sino que también produce una sociedad (17). La forma en que esto acontece está ligado al tipo de ideas y creencias que los actores adoptan. Para ilustrar esto podemos presentar algunas de las alternativas que ofrecen las ideas y creencias actuales.
Cosmovisiones en pugna. En la dimensión de las representaciones compartidas por el conjunto de la humanidad diversas tendencias se disputan los contenidos de la cosmovisión que definen el sentido de la civilización actual. La "globalización" es una de ellas y su contrapartida es el movimiento "anti-globalización". También podríamos señalar las tendencias "mundialistas" confrontadas con los movimientos "étnicos", "nacionalistas" y "localistas".
Los movimientos ecologistas defienden como valor universal una idea de armonía con la naturaleza para oponerse a la civilización industrialista y consumista que impone el capitalismo. Cada una de estas opciones supone una actitud determinada frente al saber, la educación, la ciencia y la tecnología.
Otro aspecto significativo es la aparición de una conciencia planetaria y extraterrestre. La nueva cosmología transplanetaria impulsa en el imaginario colectivo el despliegue absoluto de todos los recursos científicos y tecnológicos. También podemos decir que, pese a las contradicciones existentes, todos los pueblos asumen la cultura tecno-científica como un aspecto distintivo de la civilización actual. Sin embargo, debido a los efectos perversos del desarrollo mundial asociado con el progreso científico-técnico han surgido movimientos opuestos al despliegue de la tecnología y la ciencia. La cultura "cyberpunk" expresa a través del cine y la literatura el viraje pesimista con escenarios futuros donde la degradación social coexiste con la invención de humanoides, seres biónicos y artefactos avanzados.
Cada uno de estos aspectos puede ser interpretado de diversas maneras. Mientras que muchos dan por sentado que la "globalización" es un "hecho" insuperable, tros consideran que es una mistificación. Se denuncia el carácter asimétrico de la globalización. Las empresas transnacionales pueden vender en todas partes su productos a un valor de mercado equivalente para la economía global, pero sus empleados no cobran igual salario por igual trabajo. Por otro lado, la globalización" económica o tecnológica requeriría lógicamente como su correlato un sistema político global que asegurara el control democrático de los ciudadanos mundiales sobre su espacio económico-tecnológico. En realidad, unos ven la "globalización" como internacionalización de los mercados, mientras que otros conciben la "mundialización" como una etapa hacia una comunidad mundial solidaria.
Esta cuestión ya estaba planteada en parte, a principios del siglo XIX a propósito de la mundialización de la economía capitalista que exigía una correlativa organización mundial de los trabajadores. En todo caso, la discusión sobre el carácter de la globalización-mundialización, es uno de los aspectos que tienden a definir la cosmovisión que podemos adoptar a nivel mundial. Otros aspectos significativos son también las actitudes que podemos adaptar frente al ecosistema (Cumbre de Río y de Kyoto), la existencia de un sistema jurídico transnacional (para juzgar violaciones a los derechos humanos, para regular los movimientos del capital financiero y de las transnacionales).
Los modelos culturales que se forman como parte de la identidad de los pueblos y comunidades contribuyen a definir actitudes singulares frente al conocimiento. Se suele indicar como un hecho evidente que los resurgimientos religiosos en todas partes están movilizando los actores sociales en variados sentidos: algunos de ellos rechazan formas de tolerancia e innovaciones de la vida moderna mientras que las grandes religiones monoteístas buscan coincidencias ecuménicas en torno a la idea de la dignidad humana y a los usos benéficos de los avances científicos.
Las luchas por la afirmación de las identidades culturales de los pueblos tienen múltiples manifestaciones en todos los continentes. Las guerras tribales, los conflictos interétnicos, las luchas autonomistas o regionalistas ocupan la escena en Europa, África, Asia y el Medio Oriente. La defensa de las identidades ancestrales interviene de diversas maneras en la forma en que cada comunidad desea apropiarse de los beneficios de la educación, la ciencia y la tecnología. Así parece recobrar vigencia una sentencia de la filosofía escolástica medieval: quod recipìtur ad modum recipiendum est.
¿Hasta qué punto los modelos culturales de las comunidades y de los pueblos podrán contrarrestar la avalancha cultural de los medios de comunicación de masas?. Muchos pensadores de diversas tendencias pronosticaron el triunfo aplastante de la homogeneización multimediática o de la sociedad de consumo capitalista. Sin embargo, la reivindicación de las identidades y de las diferencias culturales sigue siendo un tema central en la mayoría de los conflictos abiertos en el mundo.
Tensiones paradigmáticas. En el plano de los paradigmas científicos uno podría pensar que la universalidad está asegurada. Sin entrar a considerar las barreras culturales o religiosas que reprimen la difusión de ciertos paradigmas (como el de la evolución, la historicidad de los discursos o la explicación genética de los tipos humanos) encontramos también aquí tensiones importantes. La racionalidad científica se ha concebido a sí misma como un conocimiento universal y objetivo, pero ella misma contiene formas de saber y valores que no responden al contraste empírico o a la validez lógica (18).
El "cientificismo" de algunos autores excluye de la racionalidad al psicoanálisis, la fenomenología, la hermenéutica o el constructivismo. El neo-darwinismo ha dado lugar a una socio-biología y a un neo-liberalismo que tienden a naturalizar las relaciones sociales. Quien ha seguido los avatares del programa Genoma Universal habrá podido constatar la pugna no sólo de intereses económicos sino también de paradigmas contrapuestos en relación con la definición de la identidad humana y de la vida en general.
En torno a la idea de la naturaleza también se oponen paradigmas contrastantes. Los ecologistas fundamentalistas proponen una visión holística de la naturaleza donde el ser humano está comprendido con igual dignidad que los animales o las plantas (19). La comunidad científica suele tener una visión más operatoria y discreta de la materialidad. Por su lado, las teorías sistémicas o complejas tratan de superar las visiones positivistas y reduccionistas. Las políticas científicas y académicas de cada país están atravesadas por el predominio de determinados paradigmas en las diferentes disciplinas y comunidades académicas.
Los modelos de pensamiento. Las filosofías constituyeron durante mucho tiempo modelos de pensamiento que intentaban sintetizar la sabiduría proveniente de las culturas, los conocimientos científicos y los valores éticos. En la actualidad encontramos un estallido de interpretaciones y hasta la negación misma de los criterios de realidad y de verdad con el postmodernismo. Sin embargo, el pragmatismo y el racionalismo instrumental son los modelos dominantes de los países desarrollados. Lo que les confiere una ventaja estratégica en la capacidad para controlar los avances científicos y tecnológicos.
Durante las últimas décadas la filosofía se ha visto relegada sea a las discusiones epistemológicas y lingüísticas sea a la exégesis de autores, sea a la defensa dogmática de alguna ideología. Pero los avances espectaculares de las biotecnologías la invitan a redefinir el sentido de la vida. Las miserias y contradicciones mundiales incitan a repensar el sentido de la Historia. La mundialización obliga a revisar la supuesta universalidad de las ideas filosóficas occidentales.
La filosofía del progreso (el Iluminismo), el marxismo, el racionalismo moderno o el idealismo pretendieron en el siglo XIX definir el curso de la historia asignándole a los modelos de conocimiento un lugar decisivo. En la actualidad las filosofías adoptan posiciones escépticas, desencantadas o minimalistas. Su función orientadora tiende a ser reemplazada por los discursos nihilistas, sectarios, esotéricos o fundamentalistas. Esta situación puede ser al mismo tiempo el síntoma de la disolución de los modelos de pensamiento (como dicen los postmodernos) o el anuncio de nuevas visiones sobre la realidad, la verdad, la historia o la sociedad.
Las ideologías. Las ideologías han sido desde el siglo XIX la expresión teórica de los intereses de grupos, clases sociales y naciones. Pese a que varios autores (Daniel Bell, Fukuyama entre otros) han decretado el fin de las ideologías la manifestación de las mismas resulta evidente en las nuevas corrientes como el neo-liberalismo o en los nuevos movimientos sociales como el ecologismo, el feminismo, el autonomismo étnico y otros. Hay nuevos actores sociales y hay nuevas ideologías. Entre ellas, la que pretende presentarse como el "pensamiento único", o sea, el neo-liberalismo.
La comunicaciones de masas y el mundo virtual creado por Internet han modificado de varias maneras las relaciones entre los discursos ideológicos y las relaciones sociales. Salvo en las sociedades autoritarias y cerradas los individuos ya no están sujetos a un discurso único, ni a un territorio determinado. Los medios de comunicación y el ciberespacio relativizan o deslegitiman según los casos la autoridad o el valor de verdad de las ideologías. Aunque al mismo tiempo configuran de manera no explícita otras formas ideológicas (por ejemplo: el individualismo, el consumismo, el hedonismo o el narcisismo).
Las creencias. Por último, las creencias personales también influyen en las actitudes frente a la ciencia y la tecnología. Autores como Aldous Huxley (Un mundo feliz), George Orwell (1984) o Marcuse (El hombre unidimensional) creyeron que las condiciones tecnológicas y políticas llevaban a un alto grado de uniformidad de las creencias individuales. La idea del Big Brother vigilando hasta los aspectos recónditos de la vida personal se encuentra también en los análisis del disciplinamiento social por Michel Foucault (Vigilar y Castigar).
A pesar de estos anuncios apocalípticos no ha llegado el fin de la individualidad sino todo lo contrario. Las subjetividades se han vuelto "multifrénicas" como dice Kenneth Gergen (20) pero la valorización de las diferencias (individuales o grupales) no ha sucumbido frente a los procesos unificadores de la cultura de masas. Los movimientos religiosos, sectarios, culturales, ciudadanos, se han multiplicado como nunca. Los estudios de marketing reconocen la fragmentación y el carácter cada vez más electivo de los grupos de consumidores. Los individuos organizados o desorganizados, integrados o excluidos, conservan una gran capacidad de acción o de resistencia frente al Estado, el mercado o las instituciones. Por lo tanto, sus creencias en cuanto a los alcances de las ciencias y las tecnologías no pueden subestimarse como se ha hecho con mucha frecuencia.
Las políticas del conocimiento: el voluntarismo inteligente
El modo de articulación de los productores de conocimiento y de los actores sociales es uno de los aspectos que define la eficacia social de la educación y de la producción científica. Pero, además de los contextos, los actores, los procesos y las estructuras, la difusión de la racionalidad científica depende de manera especial del sistema de ideas y creencias que adoptan los actores. El nexo entre estos todos estos aspectos son las políticas del conocimiento concepto que ha sido ampliamente desarrollado por Paul de Bruyne (21).
Las "políticas del conocimiento" son invenciones típicamente contemporáneas y recientes. Suponen una sociedad y una clase dirigente capaces de analizar y orientar las condiciones para una utilización intencional de la ciencia y la tecnología de acuerdo a objetivos predeterminados.
El saber siempre ha tenido una cuota de poder desde que el ser humano comenzó a domesticar la Naturaleza en el período del Neolítico. En las sociedades contemporáneas donde el conocimiento ocupa un lugar determinante el control del saber se ha vuelto mucho más crucial. En otras palabras, las políticas del conocimiento se han convertido en condiciones fundamentales para la autonomía de los actores sociales. Como dice Jean Ladrière:
Si la tecno-ciencia puede aparecer como un destino es que ella se ha convertido en un desafío para la libertad. Y por eso mismo se ha vuelto un desafío político. Esto expresa la importancia mayúscula que la política de la ciencia y de la innovación tecnológica tiene en el Estado contemporáneo (22).
Desde el punto de vista teórico las políticas de conocimiento implican por lo menos dos cosas: por un lado, la voluntad de autorrealización a través del dominio del saber y por otro lado, la autoconciencia respecto de los procesos por los cuales se genera, organiza y distribuyen los conocimientos. La primera dimensión es de orden netamente político, la segunda supone una cultura epistemológica. Es lo que he tratado de mostrar en mi ensayo "Políticas de conocimiento, Educación Superior y desarrollo" (23).
Paul de Bruyne señala que diferentes lógicas orientan la actividad científica y tecnológica en los distintos sectores, incluyendo la universidad. ¿Cómo conjugar tal constelación de finalidades y prácticas tan diversas y a veces contradictorias?. Según el autor: Frente a los desafíos de la complejidad, la mediación entre lógicas rivales y la reducción de las incertidumbres constituyen los dos polos de la intervención pública. (op.cit. p.168)
La intervención del Estado no puede limitarse entonces obedecer las leyes del mercado ni a imponer centralizadamente la producción y distribución de los conocimientos. En la perspectiva histórica actual parece necesario fortalecer la "función inteligente" del Estado. Ahora bien, como lo señala Paul de Bruyne, esto implica replantear las concepciones precedentes sobre políticas científicas.
La regulación política del sistema de la ciencia y la tecnología exige capacidades complementarias de tres tipos: capacidades de análisis, de elección y de coordinación.
Las intervenciones públicas presuponen un conocimiento del conocimiento, de sus modos de adquisición y de las condiciones de producción. La política por lo tanto debe apoyarse en estudios multidisciplinarios que efectúen el diagnóstico de las ciencias y de las tecnologías. (op.cit., p.168)
Esto quiere decir que las políticas del conocimiento implican opciones de orden epistemológico, político, económico y cultural. Los responsables de programas científicos, tecnológicos y universitarios ni pueden limitarse a ser meros administradores ni pueden someterse a las tendencias dominantes. Por un lado, necesitan pensar de manera compleja para tomar en cuenta todos los factores en juego. Por otro, tienen que definir opciones estratégicas que aseguren el dominio de los conocimientos al servicio de las necesidades sociales.
Este planteo nos lleva a interrogarnos no sólo sobre las posibilidades de una "gestión científica" o "inteligente" del Estado sino también sobre la nueva cultura que impone en todos los ámbitos, privados o públicos, la expansión de las ciencias, de las tecnologías y de la educación superior. Lo cual podría entenderse como el desafío de la racionalidad a las culturas y el desafío de las culturas a la racionalidad.
Cultura y racionalidad
La racionalidad científica, cualquiera sea su forma de diseminación, no es ajena al estado del mundo. En otras palabras: "Si es verdad que la ciencia y la tecnología tienden a darse un tipo de crecimiento autónomo, hay que reconocer que su crecimiento se encuentra ampliamente condicionado por sus interacciones con el poder político (y con el poder económico, considerado en su función política) (24).
En el contexto actual los procesos de la globalización tienden a una homogeneización aparente, a un espacio único signado por las asimetrías sociales. Por otro lado, encontramos otro proceso contradictorio: las luchas contra las desigualdades e injusticias sociales, la reivindicación de las diferencias (de géneros, de estilo de vida, de culturas), la defensa de una sociedad abierta y pluralista, el retorno a las identidades ancestrales, las luchas étnicas, la afirmación del individualismo bajo múltiples formas, el renacimiento de las religiones y de las creencias míticas que parecían superados por la secularización.
En tanto la racionalidad científica y tecnológica aparezca asociada con la racionalidad económica dominante una parte significativa de la humanidad tenderá a rechazarla de diversas maneras. La universalidad del pensamiento científico se encuentra así confrontada con los usos del poder por un lado y con las actitudes de resistencia que provienen de las diferentes culturas y movimientos sociales (25).
La racionalidad científica, el mercado y las innovaciones tecnológicas parecen empujar de manera poderosa e irreversible a la superación de todo lo establecido. Las identidades sociales y culturales, por su parte, constituyen el contrapeso de los individuos o comunidades que se niegan a perder sus formas particulares de vincularse con la naturaleza, de establecer relaciones sociales o de aprehender el conocimiento.
La racionalidad científica y tecnológica ha permitido controlar en gran medida las fuerzas de la naturaleza, pero en cambio no ha permitido controlar los procesos sociales y entre ellos particularmente, los procesos económicos que definen el destino de la mayor parte de la humanidad. Este es el punto desde el cual Marx iniciara su crítica ideológica al capitalismo en el siglo XIX y desde el cual tentara a su vez fundamentar el socialismo como alternativa.
Habermas ha reprochado a la civilización actual el apoyarse en una idea instrumental de la racionalidad. Michel Foucault afirma que esta inclinación del saber científico hacia el lado del poder es algo inevitable. ¿Podemos imaginar pese a todo una humanización de la economía, de la ciencia y la tecnología?. Este es el gran interrogante que todavía queda pendiente luego de los fracasos del capitalismo, del comunismo y de otros movimientos históricos del siglo XX. Desde esta perspectiva la humanidad en los comienzos del Siglo XXI parece condenada a reinventar un proyecto histórico para lograr una sociedad justa.
Entre otros movimientos que buscan una salida el ecologismo integral ofrece una respuesta al mismo tiempo utópica y desesperada: hay que renunciar a la industrialización, volver a la naturaleza y frenar el crecimiento económico. Como los socialistas utópicos del siglo XIX piensan que lo que aliena al ser humano es la máquina o la empresa. Para los marxistas en cambio la cuestión se jugaba en torno a la supresión de la propiedad privada de los bienes de producción. Pero el fracaso de los países comunistas no ha dejado lugar para muchas ilusiones.
El capitalismo financiero y transnacional dominante solo podrá ser sometido a reglas de equilibrio y de equidad mediante un nuevo orden económico mundial que haga posible un desarrollo inteligente y solidario de la humanidad. Las Naciones Unidas han logrado coincidencias entre los actores mundiales en torno a una serie de principios éticos y políticos que constituyen un verdadero Código Internacional de Derechos Humanos. Pero en el contexto de aplicación estos principios no parecen haber contribuido a superar las desigualdades y las injusticias (26).
Una parte del destino de la humanidad se resuelve en torno a los sistemas de ideas y creencias con que los actores enfrentan el mundo. Los conflictos de racionalidades que aparecen a nivel de las ideas pueden ser tan decisivos como los conflictos que aparecen a nivel económico, militar o político. En el fondo, cada cultura enfrenta al mundo de una manera particular y esto es lo que hace que la globalización se manifieste de manera diferente en cada país.
Las innovaciones científico-tecnológicas transforman el mundo, pero también producen efectos desestructuradores. Como dice Ladrière: "Ahora bien, los mismos valores que llevan consigo la ciencia y la tecnología parecen incapacitarlas para fundamentar un destino. Estos valores contienen de hecho un aspecto de autonomía que exalta, sin duda, el dominio del hombre, pero al mismo tiempo lo desliga de toda inherencia" (27).
Por lo tanto, las fuentes para orientar las acciones económicas, científicas y tecnológicas deben encontrarse en los valores culturales. En palabras del mismo autor: "los elementos verdaderamente unificadores, los valores más fundamentales que sostienen, justifican e inspiran a todos los demás, dependen estrechamente de las concepciones relativas al destino del hombre" (28).
El mundo de las ideas tiene pues una presencia histórica que las apariencias no nos dejan imaginar. Pero, ¿en qué sentido?. No como lo pensó Platón, ni tampoco como la cadena de hipótesis y refutaciones que para Popper constituye el núcleo de la evolución humana (o su teoría del "tercer mundo"). En una época donde las nociones de "realidad" y de "verdad" se han vuelto problemáticas al punto que "todo lo real parece virtual" y "todo lo virtual parece real" (29) no resulta fácil definir cuáles son las interacciones eficaces que se establecen entre las ideas y las prácticas sociales.
La articulación de la ciencia, la tecnología y la cultura exige una cierta coherencia. De esta depende también el éxito de todo intento de aprovechar exitosamente los conocimientos en función de las necesidades del desarrollo económico-social. En palabras de Ladrière: "La mediación de la acción sólo es posible, según parece, si existen ciertas condiciones de compatibilidad. No sólo es preciso eliminar la contradicción pura y simple, sino que hay que asegurar una complementaridad susceptible de proporcionar a la acción la máxima coherencia. Para que las contribuciones procedentes del sistema científico-técnico lleguen a ser compatibles con las que provienen del sistema cultural, es preciso que este último acepte incluir en él unas exigencias críticas de algun modo equivalentes a aquellas de las que el espíritu científico da ejemplo" (30).
Desde nuestro punto de vista es la educación, y sobre todo la universidad, el ámbito donde deberían sintetizarse los elementos de la cultura y de la ciencia. Ahora bien, se puede observar que en una gran cantidad de instituciones universitarias estos dos aspectos están disociados o simplemente ausentes. En América Latina, como en África y otras regiones, esta disociación contribuye a consolidar o profundizar los efectos desintegradores que provienen del sistema económico y social. En muchas partes, por otro lado, las universidades sienten amenazada la cultura académica y el pensamiento científico por la mercantilización de las nuevas tecnologías de la enseñanza (Internet, enseñanza virtual, bibliotecas virtuales).
Al estudiar los análisis de Jean-Paul Sartre en su "Crítica de la razón dialéctica" descubrimos como un aspecto importante la confrontación entre los fines de la acción humana y la inercia social (31). La alienación de la praxis humana constituye una amenaza permanente. Ni la naturaleza ni la historia ni las estructuras sociales aseguran por sí mismas la coherencia entre nuestras intenciones y nuestros actos. Por eso, la búsqueda de una sociedad justa, de una democracia verdadera, no se logra sin la autoconciencia de las posibilidades objetivas y sin una actitud activa de los individuos.
La civilización actual ofrece muchas interpretaciones en cuanto al destino del conocimiento y de la acción humana. Ella misma es el testimonio de lo que las ideas, los valores y las luchas sociales han podido lograr en el proceso de transformación del mundo. La racionalidad científico-tecnológica ha llevado a su apogeo la voluntad creadora del ser humano. Sin embargo, el desafío que tienen por delante las culturas es el mismo que los dioses encontraron en el mito de Prometeo: hacer que el dominio del conocimiento sea acompañado por una cultura política que asegure la convivencia justa entre los seres humanos.
Referencias bibliográficas:
1. UNESCO, El desarrollo por la ciencia, Paris, 1970, p. 35.2. D. Berstecher; J. Drèze, J. Ladrière y otros, L'luniversité de demain, Elsevier Séquoia, Bruxelles, 1974, p. 47.3. A. Pérez Lindo, Universidad, política y sociedad, Eudeba, Buenos Aires, 19854 Jorge Sábato, El pensamiento latinoamericano en la problemática ciencia-tecnología-desarrollo-dependencia, Paidós, Buenos Aires, 19755. B. R. Clark, El sistema de educación superior, Nueva Imagen, México, 19916. M. Porter, La ventaja competitiva de las naciones, Vergara, Buenos Aires, 19917. S. Stroumiline, "The Economic Significance of National Education", in: E. Robinson: J. Vaizey (eds.), The Economic of Education, Mac Millan, London, 19668. E. Denison, Why Growth Rates Differ? Postwar Experience in Nine Westerns Countries, The Brooking Institution, Washington, 19679. T. Schultz, "Education and Economic Growth", in: National Society for the Study of Education, Forces Influencing American Education, Chicago, 196110. Cfr. S. Huntington; L. Harrison, La cultura es lo que importa. Cómo los valores dan forma al progreso humano, Planeta, Buenos Aires,200111. Cfr. J. Drèze; J. Debelle, Conceptions de l'Université, Editions Universitaires, Paris, 196812. Cfr. A. Pérez Lindo, Mutaciones. Escenarios y filosofías del cambio de mundo, Biblos, Bs.As., 1997, Cap. I13. Cfr. Jean Ladrière, Les enjeux de la rationalité, Aubier/Unesco, Paris, 1977, p. 8914. E. Morin, Introducción al pensamiento complejo, Gedisa, Barcelona, 199415. Cfr. E. Morin, La Méthode. 4. Les idées, Editions du Seuil, 199116. P. Bourdieu; Passeron, J-C, La réproduction, Minuit, Paris, 197017. A. Petitat, Production de l'êcole - production de la société, Droz, Genève, 198218. Cfr. Jean Ladrière, Les enjeux de la rationalité, op.cit. , Chap. I19. Cfr. Luc Ferry, El nuevo orden ecológico, Tusquets, Barcelona, 199420. K. Gergen, El yo saturado. Dilemas de la identidad en el mundo contemporáneo, Paidós, Barcelona, 199221. Paul de Bruyne, Politique de la connaissance. Analyse des enjeux et décisions, De Boek, Bruxelles, 198822. Cfr. P. de Bruyne, ob.cit. Préface, p. 723. A. Pérez Lindo, Políticas del conocimiento, Educación Superior y desarrollo, Biblos, Bs.As., 199824. J. Ladrière, El reto de la racionalidad, Unesco/Sígueme, Salamanca, 1978, pp.79-8025. Cfr. A. Pérez Lindo, Mutaciones. Escenarios y filosofías del cambio de mundo, Biblos, Bs.As., 199726. Cfr. Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Informe sobre desarrollo humano 2000, Mundi-Prensa, Madrid, 200027. J. Ladrière, El reto de la racionalidad, ob.cit. p. 12128. J. Ladrière, ibid. P.12129. Cfr. A. Pérez Lindo, Nuevos paradigmas y cambios en la conciencia histórica, Eudeba, Bs.As., 199830. J. Ladrière, El reto de la racionalidad, ob.cit., pp. 182-18331. Cfr. A. Pérez Lindo, Acción e inercia social en el existencialismo dialéctico de J.P. Sartre, Ediciones del Signo, Bs.As., 2001.

*Augusto Pérez Lindo es profesor titular de Filosofía de la Universidad de Buenos Aires. Doctorado en la Universidad Católica de Lovaina, fue investigador del Instituto de Sociología de la Universidad Libre de Bruselas y secretario general académico de las universidades nacionales del Sur y de Comahue. Es miembro del comité científico de la revista internacional Éducation et Société (París) y asesor técnico de la maestría en Gestión Universitaria de la Universidad Nacional de Mar del Plata. En la actualidad dirige un proyecto de investigación (UBACyT) sobre las políticas del conocimiento y los cambios del currículum universitario. Con varios libros publicados a lo largo de su vasta trayectoria, su último trabajo fue: "Políticas del conocimiento, educación superior y desarrollo". Esta nota fue elaborada por Claudio Fabián Clementín
(en El Príncipe www.elprincipe.com)

El nuevo revisionismo japonés

Contar la historia que el público quiere escucharEl fracaso en pretender controlar la versión nacionalista de la historia en los manuales escolares está siendo compensado con su exitoso predominio en las historietas, cuyos lectores se deleitan con la historia contada por Yoshinori Kobayashi, quien apela a un nuevo orgullo nacional.
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Desde hace 10 años se abate sobre Japón una ola "revisionista", que rechaza con virulencia la versión de la historia nacional que pone el acento sobre las responsabilidades del país en la "guerra de la Gran Asia" (1930-1945). Un expansionismo que se inició con la anexión de Taiwán en 1895 y de Corea en 1910 y después con la creación del Estado títere de Manchukuo en 1931 1.
Favorecido por cierto eco en parte de la gran prensa, el revisionismo trata de imponerse en el mercado de los manuales escolares después de haber penetrado con fuerza en el de las historietas (manga), medio de masas por excelencia.
Esta penetración del revisionismo en la historieta se inscribe en una ofensiva más general. La derecha japonesa siempre se resistió a una visión "culpabilizadora" del pasado, oponiéndose de manera permanente a la idea de agresión y negando (o minimizando) las atrocidades cometidas por el ejército imperial. Desde mediados de los años ´50 logró reintroducir un control sobre el contenido de los manuales escolares por parte del ministerio de Educación, con el fin de oponerse al sindicato de docentes, orientado a la izquierda.
La batalla por el contenido de estos manuales continúa; del lado de los oponentes a la "censura", lo hace a través del profesor Saburo Ienaga, a quien el Tribunal Supremo acabó por dar parcialmente la razón en 1997... treinta y dos años después de haber planteado un recurso ante la justicia. Después de un primer intento de los "revisionistas" por entrar en este lucrativo mercado, el segundo fue rechazado también: en agosto, los 542 comités educativos encargados de elegir los manuales del segundo ciclo escolar para las circunscripciones regionales de las que son responsables rechazaron casi por unanimidad el manual revisionista 2.
En contrapartida, el revisionismo entró ostensiblemente en el mundo de la historieta con Yoshinori Kobayashi, cuyos álbumes apelan a un "nuevo orgullo" (shin gomanizumu), neologismo recurrente de sus publicaciones, que tienen un enorme éxito.
Kobayashi no es el único que utiliza los manga como soporte de mensajes políticos. Desde los manga proletarios de la década de 1920 y posteriores a la guerra, dedicados a los trabajadores y a los oprimidos, a los manga protestatarios de la década de 1960 (época de las grandes luchas sociales contra el tratado de seguridad estadounidense-japonés, seguida de las revueltas estudiantiles), que presentaban la historia nacional en términos de lucha de clases, la historieta nipona atravesó diversos períodos de "compromiso".
El género declinó con el reflujo ideológico de la década de 1970, pero la historieta siguió siendo el vehículo para relatos de hermosas páginas de historia, como la obra monumental (por su volumen y su calidad) de Natsu Sekikawa y Jiro Taniguchi "La época de Botchan" (Botchan no jidai), que traza los retratos de las grandes figuras de principios del siglo XX como si fuesen personajes familiares.
La segunda guerra mundial aparece en la historieta de la década de 1960 con grandes clásicos pacifistas: "Afectado por la lluvia negra" (Kuroi ame ni utarete) y "Gen descalzo" (Hadashi no Gen) de Keiji Nakazawa o "Diario de huida" (Ha no ki) de Shigeru Mizuki.
A principios de la década de 1990, ciertos manga "coquetearon" con temas espinosos, como el estatuto de las fuerzas de autodefensa en "Flota silenciosa" (Chinmoku no kantai), de Kaiji Kawaguchi, en la que un comandante japonés de submarino lo declara territorio independiente. Pero el revisionismo cobra solidez con Yoshinori Kobayashi, quien a partir de 1995 publica el "Manifiesto por un nuevo orgullismo" en el bimensual Sapio.
Kobayashi, de 48 años, ya era conocido. Debía su fama a una carrera de contestatario: a comienzos de los noventa denunció al Estado en el caso de la sangre contaminada que infectó a los hemofílicos; después, a la secta Aum shinri kio (responsable del atentado con gas sarin en el metro de Tokio, en marzo de 1995). Hacia mediados de los noventa se unió a la corriente revisionista constituida en torno a la Escuela para una Visión Liberal de la Historia, dirigida por el profesor de pedagogía de la universidad de Tokio, Nobukatsu Fujioka. También es miembro de la Asociación para la Renovación de los Manuales de Historia, formada en 1997 en torno a Nanji Nishio, germanista conocido por su xenofobia antioccidental. Kobayashi es un comentarista estrella de la televisión y le gusta jugar a la provocación defendiendo sus posiciones con la labia de un vendedor.
Después de la guerra del Pacífico, Kobayashi tomó Taiwán como tema de su serie del "nuevo orgullismo". Traducido al chino en febrero, su último álbum "De Taiwán" (Taiwan ron) le costó ser declarado persona non grata en la isla durante algunas semanas. Las autoridades de Taipei percibieron como una "ofensa" su elogio de la colonización de Taiwán por Japón (1895-1945).
Varias razones explican el éxito de las historietas de Kobayashi, así como el de los libros de sus amigos revisionistas, como "Lo que no nos enseñan los manuales de historia" (Kyokasho ga oshienai rekishi) de Nobukatsu Fujioka. En primer lugar, un fortalecimiento de la derecha nacionalista, que desde el final de la guerra fría ya no duda en aparecer a plena luz. Además de contar con políticos e intelectuales, está sostenida por parte de los medios de negocios y sectas religiosas y se beneficia con la tribuna de diarios como el Sankei.
Detrás de la rehabilitación del pasado destinada a restaurar en la generación joven un "sentido de la Nación" que al parecer ha perdido, mediante una exaltación de la superioridad de la civilización japonesa, se perfilan objetivos que desbordan las polémicas sobre la historia: especialmente la revisión de la Constitución, y en particular de su artículo 9, que prohíbe a Japón el recurso a la guerra y veta su participación en un sistema de defensa regional colectiva.
El revisionismo se aprovecha de un clima de inquietud difuso provocado por una crisis económica cuyo costo social apenas empieza a hacerse sentir. Parte de la opinión pública se muestra receptiva ante su mensaje: una rehabilitación del pasado que permita replegarse sobre los valores tradicionales de un "bello Japón" y resistir al mismo tiempo a la mundialización, afirmando una especificidad cultural que siempre fue el discurso refugio de Japón desde su apertura en el siglo XIX.
Los revisionistas, como buenos populistas, saben responder al atractivo que ejerce sobre los japoneses la historia "contada": la novela histórica constituye un filón literario popular, como lo demuestra el enorme éxito de Ryutaro Shiba (muerto en 1996), inteligente explorador de la memoria nacional. Sin alcanzar nunca (ni de lejos) la calidad de las grandes novelas históricas, las historietas de Kobayashi abundan en anécdoctas que fascinan al gran público.
Lo que actualmente se echa de menos en Japón, cuyos historiadores han explorado las páginas más sombrías del pasado nacional, es una historia destinada al gran público capaz de medirse con un negacionismo que tiende a predominar en el mercado mediático.
Estado vasallo creado por Japón en Manchuria, al frente del cual puso al ex emperador de China, Pu-yi. A. Nanta, "L´actualité du révisionisme historique au Japon", Ebisu, Nº 26, primavera-verano de 2001. Philippe Pons Periodista.
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© Le Monde diplomatique

2/10/08

Francis Fukuyama: El hombre que mató a la historia

Francis Fukuyama: El hombre que mató a la historia
Francis Fukuyama habló con Newsweek sobre este particular momento de la historia. Un reportaje imprescindible al hombre que habló del fin de la Historia. En 1992, Francis Fukuyama, historiador y filósofo japonés-estadounidense de segunda generación, publicó un controvertido tratado titulado “El fin de la historia”, donde afirmaba que la antigua lucha de ideologías políticas había terminado y que la democracia liberal era la vencedora. Pero los últimos 16 años, con el repunte del autoritarismo ruso, el colosal crecimiento económico chino y el fracaso de los ideales neoconservadores en Irak, han puesto en duda la premisa de Fukuyama, quien habló con nuestro corresponsal Matthew Philips. Extractos:
¿Todavía sostiene la tesis que propuso en “El fin de la historia”?FUKUYAMA: La premisa básica sigue vigente. El problema con la comprensión popular de la tesis es que la historia sólo representa acontecimientos, cuando en realidad la hipótesis aborda mucho más, como la evolución de la sociedad humana, la dirección que seguimos y el posible destino final en términos de formas de gobierno. Así que, no obstante el resurgimiento autoritario de Rusia y China, la democracia liberal sigue siendo la única forma legítima de gobierno que goza de aceptación universal. Por supuesto, varios grupos renunciaron a ella, pero sigo convencido de que a la larga los sistemas democráticos son los únicos viables.- ¿Esto no contradice su tesis de que Estados Unidos podría estar en su ocaso y que la democracia liberal recibió un fuerte golpe en Irak?- Jamás me vinculé específicamente con la hegemonía estadounidense. De hecho, la Unión Europea representa mejor esos ideales. El poder relativo de Estados Unidos frente al mundo está decayendo debido al desarrollo de otros centros de poder, cosa ciertamente prevista. Lo que cambió es la idea misma de la democracia como algo positivo, es decir, asegurar la democracia en todas las naciones; eso lo debemos a Bush, que explotó el concepto como argumento para su guerra contra el terrorismo. En consecuencia, el mundo asocia el concepto de democracia con la administración de Bush, y Vladimir Putin puede decir: “No nos interesa la democracia”.- En 1992 manifestó un gran optimismo en cuanto a Rusia. ¿Cambió su sentir?- Lo que ocurre en Rusia es un asunto generacional. Los jóvenes que desarrollaron conciencia en la década de 1990 asocian negativamente el período posterior al colapso de la Unión Soviética. Aunque disfrutan del creciente consumismo, perciben aquella década como una era de humillación nacional, de debilidad, caos y retroceso frente al exterior. Al no haberla vivido directamente, tienen nostalgia de la fuerza soviética y en eso se apoya Putin. Hay que preguntar a esa generación si realmente quiere sacrificar la posibilidad de viajar por Europa en aras de dominar Ucrania y Georgia.- ¿Considera que esas dos naciones deben ingresar en la OTAN?- Sí, y creo que merecen la seguridad de que enviaremos fuerzas para defender a los miembros de la OTAN. Pero es ilusorio suponer que Estados Unidos procederá de esa manera en alguno de los dos casos. Tenemos más que suficiente con la protección de Polonia y los Estados del Báltico, y frente a la nueva agresividad de Rusia. En las condiciones actuales, es absurdo que defendamos fronteras que Rusia reclama con tal insistencia. Tenemos que abstenernos de hacer compromisos militares que no podremos cumplir.- Al parecer, se apartó mucho de su anterior tendencia neoconservadora.- La abandoné hace años. Siempre analicé la historia desde la perspectiva marxista: la democracia es consecuencia de un vasto proceso de modernización que ocurre en todos los países. Los neoconservadores creen que el uso del poder político puede acelerar el cambio, pero a la larga, el cambio depende de la sociedad misma.- ¿Así pensaba en 1992?- El proceso es más largo y arduo de lo que creía entonces. Entiendo mejor que la democracia se fundamenta en instituciones difíciles de establecer, sobre todo el estado de derecho. Otro elemento importante que no visualicé en 1992 es que Estados Unidos se volvería tan controvertido y dañino para la perspectiva de la democracia.- ¿Cuánto tiempo hará falta para corregir la situación?- Quizá una década de esfuerzos de reconstrucción. Sin embargo, es posible porque mi tesis subyacente, que las sociedades democráticas son necesarias, conserva su vigor.- ¿Opina que Estados Unidos debería volver a enfocarse sólo en asuntos internos?- No considero que deba retroceder su participación internacional. Hay muchos problemas en la escala global, hicimos muchos compromisos y debemos cumplirlos. En su mayoría, sería preferible recurrir al poderío no militar, así que me parece necesario volver a enfatizar el uso del poder blando estadounidense.-Dijo que China es un reto mayor que Rusia.- Hay dos opciones. Podemos construir una barrera de contención contra China, cosa que han sugerido mis amigos neoconservadores, o tratar de asimilar a los chinos en tantas instituciones globales como sea posible, como la OMC. La mejor solución es la segunda, sobre todo si imaginamos el mundo a 20 años, cuando China tenga el mismo tamaño que Estados Unidos. Newsweek Argentina

23/8/08

HISTORIA A DEBATE

Después de ocho años de contactos, reflexiones y debates, a través de congresos, encuestas y últimamente Internet, hemos sentido la urgencia de explicitar y actualizar nuestra posición en diálogo crítico con otras corrientes historiográficas, asimismo desarrolladas en la última década del siglo XX: (1) el continuismo de los años 60-70, (2) el posmodernismo, y (3) el retorno a la vieja historia, la última "novedad" historiográfica.
Estamos viviendo una transición histórica e historiográfica de resultados todavía inciertos. Historia a Debate como tendencia historiográfica quiere contribuir a la configuración de un paradigma común y plural de los historiadores del siglo XXI que asegure para la historia y su escritura una nueva primavera. A tal fin hemos elaborado 18 propuestas metodológicas, historiográficas y epistemológicas, que presentamos a los historiadores y a las historiadoras del mundo para su debate y, en su caso, adhesión crítica y posterior desarrollo.
METODOLOGÍA
ICiencia con sujeto
Ni la historia objetivista de Ranke, ni la historia subjetivista de la posmodernidad: una ciencia con sujeto humano que descubre el pasado conforme lo construye.
Tomar en consideración las dos subjetividades que influyen en nuestro proceso de conocimiento, agentes históricos e historiadores, es la mejor garantía de la objetividad de sus resultados, necesariamente relativos y plurales, por lo tanto rigurosos.
Ha llegado la hora de que la historia ponga al día su concepto de ciencia, abandonando el objetivismo ingenuo heredado del positivismo del siglo XIX, sin caer en el radical subjetivismo resucitado por la corriente posmoderna a finales del siglo XX.
La creciente confluencia entre las "dos culturas", científica y humanística, facilitará en el siglo que comienza la doble redefinición de la historia, como ciencia social y como parte de las humanidades, que necesitamos.
IINueva erudición
Somos partidarios de una nueva erudición que amplíe el concepto de fuente histórica a la documentación no estatal, a los restos no escritos de tipo material, oral o iconográfico, a las no-fuentes: silencios, errores y lagunas que el historiador y la historiadora ha de valorar procurando también la objetividad en la pluralidad de las fuentes.
Una nueva erudición que se apoye con decisión en el conocimiento no basado en fuentes que aporta el investigador. La historia se hace con ideas, hipótesis, explicaciones e interpretaciones, que nos ayudan además a construir/descubrir las fuentes.
Una nueva erudición que vaya más allá de la historiografia renovadora de los años 60 y 70 incorporando la nueva relación con las fuentes aportada por la historia de las mujeres, la historia oral, la historia ecológica, la historia mundial/global y otras novedades productivas surgidas o desarrolladas en los años 80 y 90, así como la "nueva historiografía" que está naciendo en Internet y de la cual formamos parte.
Una nueva erudición que, reconociendo que el necesario trabajo empírico no decide la verdad histórica más que a través de las comunidades de historiadores, desenvuelva el debate y el consenso en ámbitos colectivos.
Una nueva erudición, en suma, que nos permita vencer el "giro positivista" y conservador a que nos ha conducido, recientemente, la crisis de las grandes escuelas historiográficas del pasado siglo, y que amenaza con devolver a nuestra disciplina al siglo XIX.
IIIRecuperar la innovación
Urge un nuevo paradigma que recobre el prestigio académico y social de la innovación en los métodos y de los temas, en las preguntas y en las respuestas, en resumen, en la originalidad de las investigaciones históricas. Una nueva historiografía que mire hacia adelante y que devuelva al oficio de historiador el entusiasmo por la renovación y por los compromisos historiográficos.
Brotarán nuevas líneas de investigación si pensamos con nuestra propia cabeza: considerando que nada histórico nos es ajeno; avanzando mediante el mestizaje y la convergencia de los métodos y de los géneros; llenando los odres viejos con vino nuevo, desde la biografía hasta microhistoria; prestando atención a las necesidades científicas y culturales, sociales y políticas, de una sociedad sujeta a una profunda transformación.
La historiografía del siglo XXI precisa de la ilusión y de la realidad de enfoques auténticamente innovadores si no quiere quedar convertida, como la mujer de Lot, en una estatua de sal.
IVInterdisciplina
La nueva historiografía que proponemos ha de acrecentar la interdisciplinariedad de la historia, pero de manera equilibrada: hacia adentro de la amplia y diversa comunidad de historiadores, reforzando la unidad disciplinar y científica de la historia profesional; y hacia afuera, extendiendo el campo de las alianzas más acá y más allá de las ciencias sociales clásicas.
Es menester tender puentes que comuniquen el vasto archipiélago en que se ha convertido nuestra disciplina en las últimas décadas. Al mismo tiempo, la historia ha de intercambiar métodos, técnicas y enfoques, además de con las ciencias sociales, con la literatura y con la filosofía (de la historia y de la ciencia, sobre todo), por el lado de las humanidades, y con las ciencias de la naturaleza, por el lado de las ciencias. Sin olvidar las disciplinas emergentes que tratan de las nuevas tecnologías y de su impacto transformador en la sociedad, la cultura, la política y la comunicación.
Aprendiendo de experiencias pasadas, tres son los caminos que hay que eludir, en nuestra opinión, para que la interdisciplinariedad enriquezca a la historia: 1) perseguir una imposible "ciencia social unificada" alrededor de cualquiera otra disciplina, sin menoscabo del máximo desarrollo interdisciplinar tanto individual como colectivo; 2) hacer del diálogo historia-ciencias sociales la receta mágica de la "crisis de la historia", que nosotros entendemos como cambio de paradigmas; 3) diluir la historia en tal o cual disciplina exitosa, como nos proponen hoy en día los narrativistas extremos en relación con la literatura.
VContra la fragmentación
El fracaso de la "historia total" de los años 60 y 70 abrió la vía a una fulgurante fragmentación de temas, métodos y escuelas, acompañada de crecimiento y caos epistemológico, que pareció detenerse en los años 90 y resulta cada vez más anacrónica en el mundo que viene, basado en la interrelación y la comunicación global.
Nuestra alternativa es avanzar, en la práctica historiográfica, nuevas formas de globalidad que hagan converger la investigación histórica atravesando espacios, géneros y niveles de análisis.
Para hacer posible una historia a secas, integral, hay que experimentar, pues, iniciativas de investigación que adopten lo global como punto de partida, y no como "horizonte utópico": líneas mixtas de estudio en cuanto a fuentes y temas, métodos y especialidades; incorporación a la historia general de los paradigmas especializados más innovadores; combinar enfoques cualitativos y cuantitativos; articular temporalidades (que engloben presente y futuro) y escalas diversas; escrutar la globalidad a través de conceptos y métodos, aún potencialmente abarcantes, como mentalidad y civilización, sociedad, red y cambio social, narración y comparación, y crear otros nuevos; indagar la historia mundial como un nuevo frente de la historia global; servirse de las nuevas tecnologías para trabajar a la vez con escritos, voces e imágenes, juntando investigación y divulgación; impulsar la reflexión y el debate, la metodología y la historiografía, como terreno común a todas las especialidades históricas y punto de contacto con otras disciplinas.
HISTORIOGRAFÍA
VITarea historiográfica
Sabiendo como sabemos que el sujeto influye en los resultados de la investigación, se plantea la necesidad de indagar al propio historiador en aras de la objetividad histórica. ¿Cómo? Procurando integrar los individuos en grupos, escuelas y tendencias historiográficas, implícitas y explícitas, que condicionan, se quiera o no, la evolución interna de la historia escrita. Estudiando a los historiadores y a las historiadores por lo que hacen, no sólo por lo que dicen; por su producción, no sólo por su discurso. Aplicando, con matices, tres conceptos clave de la historia de la ciencia pospositivista: el ‘paradigma’ como conjunto de valores compartidos; la "revolución científica" como ruptura y continuidad disciplinar; la ‘comunidad de especialistas’ por su poder decisorio, a su vez condicionada por el entorno social, mental y político. Practicando, en conclusión, una historiografía inmediata que procure ir por delante de los acontecimientos históricos que inciden en los cambios historiográficos que estamos viviendo.
VIIHistoriografía global
El agotamiento de los focos nacionales de renovación del siglo XX ha dado paso a una descentralización historiográfica inédita, impulsada por la globalización de la información y del saber académico y superadora del viejo eurocentrismo. La iniciativa historiográfica está hoy más al alcance de todos. El auge, por ejemplo, de una historiografía latina crítica y de una historiografía poscolonial, lo demuestran. Las comunidades transnacionales de historiadores, organizadas en Internet, juegan ya un papel importante en la formación de nuevos consensos en detrimento del anterior sistema de dependencia de unas historiografías nacionales de otras y de intercambios académicos elitistas, jerárquicos y lentos.
No entendemos la globalización historiográfica como un proceso uniformador, pensamos y ejercemos la historia, y la historia de la historia, como docentes e investigadores, en diferentes ámbitos superpuestos e interrelacionados: local, regional, nacional, continental e internacional/global.
VIIIAutonomía del historiador
Conforme los proyectos colectivos del siglo XX fueron entrando en decadencia, sin ser todavía reemplazados por un nuevo paradigma común, ha crecido de manera exagerada la influencia del mercado editorial, de los grandes medios de comunicación y de las instituciones políticas, en la escritura de la historia, en la elección de temas y métodos, en la formulación de hipótesis y conclusiones, con un sentido cada vez más evidente de promoción de la vieja historia de los "grandes hombres".
Recuperar la autonomía crítica de los historiadores y de las historiadoras respecto de los poderes establecidos para decidir el cómo, el qué y el por qué de la investigación histórica nos exige: reconstruir tendencias, asociaciones y comunidades que giren sobre proyectos historiográficos, más allá de las convencionales áreas académicas; utilizar Internet como medio democrático y alternativo de comunicación, publicación y difusión de propuestas e investigaciones; observar la evolución de la historia inmediata, sin caer en el presentismo, para captar las necesidades historiográficas, presentes y futuras, de la sociedad civil local y global.
IXReconocer tendencias
La vía más nociva para imponer la propia tendencia historiográfica, normalmente conservadora, es negar que existan o que deban existir tendencias historiográficas. El imaginario individualista, los compartimentos académicos y las fronteras nacionales, ocultan lo que tenemos de común, muchas veces sin saberlo o sin decirlo: por formación, lecturas, filiaciones y actitudes. Somos partidarios y partidarias, en consecuencia, de sacar a la luz las tendencias actuantes, más o menos latentes, más o menos organizadas, para clarificar posiciones, delimitar debates y facilitar consensos. Una disciplina académica sin tendencias, discusión y autoreflexión, está sujeta a presiones extra-académicas, con frecuencia negativas para su desarrollo. El compromiso historiográfico consciente nos hace, por lo tanto, libres frente a terceros, rompe el aislamiento personal, corporativo y local, favorece el reconocimiento público y la utilidad científica y social de nuestro trabajo profesional.
XHerencia recibida
Nos oponemos a hacer tabla rasa de la historia y de la historiografía del siglo XX. El reciente retorno de la historia del siglo XIX hace útil y conveniente rememorar la crítica de que fue objeto por parte de Annales, el marxismo y el neopositivismo, aunque justo es reconocer también que dicho "gran retorno" pone en evidencia el fracaso parcial de la revolución historiográfica del siglo XX que dichas tendencias protagonizaron. El imprescindible balance, crítico y autocrítico, de las vanguardias historiográficas no anula, por consiguiente, su actualidad como tradiciones necesarias para la construcción del nuevo paradigma. Porque simbolizan el "espíritu de escuela" y la militancia historiográfica, así como el ejemplo de una historia profesional abierta a lo nuevo y al compromiso social, rasgos primordiales que habremos de recuperar ahora en otro contexto académico, social y político, con unos medios de comunicación muy superiores a los existentes en los años 60 y 70 del ya pasado siglo.
XIHistoriografía digital
Las nuevas tecnologías están revolucionando el acceso a la bibliografía y a las fuentes de la historia; desbordando las limitaciones del papel para la investigación y la publicación; posibilitando nuevas comunidades globales de historiadores. Internet es una poderosa herramienta contra la fragmentación del saber histórico si se utiliza de acuerdo con su identidad y posibilidades, esto es, como un forma interactiva de transmitir información instantánea de manera horizontal a una gran parte del mundo.
Según nuestro criterio, la historiografía digital ha de seguir siendo complementada con libros y demás formas convencionales de investigación, difusión e intercambio académicos, y viceversa. Este nuevo paradigma de la comunicación social no va a reemplazar, en consecuencia, las actividades presenciales y sus instituciones seculares, pero formará parte de una manera creciente de la vida académica y social real.
La generalización de Internet en el mundo universitario, y en el conjunto de la sociedad, así como la educación informática de los más jóvenes irán imponiendo esta nueva historiografía como factor relevante de la inacabada transición paradigmática entre el siglo XX y el siglo XXI.
XIIRelevo generacional
En la segunda década de este siglo tendrá lugar un considerable relevo generacional en el cuadro de profesores e investigadores a causa de la jubilación de los nacidos después de la II Guerra Mundial. ¿Supondrá esta transición demográfica la consolidación de un cambio avanzado de paradigmas? No lo podemos asegurar.
La generación del 68 fue más bien una excepción. Entre los estudiantes universitarios actuales contemplamos parecida heterogeneidad historiográfica e ideológica que el resto de la academia y de la sociedad. Podemos encontrarnos con historiadores e historiadoras mayores que siguen siendo renovadores, y jóvenes con conceptos decimonónicos del oficio de historiador y de su relación con la sociedad. Nuestra responsabilidad como formadores de estudiantes que serán mañana profesores e investigadores es, a este respecto, capital. Nunca fue tan crucial continuar explicando la historia con enfoques avanzados -también por su autocrítica- desde la enseñanza primaria y secundaria hasta los cursos de posgrado. La historia futura estará condicionada por la educación que reciben aquí y ahora los historiadores futuros: nuestros alumnos.
TEORÍA
XIIIHistoria pensada
Es esencial para el historiador pensar el tema, las fuentes y los métodos, las preguntas y las respuestas, el interés social y las implicaciones teóricas, las conclusiones y las consecuencias, de una investigación.
Somos contrarios a una "división del trabajo" según la cual la historia provee de datos y otras disciplinas reflexionan sobre ellos (o escriben relatos de amplia difusión). Las comunidades de historiadores profesionales tienen que asumir su responsabilidad intelectual tratando de completar el ciclo de los estudios históricos, desde el trabajo de archivo hasta la valoración y reivindicación de su impacto en las ciencias sociales y humanas, en la sociedad y en la política.
El aprendizaje de los estudiantes universitarios de historia en cuestiones de metodología, historiografía, filosofía de la historia y otras disciplinas con base teórica, es el camino para elevar la creatividad futura de las investigaciones históricas, subrayar el lugar de la historia en el sistema científico y cultural y fomentar nuevas y buenas vocaciones historiográficas.
Nuestra meta es que el historiador que reflexione intelectualmente haga trabajo empírico, y que el historiador que investiga con datos concretos piense con alguna profundidad sobre lo que hace, obviando así la fatal disyuntiva de una práctica (positivista) sin teoría o de una teoría (especulativa) sin práctica. Una mayor unidad de la teoría y la práctica hará factible, por lo demás, una mayor coherencia de los historiadores y de las historiadoras, individual y colectivamente, entre lo se dice, historiográficamente, y lo que se hace, empíricamente.
XIVFines de la historia
La aceleración histórica de la última década ha reemplazado el debate sobre el "fin de la historia" por el debate sobre los "fines de la historia".
Asumiendo que la historia no tiene metas pre-establecidas y que, en 1989, dio comienzo un profundo viraje histórico, cabe preguntarse, también desde la historia académica, adónde nos lleva éste, quién lo conduce, en favor de qué intereses y cuáles son las alternativas.
El futuro está abierto. Es responsabilidad de los historiadores y de las historiadoras ayudar a que los sujetos de la historia construyan mundos futuros que garanticen una vida libre y pacífica, plena y creativa, a los hombres y mujeres de todas las razas y naciones.
Las comunidades de historiadores han de contribuir pues a construir una "nueva Ilustración" que, aprendiendo de los errores de la historia y de la filosofía, piense teóricamente sobre el sentido del progreso que hoy demanda la sociedad, asegurando a las grandes mayorías del Norte y del Sur, del Este y Oeste, el disfrute humano y ecológico de los avances revolucionarios de la medicina, la biología, la tecnología y las comunicaciones.
SOCIEDAD
XVReivindicar la historia
El primer compromiso político de los historiadores debería ser reivindicar, ante la sociedad y el poder, la función ética de la historia, de las humanidades y de las ciencias sociales, en la educación de los ciudadanos y en la formación de las conciencias comunitarias.
La historia profesional ha de combatir aquellas concepciones provincianas y neoliberales que todavía pretenden confrontar técnica con cultura, economía con sociedad, presente con pasado, pasado con futuro.
Los efectos más notorios de las políticas públicas de desvaloración social de la historia son la falta de salidas profesionales, el descenso de las vocaciones y los obstáculos a la continuidad generacional. Las comunidades de historiadores debemos aceptar como propios los problemas laborales de los jóvenes que estudian y quieren ser historiadores, cooperando en la búsqueda de unas soluciones que pasan por la revalorización del oficio de historiador y de sus condiciones de trabajo y de vida, en el marco de la defensa y desarrollo de la función pública de la educación, la universidad y la investigación.
XVICompromiso
En tiempos de paradójicos "retornos", queremos constatar y alentar la "vuelta al compromiso" de numerosos académicos, también historiadores, en diversos lugares del mundo con las causas sociales y políticas vinculadas a la defensa de valores universales de educación y salud, justicia e igualdad, paz y democracia. Actitudes solidarias indispensables para contrarrestar otros compromisos académicos con los grandes poderes económicos y políticos, mediáticos y editoriales. Contrapeso vital, por lo tanto, para conjurar una virtual escisión de la escritura académica de la historia respecto de las mayorías sociales que financian con sus impuestos nuestra actividad docente e investigadora.
El nuevo compromiso que preconizamos es diverso, crítico y con anhelos de futuro. El historiador y la historiadora han de combatir, desde la verdad que conocemos, aquellos mitos que manipulan la historia y fomentan el racismo, la intolerancia y la explotación de clase, género, etnia. Resistiendo, desde el conocimiento del pasado, los futuros indeseables. Cooperando, y rivalizando, con otros científicos sociales y humanistas, en la construcción de mundos históricamente mejores, como profesionales de la historia, pero también como ciudadanos.
La relación del historiador con la realidad que nos rodea pasa por su análisis en un contexto temporal continuo. Si se acepta que la objetividad de la ciencia de la historia es inseparable de la subjetividad (plural) del historiador, debemos concluir que no existen grandes diferencias cualitativas entre una historia inmediata y una historia mediata, entre una historia más contemporánea y una historia más antigua. Todo es historia, si bien cuando más nos distanciamos de lo actual mayor es la carga que recae sobre nosotros, historiadores, por ausencia de las disciplinas más presentistas.
XVIIPresente y futuro
Nuestro objeto de estudio (hombres, mujeres y medio natural humanizado) está evidentemente en el pasado, pero nosotros estamos en el presente, y estos presentes están preñados de futuros. El historiador no puede escribir con rigor la historia al margen del tiempo vivido, y de su fluir permanente.
Contemplamos varios niveles en la relación del historiador con la inmediatez histórica: compromiso social y político, tema de investigación, historiografía de intervención o criterio metodológico general para la investigación. Hace medio siglo que los fundadores de la escuela de Annales lo formularon: "comprender el pasado por el presente, comprender el presente por el pasado". Hoy es preciso, además, poner el mismo énfasis en la interrelación pasado/futuro.
La caída de la filosofías finalistas de la historia, sean socialistas sean capitalistas, ha puesto de relieve un futuro más abierto que nunca. El historiador ha de asumir un papel en su definición con sus experiencias y argumentos históricos, con hipótesis y apuestas desde la historia. Edificar el futuro sin contar con la historia nos condenaría a repetir sus errores, a resignarnos con el mal menor o a edificar castillos en el aire.
XVIIINuevo paradigma
La historiografía depende de los historiadores y de la historia inmediata. El cambio de paradigmas historiográficos que venimos proponiendo, desde 1993, cabalga sobre los cambios históricos acelerados iniciados en 1989. Entre diciembre de 1999 (Seattle) y julio de 2001 (Génova) hemos observado los comienzos de un movimiento global sin precedentes, contra los estragos de la globalización, que busca ya alternativas de sociedad: el pensamiento único es ahora menos único. Son muchos los que califican de cambio de civilización la globalización y sus críticos, la sociedad de la información, la nueva revolución científico-tecnológica y el movimiento social global: no es fácil entrever lo que nos depara el mañana pero hay razones para la esperanza. Todos debemos colaborar.
Historia a Debate es parte activa de este proceso transformador: queremos cambiar la historia que se escribe y coadyuvar a cambiar la historia humana. Según evolucione el debate historiográfico, y la historia más inmediata, nuestras propuestas recibirán más o menos consenso académico, las variaremos o no según interese, si bien hay planteamientos que, aun siendo por el momento minoritarios, nos parecen ineludibles para condicionar críticamente el nuevo paradigma en formación: el conjunto plural de valores y creencias que va a regular nuestra profesión de historiador en el nuevo siglo. Por todo ello, la historia nos absolverá, esperemos.
En la Red a 11 de setiembre de 2001___________
Para más información podéis escribir a h-debate@cesga.es