5/11/07

El PRIMER GENOCIDIO: CARTAGO (146 a. C.)




por BEN KIERNAN


Delenda est Cartago (“¡Cartago debe ser destruída!”) podría ser la primera incitación al genocidio que registra la historia. Fueron palabras del censor Catón (Marcus Porcius)1. Cuenta Plutarco que Catón cerraba con esta proclama todos sus discursos en el Senado romano, “cualquiera fuese el tema en cuestión”, desde 153 a.C. hasta su muerte, en 149 a.C., a los 85 años. Escipión Nasica (sobrino y yerno de Escipión el Africano, vencedor de Aníbal en la Segunda Guerra Púnica del 218 al 203 a.C.) siempre contestaba: “Habría que dejar existir a Cartago”. Pero estos adversarios fueron silenciados.2 Roma había decidido la guerra “mucho antes” del comienzo de la tercera guerra púnica, poco antes de la muerte de Catón.3 Uno de sus últimos discursos en el Senado, ante una delegación de Cartago, en 149, fue crucial:
¿Quiénes han violado el tratado varias veces? ... ¿Quiénes han hecho la guerra de la manera más cruel? ... ¿Quiénes asolaron Italia? Los cartagineses. ¿Quiénes piden perdón? Los cartagineses. Piensen el modo más conveniente de acoger su demanda.
Los delegados cartagineses no tuvieron derecho a responder. Poco tiempo después, Roma sitió durante tres años a la ciudad más rica del mundo.4 Sobre una población de entre 200 y 400.000 habitantes5, al menos 150.000 cartagineses perecieron. Apiano describió una batalla en la que “70.000 hombres, incluídos los no combatientes” fueron muertos, probablemente una exageración. Pero Polibio, que participó en la campaña, confirmó que “el número de muertos era increíblemente alto” y que los cartagineses resultaron “totalmente exterminados5”.En 146, las legiones romanas conducidas por Escipión Emiliano, aliado de Catón y cuñado de su hijo, arrasaron la ciudad y esclavizaron a los 55.000 sobrevivientes, de los cuales 25.000 eran mujeres. Plutarco concluye: “La aniquilación de Cartago... se debió esencialmente a la opinión y a los consejos de Catón6”.
No se trataba de una guerra de exterminio racial. Los romanos no masacraron a los sobrevivientes ni a los varones adultos7. Cartago tampoco fue víctima de un Kulturkrieg. Pese a que los romanos destruyeron también cinco ciudades africanas de la cultura púnica aliadas fueron indulgentes con otras siete que se le habían unido.8 Sin embargo, en 149 los cartagineses habían aceptado la exigencias de Roma de entregar sus 200.000 armas personales y las 2.000 catapultas. No sabían que el Senado había decidido secretamente “destruir Cartago para siempre, una vez que la guerra haya terminado.”9 La nueva y sorpresiva exigencia de abandonar la ciudad en forma inmediata, significaba el abandono de sus altares y de sus cultos religiosos.10 Por esta razón, los cartagineses resistieron en vano. Roma decidió “la destrucción de la nación.”11 Su política de “extrema violencia”, la “aniquilación de Cartago y de la mayoría de sus habitantes”, que dejó en ruinas “una cultura entera”, coincide con la moderna definición legal de 1948 de la Convención sobre Genocidio de las Naciones Unidas: la destrucción intencional“total o parcial, (de) un grupo nacional, étnico, racial o religioso, como tal.”12
Sería injusto condenar a los antiguos romanos por la violación de una ley penal internacional del siglo XX, o desconocer la encendida oposición que la política de Catón encontró en la propia Roma13. ¿Pero qué ideología exigía la desaparición de una ciudad comercial desarmada? Independientemente de las razones militares que imponían la continuación del sitio después de 149, resulta significativa la motivación sociopolítica del principal sostenedor de la destrucción. Finalmente, Catón consiguió la mayoría en el Senado, pero la profundidad de su compromiso personal era poco común. Su catálogo de las atrocidades púnicas hizo vibrar a la audiencia, que recordaba los sufrimientos que el ejército de Aníbal había hecho padecer a Italia. Badiano escribe que “el odio y los resentimientos hacia [Cartago] han debido incubarse en la mente de los senadores, aun cuando hasta los años ‘50 jamás hubo una duda razonable sobre la lealtad de esa ciudad.”14 La lista de las violaciones al tratado por parte de los cartagineses, atribuída a Catón, era no sólo legalista –ningún otro escritor “puso tanto énfasis en la cuestión”–, sino también históricamente poco sólida.15
En el pensamiento general de Catón también hay muchas características modernas de tragedias recientes, como el genocidio armenio, el Holocausto y las catástrofes de Camboya y de Ruanda. Quienes cometieron estos crímenes en el siglo XX se inspiraron, como Catón, en el expansionismo militar, la idealización de la agricultura, las ideas de jerarquía de los sexos y de la jerarquía social, así como en los prejuicios raciales o culturales.16
La expansión militar
A pesar de la “asombrosa regularidad de las guerras libradas por Roma” en esta época, la política de destrucción de Cartago salía de lo habitual. Por un lado, se planificó anticipadamente y, por otro, continuó después de la capitulación de la ciudad. Los autores tienen opiniones divergentes acerca de la amenaza que Cartago representaba17 para Roma y tampoco coinciden acerca de si las exigencias de Roma estaban calculadas para reducir a Cartago a su mínima expresión o si las motivaba una “enorme sed de poder”20. Pero para Catón, el peligro también era una cuestión interna. Administrador distinguido y brillante orador romano, hombre de letras y de acción (“Ateneos al tema; las palabras vendrán después”)21, como veterano de la Segunda Guerra Púnica, se expresó con una franqueza brutal cuando criticó por primera vez la prodigalidad de Escipión el Africano. Con incesantes alegatos de corrupción, Catón se encarnizó con Escipión hasta la muerte de éste, ocurrida en 183. Plinio señaló que la historia de Catón de las dos primeras guerras púnicas “omitió los nombres” de varios Escipiones y de otros comandantes de legión, para sólo nombrar irónicamente al elefante de Aníbal22. La gloria era una tentación peligrosa. Para Catón, “la avaricia y la extravagancia... fueron el origen de la destrucción de todos los grandes imperios”23. Del mismo modo, insistió en la dominación militar romana. “Los cartagineses ya son nuestros enemigos, porque el que prepara una acción contra mí, de modo de poder hacer la guerra cuando le convenga, ya es mi enemigo aunque todavía no utilice armas.”24
Elegido cónsul en 195, Catón se hizo cargo de la comandancia de Hispania, anteriormente dominada por los cartagineses y reprimió rebeliones importantes. Era un general valiente y eficaz que se destacaba “por su crueldad con los enemigos derrotados”25. Tito Livio le demuestra simpatía: “Catón tuvo muchas dificultades para doblegar al enemigo... porque en esas circunstancias tenía que reconquistarlos como esclavos que hubiesen pedido su libertad”. Catón dió órdenes a sus oficiales en Hispania “de obligar a esta nación a someterse nuevamente al yugo del que se había soltado”. Tito Livio cita aproximadamente 40.000 enemigos muertos en una sola batalla. Cuando se rebelaron siete ciudades, “Catón condujo su ejército contra ellas y las sometió, sin que valga la pena mencionar ninguna batalla, pero luego, después de una nueva revuelta, se aseguró de que “los vencidos no se beneficiaran con el mismo perdón que antes. Todos fueron vendidos como esclavos en el mercado público”. Plutarco, por su parte, sostiene que Catón sometió a ciertas tribus por la fuerza y a otras mediante la diplomacia. “El mismo Catón afirma haber capturado más ciudades en Hispania que la cantidad de días que pasó en ella. Y no es poco decir, si es cierto que este número superó efectivamente los 400. Sin embargo, Catón “estuvo en Hispania bastante tiempo más”. Uno de los Escipiones intentó relevarlo de su comandancia. En respuesta, Catón tomó “cinco compañías de infantería y 500 caballos y sometió a la tribu de los Lacetani (Iaccetani) por la fuerza de las armas. Además, apresó y ejecutó a 600 de los que se habían pasado al enemigo26. A semejanza de otros jefes, Catón era sanguinario ante la oposición militar y tolerante con los que se sometían.
En 154, la rebelión estalló nuevamente en Hispania. Desde Roma, Catón iba a seguir muy de cerca estos acontecimientos. A la rebelión de los lusitanos le siguió otra en Macedonia en 151, y finalmente, la de los aqueos en el Peloponeso dos años más tarde. En 152, de misión en Cartago a los 81 años, Catón se escandalizó ante el renacimiento de la ciudad después de la derrota. Liberada del imperio, Cartago había vuelto a ser una pujante metrópoli comercial, “llena de jóvenes, desbordante de riquezas y de armas”. A su retorno, “mientras se acomodaba los pliegues de la toga en el Senado, Catón dejó caer deliberadamente unos higos de Libia y cuando todos hubieron elogiado su tamaño y belleza, explicó que el país que los producía estaba a sólo tres días de navegación de Roma.”27 Había que erradicar esta amenaza.
La idealización del granjero
Catón teatralizaba. Esos higos no podían haber venido de Cartago, a más de seis días de viaje en verano. Su auditorio de “senadores agricultores” probablemente supiera que provenían de los propios campos de Catón, cerca de Roma. Algunos hasta habían tenido ocasión de leer sus consejos sobre la manera de plantar higos africanos en Italia28. Los productos cartagineses casi no llegaban al mercado italiano. ¿Cartago fue destruída para evitar la competencia con los comerciantes romanos en el resto del Mediterráneo? Pero Catón se burlaba de los comerciantes, romanos o cartagineses. Ante la pregunta sobre el préstamo de dinero, respondió: “Me podrían preguntar también lo que pienso del asesinato.”29 La única obra que se conserva de él, De Agri Cultura, empieza con una comparación contrastante entre el comerciante y el ciudadano ideal de Catón, el granjero:
Es cierto que ganar dinero con el comercio resulta a veces más beneficioso, si no fuese tan aleatorio; al igual que el préstamo de dinero, si también hubiese sido honorable. Nuestros ancestros adoptaron este punto de vista y le dieron forma de ley...Y cuando querían elogiar a un hombre digno, decían: “buen granjero” y “buen colono”. Quien era tratado así podía ser considerado como receptor del mejor de los elogios. Al comerciante lo considero un hombre emprendedor y dispuesto a hacer dinero, pero, como dije antes, es una carrera peligrosa y que puede transformarse en un desastre.
“Por otra parte –continúa Catón– los hombres más valientes y los soldados más vigorosos provienen de la clase de los granjeros, su vocación es la más respetada, sus medios de existencia son los mejor asegurados y son vistos con un mínimo de hostilidad; quienes han tomado este camino son menos proclives al descontento.”30
Catón veía en el agricultor leal, que solía utilizar el trabajo de los esclavos capturados en las campañas fuera del país, el cimiento del poderío romano en la nación y en el extranjero. Según Polibio, “Catón declaró una vez en un discurso público que todo el mundo podía ver que la república decaería cuando un joven costase más que un lote de tierra y las tinajas de pescado más que los labriegos31. Descendiente de una antigua familia plebeya, cultivaba “con placer una vida de sencillez y autodisciplina”, aunque tenía “grandes plantaciones” de esclavos, “prefería comprar prisioneros de guerra aún jóvenes y maleables, como si fuesen perros jóvenes”, y se dedicaba a “la menos honrosa rama del negocio del préstamo financiero.”32
La hipocresía atribuída a Catón no es tan grave como su visión romántica de los campesinos por oposición a los comerciantes, la significación militar de su política cartaginesa y su influencia ideológica permanente. Luego del desarme de los cartagineses a manos de Roma en 149, el cónsul Censorinus les ordenó alejarse a diez millas del litoral, “porque estamos decididos a arrasar vuestra ciudad hasta los cimientos.” Censorinus explicó las razones de los romanos: “La mar os hizo invadir Sicilia y perderla de nuevo ... (esto) engendra siempre una disposición a la avidez debido a la facilidad misma de la ganancia... Las proezas navales son como las ganancias de los comerciantes – beneficios hoy y ruina total mañana...–. Creédme ¡oh cartagineses!, la vida en las tierras, con las dichas de la agricultura y su tranquilidad, es mucho más serena. Aun cuando las ganancias de la agricultura sean, tal vez, menores que las del comercio, son seguras y mucho más fáciles de conservar... una ciudad situada en el interior del territorio se beneficia con la seguridad de una tierra sólida.” Harris recuerda “el consejo de Platón cuando afirmaba que si una ciudad no quería que el comercio y sus consecuencias morales la invadieran, debía estar a 80 estadios (10 millas) del mar33. Roma se encuentra a 16 millas de la costa.
Sexo y poder
Catón “ideologizó” al campesinado pero no promovió los intereses de sus miembros. Las mujeres también tenían que conservar su lugar: “En todas las clases sociales, el peligro mayor aparece cuando se permiten asambleas, conferencias y consultas secretas.” Catón se oponía en este punto a la derogación en 195 a.C. de una ley de guerra que negaba a las mujeres el derecho a “poseer más de media onza de oro, usar ropa abigarrada o pasear en un vehículo tirado por caballos en un poblado o en una ciudad”. Pidiendo a viva voz la derogación de dicha ley, como nos lo cuenta Tito Livio, una cantidad creciente de mujeres “vino de pequeñas ciudades y centros rurales [e] invadió las calles de la ciudad y los accesos al Foro”. Catón les preguntó: “¿Tienen la costumbre de correr por las calles, bloqueando los caminos e interpelando a los maridos de otras mujeres..? O bien ¿son ustedes más seductoras en la calle que en la casa? ¿son más seductoras con los maridos de otras mujeres…? Además, incluso en la casa... no deberían preocuparse por la cuestión de las leyes que se promulgan o se derogan aquí.” Las mujeres politizadas eran una amenaza interna para la república.
Nuestra libertad, derrotada en la casa por la indisciplina de las mujeres, está ahora hecha pedazos y pisoteada aquí también, en el Foro. Como no las hemos controlado individualmente, ahora ellas nos aterrorizan colectivamente... Pero nosotros (¡que el cielo nos proteja!) ¡les concedemos un lugar también en la política y el derecho a aparecer en el Foro y a estar presentes en nuestras reuniones y asambleas..! Lo que pretenden es la libertad total, o mejor dicho el libertinaje completo... En el mismo momento en que se conviertan en sus pares, serán superiores a ustedes. ¡Dioses del cielo!
Catón calificó a la caterva femenina de “animal no domesticado”, de “secesión de mujeres”. Comparó lo ocurrido con una rebelión de la plebe, pero convirtió en ejemplo a “aquella rica mujer” que sólo quiere hacer alarde de su riqueza. Prefería que las ropas de (todas) las mujeres se uniformaran.”34
Para Catón, este era en gran medida un asunto de control social. Según Plutarco, “como creía que, entre los esclavos, el sexo era la mayor causa de delincuencia, estableció una regla según la cual sus esclavos podían, a cambio de cierta tasa, tener relaciones sexuales con sus esclavas, pero a ninguno se le permitía frecuentar a otras mujeres.” Después de la muerte de la esposa de Catón, una prostituta “lo veía a escondidas de todos”. En la vida pública, era más severo. En Hispania, cuando descubrió que uno de sus oficiales había comprado tres muchachos cautivos “Catón vendió los muchachos y devolvió la suma al tesoro.” Una vez expulsó del Senado a un hombre que “había besado a su propia esposa en pleno día y delante de su hija”. Catón bromeó en público, afirmando que “jamás besó a su esposa, salvo después de un fuerte trueno”, la bendición de Júpiter35.
Las mujeres no eran el único grupo doméstico cuyas actividades independientes suscitaban temor de amenazas externas o que justificaba la expansión hacia el exterior. En 186, magistrados romanos descubrieron y persiguieron un culto báquico presuntamente conspirador que patrocinaba actos sexuales ilícitos, en violación a una ordenanza religiosa que establecía el secreto y el sacerdocio masculino. Compuesto originariamente por mujeres, la actividad homosexual masculina reemplazó al objetivo principal del culto. Los magistrados “consideraron culpables de actos sexuales infames a un gran número de hombres y mujeres” al servicio de un culto al que calificaron de “extranjero” y “no romano”. En 156, el Senado desencadenó una invasión a Dalmacia, en gran medida “porque no querían que los hombres de Italia se afeminaran bajo los encantos de una paz duradera.”36
Raza y cultura
La carreramilitar de Catón terminó en 191 después de un hecho de armas intrépido que selló la victoria de Roma sobre Grecia. Pero en Roma “nunca dejó de meterse en pleitos por el bien de la república”. Se convirtió en un procurador combativo y en “un opositor vigoroso de la nobleza, de la vida lujuriosa y de la invasión a Italia de la cultura griega”. Estas cuestiones estaban interrelacionadas porque los nobles “introducen en Roma el lujo y el refinamiento griego.”37 En este asunto, Catón apuntaba a los nobles más que a los comerciantes.
Para Catón, la corrupción exótica amenazaba la cultura romana: “Hemos cruzado a Grecia y a Asia (regiones pletóricas de todo tipo de atracciones sensuales) y hasta hemos estado en contacto con los tesores de los reyes; tengo mucho miedo de que esas cosas nos conquisten antes de que nosotros las conquistemos”. En esta época, como explicaba Plutarco, “Roma era incapaz, por su tamaño, de preservar su pureza, porque su dominación sobre un gran número de países y de pueblos, la hacía tomar contacto con razas diferentes y la dejaba expuesta a todos los modelos de comportamiento posibles”. Como lo señala Ramsay MacMullen, “la mitad de la vida urbana era importada”. Los romanos utilizaban términos griegos no sólo para la arquitectura de la casa, el equipamiento, los recipientes y los alimentos, sino también para los cosméticos, “adornos, presentes, cosas que sentarían bien en las fiestas o en el teatro, términos técnicos de la ciencia y de la mecánica, actos y objetos de culto, la terminología del viaje y del comercio marítimo”. La aristocracia romana “estaba rodeada, flotaba en un mar de productos y de objetos de uso cotidiano llegados de Oriente”. Esto desencadenó la inevitable reacción que condujo Catón. Había “dos escuelas de pensamiento en las clases dominantes, acérrimamente opuestas en cuanto alestilo de vida adecuado.”38
Los historiadores romanos anteriores habían escrito en griego. Catón producía ahora la primera obra histórica en latín39. Su innovación era expresión de una ideología conservadora. Sus siete libros no sobrevivieron. Pero un resumen de Cornelius Nepos revela las preocupaciones “moralizadoras y didácticas, y pioneras de la etnografía” de Catón. Uno de los libros narraba la historia de los antiguos reyes romanos y otros dos versaban sobre los “orígenes de todas las comunidades de Italia”, las guerras púnicas y otros “sucesos y opiniones sobre Hispania e Italia.”40 El prejuicio racial, tal como lo conocemos, era relativamente poco común en el mundo antiguo41, pero Catón se concentró en los orígenes de Roma, considerándolos distintos de los de sus enemigos, y en los secretos de sus éxitos –economía agrícola, moral y disciplina–. Roma, escribía, continuaba con las costumbres de los sabinos –ancestros de Catón– que se decían descendientes de los duros espartanos. Los ligures, por el contrario, eran “analfabetos y mentirosos”. Los griegos de la época de Catón eran “una raza totalmente vil e indisciplinada”42. En los últimos años de su vida, admiró ciertos aspectos de su historia y hasta aprendió su lengua, pero condenó “sistemáticamente toda la literatura griega” y promovió una serie de medidas represivas, como la expulsión de los maestros del epicureísmo y la destrucción de las obras filosóficas griegas. La hostilidad de Catón contra la retórica griega llevó, en 161, a otra persecución contra los filósofos y los maestros43. A los 79 años, expulsó al escéptico griego Carnéades, que estaba de paso y cuya brillante retórica empezaba a atraer a los jóvenes de Roma hacia la filosofía. Catón “logró expulsar a todos los filósofos de la ciudad”, dice Plutarco. “Como esta pasión por las palabras lo perturbaba... había llegado a tener conflictos con las investigaciones filosóficas en general y trataba por todos los medios de desacreditar a la civilización y a la cultura griega en su conjunto.”44 Atacó a un adversario político por haber cantado e interpretado versos griegos. Tanto “la lujuria y el descontrol” de los griegos, como la cultura, las ropas coloridas y los higos de Libia, alimentaban la extravagancia y la decadencia de Roma. Catón estaba convencido de que “la ciudad necesitaba una gran purga.”45
La visión que Catón tenía de Cartago era simplemente su más sustentada respuesta ante un panorama de peligro. Su percepción de la combinación entre subversión externa e interna ayuda a explicar la firme decisión de Catón de destruir Cartago. Plutarco consideró que Escipión Nasica, por su lado, prefería mantener la amenaza bajo control, “como una rienda que sirva para corregir la impudicia de las masas, porque sintió que Cartago no era tan poderosa como para poder superar a Roma, pero tampoco tan débil como para poder tratarla con desprecio. Pero, para Catón, precisamente esto era una fuente de inquietud, porque una ciudad que ha sido siempre grande y, además, depurada y purificada por las duras condiciones impuestas, resultaba amenazadora para el pueblo romano en el momento en que éste estaba demasiado embriagado y vacilante como consecuencia de la autoridad recuperada. Sentía, por el contrario, que Roma necesitaba eliminar de cualquier manera las amenazas a su supremacía que venían del extranjero y que los romanos tenían que aprovechar la ocasión para reparar sus falencias internas”. En el mismo año, Roma destruyó Cartago y saqueó Corinto46. Un especialista sugiere que insistiendo contra Cartago, Catón apuntaba “a lanzar a Roma a una guerra larga y difícil en Occidente”, contra un enemigo tradicional, por temor a que un involucramiento más duradero en Grecia y en Oriente pudiese amenazar la identidad cultural de Roma47. Las nociones, en sentido amplio, de cultura y de política de Catón fomentaron una hostilidad violenta y vengativa hacia Cartago, que no se manifestaba con respecto a otras regiones.
La amenaza que Cartago significaba para Roma resultaba insignificante comparada con la que el ideal catoniano de una comunidad rural étnica, controlada y militarizada hacía pesar sobre Cartago. Con menor intesidad, su visión también amenazaba los derechos de los ciudadanos romanos.El pensamiento de Catón pone en evidencia los vínculos entre los aspectos internos y transnacionales de las políticas de genocidio, antiguas y modernas48.
Historia y memoria
Después de la destrucción de Cartago, Roma gobernó el Mediterráneo. Pero a partir del 49 a. C., las guerras civiles arruinaron la república. Fue en esta época cuando Virgilio comenzó a escribir sus poesías pastorales en latín. La cuarta Égloga presagiaba “una nueva raza” descendiente de los cielos para “terminar con la raza de hierro y traer la raza de oro al mundo entero”.En las Geórgicas, aparecidas en el 29 a.C., Virgilio abordó un tema más próximo a la agricultura49:
… El granjeroRemueve la tierra con la reja colgada del carro; de aquísurge su trabajo del año; desde aquí, alimentará tambiénal país y a la granja...Mientras los dulces niños se aferran a sus labios: Su casto hogar conserva su pureza; …
Virgilio remite esta dicha de la agricultura a la herencia itálica que le dio a Roma su gloria: “Esa vida de antaño llevaban los viejos sabinos, como Remo y su hermano... y Roma se convirtió en la ciudad más honesta del mundo.”50
Las guerras civiles terminaron en el 30 a.C. con la victoria de Octavio sobre Antonio y Cleopatra en Egipto. Al año siguiente, Octavio regresó a Roma para convertirse en el emperador Augusto en el 27. Virgilio pasó sus últimos diez años (29-19) componiendo su poema épico imperial, LaEneida, después de haber dado una visión de la historia: “Conduciré a las musas a casa como cautivas en una procesión triunfal”51. Esto expresaba también su punto de vista sobre el sexo. Ellen Oliensis escribe: “En el mundo de los poemas pastorales de Virgilio, las jóvenes no cantan, no son actrices, y si se las cita, nunca las escuchamos hablar.”52 En La Eneida, siguiendo a Catón, las mujeres son “criaturas inquietantes y violentas, dispuestas a provocar escenas terribles”, que encarnan incluso un “choque entre la civilización occidental y el esplendor bárbaro y las divinidades animales de Oriente”. Cuando Cleopatra comandaba sus navíos de guerra, “una amalgama de dioses monstruosos, como el ladrador Anubis, hilvana sutrayecto...”53
La Eneida remonta la gloria de Roma y de Octavio al fundador putativo de la ciudad, un sobreviviente de la destrucción de Troya por los griegos. Catón había escrito sobre los troyanos de Eneas y su llegada legendaria al Lacio, en donde afirma que los troyanos mataron al rey local, Latino, en una batalla. Virgilio transformó a Latino en un aliado de Eneas e hizo de él un símbolo nacional, así como llamaba “pequeños romanos” a las abejas laboriosas de las Geórgicas. Octavio se proclamó descendiente de Iulo,hijo de Eneas54. Y así como Octavio conquistó a Cleopatra, Virgilio compara el destino de Eneas con el de otra reina de África del Norte: Dido de Cartago.
El relato de La Eneida comienza con “Hubo una ciudad antigua...”; los lectores de Virgilio habrán pensado en Roma o en Troya. Pero se refería a otra ciudad: “… Cartago, poblada por colonos tirios, en frente y a gran distancia de Italia y de las bocas del Tiber, opulenta y bravísima en el arte de la guerra… Juno la habitaba con preferencia a todas las demás ciudades … pero había oído que del linaje de los Troyanos procedería una raza que, andando el tiempo, había de derribar las fortalezas tirias… [una raza] destinada a exterminar la Libia.”54
El segundo libro de La Eneida ofrece una de las más sorprendentes pinturas literarias del genocidio: la destrucción de Troya. Eneas relata la desdichada caída de la ciudad y su propia fuga peligrosa. “¡Quién podría narrar dignamente la mortandad y los horrores de aquella noche y ajustar sus lágrimas a tantos desastres!...”. Eneas narra una “orgía de matanzas” cerca del palacio del rey Príamo: “vi a Hécuba y a sus cien nueras, y a Príamo en los altares, ensangrentando con sacrificios las hogueras que él propio había consagrado. Los cincuenta tálamos de sus hijos, esperanza de una numerosísima prole; […] lo que no arrasan las llamas es presa de los Griegos. […] allí Hécuba y sus hijas, buscando vanamente un refugio alrededor de los altares, semejantes a una bandada de palomas impelidas por negra tempestad, se apiñaban, abrazadas a las imágenes de los dioses. […] de aquel gran rey sólo quedan una cabeza separada de los hombros y un cuerpo sin nombre”.Sucumbió “en el incendio de Troya”, mientras que todos los hombres de Eneas “desaparecieron”: se arrojaron al vacío o entregaron sus cuerpos doloridos a las llamas”56, así como, siglos más tarde, la esposa del último comandante de Cartago, Asdrúbal, habrá de hundirse con sus hijos en las llamas de su ciudad. Viva descripción de un genocidio legendario que reemplaza al que la historia no relata.
Trágica ironía, es Eneas el que cuenta su historia a Dido, la fundadora de Cartago. Todos los lectores de Virgilio conocen la suerte de Cartago y él, justamente, acaba de recordársela. Cuando Eneas desembarca en África del Norte antes de tocar Italia, encuentra a Dido, también refugiada de Tiro, fundando su nueva ciudad. Pero Júpiter ha prometido a la Roma de Eneas “un imperio sin límites” (imperium sine fine). Virgilio hace que Júpiter someta el “temperamento feroz” de los cartagineses, por miedo a que Dido “en su ignorancia del destino... aleje de sus fronteras...” a los ancestros de los romanos destinados a destruirla. Las ironías de Virgilio son burdas y rápidas. “Con ardor sumo trabajan los Tirios, unos en levantar las murallas, en construir la ciudadela y en arrastrar a brazo grandes piedras; otros eligen solar para labrarse casa […]; éstos atienden a la elección de jueces y magistrados y del venerando senado. […] Tal en la primavera ejercitan las abejas su trabajo al sol por los floridos campos, cuando sacan los enjambres ya crecidos, o cuando labran la líquida miel, o llenan sus celdillas con el dulce néctar, o reciben las cargas de las que llegan, o en batallón cerrado embisten a la indolente turba de los zánganos y los ahuyentan de las colmenas. […] ‘¡Oh, afortunados aquellos cuyas murallas se están ya levantando!’, exclama Eneas, y contempla las cimas de la ciudad naciente.”. Mientras espera encontrar a Dido, Eneas los ve erigir un templo. Entonces una “extraña visión... mitigó sus temores”, dándole “más confianza en mejor suerte”. En los muros del nuevo templo ¡había escenas de recientes batallas de Troya! Eneas lloró: “¿Cuál lugar […] hay ya en la tierra adonde no haya llegado la fama de nuestras desventuras? Ve ahí a Príamo; también aquí reciben su recompensa las virtudes; […]”57 Virgilio, “el poeta visionario del imperio y de la vida humana”58, construía la destrucción de Cartago en su propia creación.
Cuando Eneas “se maravilla” al ver estos cuadros, reconociéndose a sí mismo “enfrentando a los príncipes aqueos”, llegó Dido. Los lectores romanos debían de estar en vilo. Para complicar la acción, un troyano le asegura a Dido que “No venimos a asolar con el hierro los líbicos hogares, o a llevarnos a la costa las robadas presas...”. Dido les dice sin querer: “Vuestra es esta ciudad que estoy edificando; sacad a tierra vuestras naves...”. Eneas responde: “...[nosotros] lo que aún queda de la gente dardania, desparramada por el ancho mundo. Los dioses te den digno premio, si hay númenes que respetan a los piadosos […]” Dido relata entonces sus propias peregrinaciones e, inconsciente del futuro, agrega: “Conocedora de la desgracia, he aprendido a socorrer a los desgraciados.”59
Venus, la madre de Eneas,”se recela de aquella poco segura casa y de los falaces tirios”. La diosa se entera de que Eneas envía a Cartago a su hijo Iulo, ancestro de los futuros conquistadores romanos, llevando “regalos, salvados de la ruinas de Troya” –un abrigo que visitió Helena y el cetro de la hija de Príamo–. Venus envía a Cupido con los dones, bajo la forma de Iulo. Y así la infortunada Dido, “presa del fuego que la ha de perder”, se enamora de Eneas. Inconsciente del peligro de los dones troyanos, “Dido, condenada por el destino” festeja este“día... feliz para los tirios y para los que vienen a nosotros desde Troya; ¡y que nuestros descendientes lo celebren en su memoria!”. Acompañada por un centenar de esclavas, como la infortunada Hécuba, Dido “pasaba la noche entretenida en varias pláticas... preguntando a Eneas mil cosas de Príamo”. Cediendo a su insistencia, Eneas le cuenta la historia de “Príamo condenado por el destino” y “del último día de un pueblo condenado”. Mientras los sobrevivientes se arrastran fuera de la ciudad, “Por todas partes lamentos y horror, por todas partes la muerte, bajo innumerables formas. […] y toda Troya, la ciudad de Neptuno, quedó reducida a humeantes pavesas.”60
La potencia dramática de las diversas formas de ironía que emplea Virgilio surgen del conocimiento que tienen los lectores romanos de la suerte similar, aunque más reciente, de Cartago, anunciada involuntariamente a Dido por el relato que Eneas le hace de la caída de Troya. Los romanos no necesitaban que se les recordara explícitamente la destrucción de Cartago. Virgilio adhiere a ello pasándola por alto en un silencio que exacerba el drama, pero que hiela realmente la sangre. La decisión de Eneas de abandonar Cartago hace vivir a Dido la pesadilla de “ver a sus tirios en un país desierto”. Lamentando no haber destruído “padre e hijo y toda su raza”, maldice de esta forma a Eneas: “[…] y vea la indigna matanza de sus compañeros… Y vosotros, ¡oh, Tirios!, cebad vuestros odios en su hijo y en todo su futuro linaje. .. Nunca haya amistad, nunca haya alianza entre los dos pueblos… ¡playa contra playa, olas contra olas, armas contra armas, y que lidien también hasta sus últimos descendientes!”. El suicidio de Dido, que se arroja al fuego cuando los navíos de Eneas parten a fundar Roma, recuerda no solamente el principio legendario de Cartago, sino que presagia una vez más su final, cuando la esposa de Asdrúbal sigue el ejemplo de Dido61.
Más tarde, Eneas encuentra a Dido durante su viaje por los Infiernos. Le pregunta llorando: “¿Y fui yo, ¡oh dolor!, causa de tu muerte? … Ella … no se mostraba más conmovida por ellas (sus palabras) que si fuera duro pedernal o roca marpesia”, a la manera de las piedras arrasadas de Cartago. “Aléjase al fin precipitadamente y va a refugiarse indignada en un bosque sombrío... Eneas, traspasado de dolor a la vista de tan cruel desventura, la sigue largo tiempo, compadecido y lloroso”, como si el mismo Virgilio contemplara en silencio la desaparición de su ciudad. Entonces, la sombra del padre de Eneas, Anquises, le muestra el futuro, “la gloria que aguarda en lo futuro a la prole de Dárdano, qué descendientes vamos a tener en Italia.” Rómulo, Cesar, “y toda la progenie de Iulo” desfilan allí. “¿Quién podría pasarte en silencio, ¡oh, gran Catón! [...] ¿quién a […] los dos Escipiones, rayos de la guerra, terror de la Libia?”62
La Eneida describe siglos de una mortal enemistad mutua entre Roma y Cartago y relaciona a ambas con Troya. La metáfora dramática de Virgilio, que hace de Roma un “imperio sin fin” como producto de genocidios perpetrados mil años antes, resuena en toda la civilización occidental aun dos milenios después. Lo que Dryden llamaba “el mejor poema del mejor poeta” aseguró a Virgilio una “influencia ininterrumpida de dieciocho siglos.”63
En los decenios que siguen a la muerte de Virgilio, Tito Livio terminó su Histoire de Rome depuis sa fondation. Pero todos los libros, desde el 46 al 142, incluída su narración de la Tercera Guerra Púnica, desaparecieron. Por esta razón, su relato in extenso termina en 167 a.C. Incluso el libro 44, con el agregado de su predicción de “la destrucción de Cartago”,se redescubrió y se imprimió sólo en 153164.En sus primeros trabajos, Tito Livio puso a Catón el Censor “muy por encima” de sus pares por su “fuerza de carácter” y su “genio versátil”. Fue “el soldado más valiente en las batallas”, un “general sin parangón”, el “más dotado” de los juristas y “el abogado más elocuente”, cuyas palabras “han sido preservadas, intactas, en toda clase de escritos”. Para Tito Livio, Catón era “un hombre de una constitución de hierro, tanto física como intelectualmente”, dotado de “una integridad incólume y un desprecio total por la gloria y las riquezas.”65 Con la sutil transformación en leyenda troyana que, en honor a Roma, Virgilio hace de la tragedia de Cartago, las suposiciones de Tito Livio sobre los comienzos de Catón y el silencio de su perdido relato de la Tercera Guerra Púnica, avalaron la reputación histórica de Catón como modelo de dirigente de la República.
Ben Kiernan(Genocide Studies Program, Director, Yale)
1- Dubuisson, M., “‘Delenda est Cartago’: replanteo de un estereotipo”.Studia Phoenicia X, guerras púnicas, Lovaina, 1989, págs. 87-279; Limonier, F., “Rome et la destruction de Carthage: un crime gratuit ?”, Revue des Études Ancienne, 101, Nº 3-4, 1999, págs. 405-11; Huss, W., Geschichte der Karthager, Munich, 1985, págs. 436-57; Maroti, E., “On the Causes of Carthage’s Destruction”, Oikumene 4, 1983, págs. 223-31.


2- Plutarco, Les vies d’Aristide et de Caton, tr. D. Sansone, Warminster, 1989, pág. 159; Lancel, Serge, Carthage, Oxford, 1995, pág. 410; Badian, E., Foreign Clientelae (264- 70 av. J.C.), Oxford, 2000, págs. 130-33.


3- Polibio, 36.2.1; Harris, W.V., “Rome and Carthage”, The Cambridge Ancient History, Vol. VIII, Rome et la Méditerranée jusqu’à 33 av. J.C., 2da. ed., Cambridge, 1989, págs. 148-49, 152.


4- Maroti, “Carthage’s Destruction”, pág. 228, citado por Rhet. ad Herenn., IV,14, 20; Polibio, 18.3.59.


5- Estrabón estimó la población de Cartago circa 149 a.C. en 700.000 habitantes (17.3.15). B.H. Warmington lo considera imposible y sugiere unos 200.000, aunque “a principios del siglo III… sería sorprendente que no se acercara a los 400.000 habitantes” (Carthage, London, 1980, págs. 124-27). Apiano asegura que la población aumentó “sensiblemente” a partir de 201 a.C. (Histoire Romaine 8.10.69), tal como la arqueología lo “confirmó totalmente” (Vogel-Weidemann, Ursula, ‘Carthago Delenda Est: Aitia and Prophasis,’ Acta Classica, XXXII, 1989, págs. 79-95 y 86-7). Huss agrega que durante el sitio, “amplios sectores de la población rural encontraron refugio entre los muros de la ciudad” (Geschichte, 452).


6- Apiano, Histoire Romaine, 8.126; Polibio, Histoires, 38.8.10.12, 38.1.1.6.


7- Astin, A. E., Scipio Aemilianus, Oxford, 1967, págs. 36, 53 y 81-280; Le Bohec, Yann, Histoire militaire des guerres puniques, Mónaco, 1995, pág. 311, con una estimación de aproximadamente 55.000 sobrevivientes; Huss, Geschichte, págs. 455-56, Nº 133; Plutarco, Les vies d’Aristide et de Caton, 157.


8- Los conquistadores atenienses de Milo en 416 “mataron a todos los varones adultos capturados y vendieron a las mujeres y a los niños como esclavos”. Tucídides, Histoire de la guerre du Péloponnèse, V.115.


9- La orden senatorial era: “Se ha decidido que las ciudades aliadas de manera constante con el enemigo deben ser destruídas” (Apiano, Histoire romaine, págs. 8-135). Tunis, Hermaea, Neapolis y Aspis “fueron demolidas” (Estrabon, 17.3.16). Bizerta fue destruída y siete ciudades fueron respetadas (Le Bohec, Histoire militaire, 314). La suerte de los aliados de Cartago: Kelibia, Nabeul y Nepheris no está especificada. (págs. 298-99 y 308).


10- Vogel-Weidemann, “Carthago Delenda Est”, pág. 80; Huss, Geschichte, págs. 441-2.


11- Harris, en Cambridge Ancient History, VIII, pág. 160. “Semejante diktat equivalía a una sentencia de muerte [para Cartago]... la destrucción de sus templos y cementerios, la deportación de sus objetos de culto, eran un golpe seguramente más mortal que el desplazamiento de la población”. Lancel, Carthage, pág. 413. Ver Badian, Foreign Clientelae, pág.138.12- Astin, Scipio Aemilianus, págs. 51-53; Apiano, Histoire romaine, págs. 8,


12, 83-85, 89.


13- Harris, en Cambridge Ancient History, VIII, pág. 154 (“la sumisión y el desarme no eran suficientes”), pág. 161. “El Senado envió diez...diputados para poner orden en los asuntos de África... Estos hombres decretaron que si algo quedaba aún en pie en Cartago, Escipión debería arrasarlo desde la base, para que nadie pueda vivir allí.” Apiano, Histoire romaine,8. 20.135.


14- Un amigo de Escipión el Africano dijo en el Senado durante el debate sobre la política cartaginesa en 201 que era “justo y oportuno para nuestra prosperidad no exterminar razas enteras, sino conducirlas a un mejor estado espiritual”. Apiano, Histoire romaine, 8.9.58. Polibio escribió sobre este debate cincuenta años más tarde, afirmando que “las disputas entre ellos relativas al efecto en la opinión extranjera los disuadió de ir a la guerra” contra Cartago (Les Histoires, 36.1.2.4). Narró las opiniones griegas sobre la destrucción de la ciudad por Roma (36.2.9); “no es fácil encontrar un tema con tanto renombre ” (36.1.1). Astin, Scipio Aemilianus, págs. 52-3, 276-80.


15- Astin, A. E., Cato the Censor, Oxford, 1978, págs.127-28; Badian, Foreign Clientelae, pág. 125.


16- Dexter Hoyos, B., ‘Caton’s Punic Perfidies,’ Ancient History Bulletin, 1.5, 1987, págs.112-121 en 120.


17- Kiernan, Ben, “Sur la notion de génocide,” Le Débat, París, 104, marzo- abril 1999, págs .179-92.


18- Harris, Cambridge Ancient History, VIII, págs.155, 160, señala que “es difícil creer que Cartago en sígenerara profundo temor a Roma en los años 150” (153). Estrabon especificó que los preparativos bélicos de los cartagineses se realizaron después del último ultimátum de Roma (17.3.15). Vogel-Weidemann argumenta que Cartago estaba “bien armada…Restos de navíos y una gran cantidad de material” fueron encontrados(‘Carthago Delenda Est,’ págs. 86-7). Maroti coincide: “A principios del sitio, la flota cartaginesa estaba lista en el puerto... si se construían nuevas embarcaciones, era para luchar contra Roma” (pág. 227). El puerto de Cartago tenía capacidad para 250 navíos, lo cual para Limonier era una violación del tratado de 201. Pero agrega (pág. 409, Nº 27) que los navíos de guerra no estaban mencionados en las exigencias romanas de 149 y podían haber sido construídos ulteriormente, o adaptados a partir de navíos comerciales. Badian, citando a Estrabón (17.3.15)dice “los cartagineses, por cierto, tenían los pocos navíos de guerra permitidos por el tratado” (Foreign Clientelae, 134 n.). D. Kienast cree que “el material naval… estaba destinadoa acrecentar la flota mercante”,Harris descarta el material naval y los navíos de guerra (Vogel-Weidemann, pág. 93, n 88). Ver igualmente Astin, Scipio Aemilianus, págs. 270-76.


19- La orden del Senado a los cartagineses “de abandonar su ciudad y desplazarse al interior era el mejor método para incitar a este pueblo humillado, privado de su pasado, a ponerse al servicio de un príncipe númida… una masa acorralada por Roma y dispuesta a hacer lo que fuere para recuperar la patria perdida”. (Limonier, 407).


20- Vogel-Weidemann sugiere que Roma “en su venganza, habría podido dar muestras de una política fría, por ejemplo, liquidando de una buena vez todos los centros tradicionales de oposición a Roma y, de ser posible, dando un ejemplo” (pág. 88), citando a W.V. Harris, War and Imperialism in Republican Rome, 1979, págs. 234-40, y a Diodoro, en el sentido de que con posterioridad a 168 a.C., “a cualquier precio” Roma “procuraba asegurar su predominio a través del miedo y la intimidación, destruyendo las ciudades más importantes” (83, págs. 85-6).


21- Cornelius Nepos: A selection, including the lives of Cato and Atticus, trad. N. Horsfall, Oxford, 1989, pág. 35.


22- Plutarco, Vies, pág. 173; Cornelius Nepos, págs. 37-8 (Plinio, NH 8.11).


23- Tito Livio, Rome and the Mediterranean, trad. H. Bettenson, Harmondsworth, 1976, 34.4.,pág. 144.


24- Vogel-Weidemann, pág. 92, n. 73, citando el discurso de Catón De bello Carthaginiensi, en Malcovati H., Oratorum Romanorum Fragmenta 3, 1967, fr. 195.


25- Cato and Varro on Agriculture, trad. W. D. Hooper y H. B. Ash, Cambridge, Ma., 1993, Introduction, X.


26- Tito Livio, Rome and the Mediterranean, 155-58; Cornelius Nepos, pág. 5; Plutarco, Vies, 113-117.


27- Maroti, “Carthage’s Destruction”, pág. 226; Astin, Cato, págs. 126-7; Plutarco, Vies, 157-59.


28- “El modo que empleó Catón para difundir su chauvinismo itálico los sorprendió.” Meijer, F.J., “Cato’s African Figs”, Mnemosyne, Vol. XXXVII, Fasc. 1-2 (1984), págs. 117-124, en 122-23; Marcus Cato, De Agri Cultura, 8. 1 y Marcus Terentius Varro, De Re Rustica, I. 41, en Cato and Varro on Agriculture, 21, pág. 273.


29- Maroti, “Carthage's Destruction”, pág. 228; Cicerón, On the Good Life, trad. Michael Grant, London, 1971, pág. 171.


30- Catón, De Agri Cultura, en Cato and Varro on Agriculture, 3.


31- Polibio, The Rise of the Roman Empire, trad. Ian Scott-Kilvert, Londres, 1979, pág. 529.


32- Cato and Varro on Agriculture, ix; Plutarco, Vies, pág. 95, 143-47.


33- Apiano, Histoire romaine, 8.12.86-9; Harris, W. V., en Cambridge Ancient History, VIII, pág. 156.


34- Tito Livio, Rome and the Mediterranean, págs. 141-47; ver también Forde, Nels W., Cato the Censor, págs. 101-4.


35- Plutarco, Vies, págs. 143, 153, 115, 133.


36- MacMullen, Ramsay, “Hellenizing the Romans (Siglo II a.C.)”, Historia 44 (1991), págs. 429-30, 434.


37- Cornelius Nepos, 5-6; Cato and Varro on Agriculture, x-xi.


38- Tito Livio, Rome and the Mediterranean, pág. 144; Plutarco, Vies, pág. 101; MacMullen, “Hellenizing”, págs. 427-28, 433.


39- Sobre la apertura precoz de los nobles romanos a la cultura griega, MacMullen, “Hellenizing”, pág. 426; Briscoe, J., “Cato the Elder”, Oxford Companion to Classical Civilization, S. Hornblower, A. Spawforth ed., Oxford, 1998, pág. 146.


40- Cornelius Nepos, 6, y comentario, 57; vertambién Cato and Varro on Agriculture, XII.


41- Snowden, Frank M. Jr., Blacks in Antiquity, Cambridge, Ma., 1970; Morton Braund, Susanna, “Roman Assimilations of the Other: Humanitas at Rome,” Acta Classica XL (1997), págs. 15-32.


42- Cornelius Nepos, 5, 36, nota, pág. 47; Astin, Cato, 171, citandoAd Filium de Catón según Plinio, NH., 29. 13 f.


43- Conjunto de tratados de filosofía griega hallados en 181 que fueron apenas examinados antes de ser destruídos por orden senatorial - se temía que sus enseñanzas generaran dudas sobre la religión”. En 173, Roma expulsó a los profesores de filosofía epicúrea. (MacMullen, “Hellenizing”, pág. 435). Sobre la “paranoia de Catón respecto de los médicos griegos” y su opinión de las“estatuas extranjeras como profanación”,436 nn 62, 63.


44- Plutarco, Vies, págs. 147-149.


45- MacMullen, “Hellenizing”, pág.432n. 41; Plutarco, Vies, pág. 129.


46- Plutarco, Vies, págs. 159-61; Krings, V., “La Destruction de Carthage: problèmes d’historiographie ancienne et moderne”, Studia Phoenicia, X, Les guerres puniques, Lovaina, 1989, págs. 329-344, en la335.


47- Dubuisson, “Delenda est Carthago”, pág.285.


48- Kiernan, Ben, “Twentieth Century Genocides: Underlying Ideological Themes from Armenia to East Timor”, en R. Gellately y B. Kiernan ed., The Specter of Genocide, Nueva York, 2003, págs. 29-51.


49- Griffin, Jasper, Virgil, Nueva York, 1986, págs. 27, 36 ff.


50- Virgilio, Geórgicas 2, trad. The Internet Classics Archive, http://classics.mit.edu/Virgil/georgics.html


51-Geórgicas 3, citada en Griffin, Virgilio, pág. 52.


52- Oliensis, Ellen, “Sons and Lovers: Sexuality and Gender in Virgil’s Poetry,” en Charles Martindale ed. The Cambridge Companion to Virgil, Cambridge, 1997, págs. 297-99.


53- Griffin, Virgil, 84, 62; La Eneida: trad. J. Perret,, Les Belles Lettres, París, VIII, pág. 698. N.del T.: Las citas de la versión francesa utilizada por el autor fueron reemplazadas por las de la traducción latín-castellano realizada por Eugenio de Ochoa en 1869, Editorial Losada, 10ª. edición, Buenos Aires, 1997. En adelante, las llamadas remitirán a dicha versión.


54- Griffin, Virgil, 63-4, pág. 54.55- Virgilio, La Eneida, I,1556- Virgilio, La Eneida, II, 41-42, 45-4657- Virgilio, La Eneida, I,25.58- Griffin, Virgil, pág. 110.59- Virgilio, La Eneida, I, 27,28 y 29.60- Virgilio, La Eneida, II,42; III, 53.61- Ver Hardie, Philip R., Virgil’s Aeneid: Cosmos and Imperium, Oxford, 1986, págs. 282-4.62- Virgilio, La Eneida, VI, 119,127.63- West, “Introduction,” W.Y. Sellar, Virgil, Oxford, 1897, págs. 59 -68.


64- Tito Livio, Rome and the Mediterranean: Books XXXI-XLV of The History of Rome from its Foundation, trad. H. Bettenson, Londres, 1976, pág. 596 (XLIV.44), Introduction, pág. 20. Estrabón, Géographie, Libros III, VIII, y Apiano, Libyca 69, Histoire romaine, 8.20.135, mencionan también la destrucción de Cartago.65- Tito Livio, Rome and the Mediterranean, 430 (39.40).

Las Historias continuan


La imagen es de Dali, "La persistencia de la Memoria", y el artículo se lee mejor si se escucha a Ibrahim Ferrer, http://www.geocities.com/ideor60/music/buena_vista_social_club_dos_gardenias.mp3 cliquea en el título
Las historias continuan
Alfredo Alpini

Leyes, códigos, valores políticos y morales, que rigen nuestra sociedad contemporanea, han sido construidos históricamente con base en un modelo: el hombre liberal. Según Fukuyama, la profecia del liberalismo parece cumplirse al derrotar a su rival, la profecia marxista. Sin embargo, la concepcion liberal de la historia no tiene en cuenta otros sujetos históricos que ponen en cuestión una homogeneidad humana inexistente.
El concepto de posmodernidad se ha introducido en todas las discusiones filosóficas, estéticas, literarias, sociológicas de las últimas dos décadas. Este debate se refleja en el acontecer histórico como el fin del proyecto moderno, es decir, con el advenimiento de la posmodernidad, o en otras palabras, con el fin de la historia entendida como portadora de un sentido en el que estaba embarcada toda la humanidad.
El fin de la historia
La polémica sobre el fin de la Historia se introdujo en ámbitos históricos recién con el publicitado libro de Francis Fukuyama: "el fin de la historia y el último hombre"(1). Sin embargo, esta expresión -que últimamente se ha convertido casi en un aforismo- fue utilizada ya a fines de la década de los setenta para designar la liquidación de la modernidad. Los filósofos franceses François Lyotard y Jean Baudrillard y el italiano Gianni Vattimo emplearon el término, aunque con matices distintos, para designar el advenimiento de lo que se denomina posmodernidad.
Aunque Fukuyama hable del fin de la historia al igual que los pensadores posmodernos, éstas son dos concepciones totalmente antagónicas. Fukuyama, representante del liberalismo, y por lo tanto, uno de los resabios de la modernidad burguesa, pretende conducir a la humanidad entera hacia el fin del suceder histórico, al afirmar que la democracia liberal y el surgimiento del último hombre -el hombre liberal, se entiende- constituyen el fin hacia el que se dirigen todas las sociedades.
Precisamente, los pensadores posmodernos lo que critican es esta concepción unitaria y direccional de la historia. Para Lyotard, el fin de los metarrelatos significa la liquidación de la modernidad entendida como el proyecto de emancipación de la humanidad. Por su parte, Vattimo entiende que la historia unitaria, dirigida hacia un fin, ha sido sustituida por la perturbadora experiencia de la multiplicación de subculturas y sujetos históricos. Esto sucede cuando la sociedad regida por los mass media otorga la palabra a múltiples culturas antes reprimidas por la modernidad occidental.
Contra la visión posmoderna han reaccionado pensadores de distintas disciplinas. Desde el campo de la historia lo han hecho Eric Hobsbawm, Manuel Cruz y Perry Anderson, entre otros. Desde la sociología Alain Touraine. Desde la filosofía, específicamente desde la teoría crítica alemana, Jürgen Habermas, quien ve en todo esto una reacción contra el legado del humanismo y de la ilustración. Habermas intenta salvar así la potencia emancipadora de la razón ilustrada que para él es la condición sine qua non de la democracia política. Según éste, el proyecto de la modernidad no es una causa perdida, como entienden los pensadores posmodernos, sino más bien una trayectoria recuperable siempre y cuando se enderece el proceso racionalizador que tiende a solucionar los aspectos negativos del desarrollo de la modernidad.
Fukuyama y la ultima historia universal
En julio de 1989, Francis Fukuyama publicó en Washington un artículo titulado "The end of History?", el cual tuvo una repercusión inmediata. Los medios de comunicación tomaron esta idea, muchas veces ingenuamente, para caracterizar el fin del milenio. En 1992, el mismo concepto aparece en forma extensa en el libro "El fin de la Historia y el último hombre". Las premisas de las cuales parte Fukuyama fueron tomadas de Hegel, pero principalmente de Alexandre Kojève, a quien reconoce como el fundamento teórico de su libro. Lo interesante de las ideas de Fukuyama es que surgen del seno mismo de las oficinas del Departamento de Estado norteamericano. De este modo, se convierte en un apologista del capitalismo vigente.
La hipótesis del artículo publicado por la revista "National Interest" era que el consenso mundial otorgaba legitimidad a la democracia liberal como sistema de gobierno al ir declinando las ideologías rivales. El fascismo, derrotado luego de la Segunda Guerra Mundial, se acompañó del derrumbe del comunismo a fines de los años ochenta. Derrotadas estas alternativas sólo quedaban residuos locales del pasado histórico: el nacionalismo, los fundamentalismos religiosos, etc. La victoria del capitalismo se extendió no sólo en Europa, al caducar los régimenes fascistas, sino que gran parte de Asia -Japón, Corea del Sur, Taiwan y China- se abría al liberalismo económico.
En este artículo, Fukuyama "argüía que la democracia liberal podía constituir `el punto final de la evolución ideológica de la humanidad', la `forma final de gobierno', y que como tal marcaría `el fin de la historia'"(2). El fin de la historia implica que el progreso hacia la libertad dispone ahora tan sólo de un camino. Con la caída del socialismo, la democracia liberal se presenta como la forma final de gobierno humano que llevará al desarrollo histórico a su término. Según Fukuyama, esta idea ya había sido formulada por Hegel, el primer filósofo en trascender las concepciones fijas sobre la naturaleza humana. La fenomenología hegeliana de las incesantes transformaciones del espíritu apunta, no hacia la corrupta infinitud de un proceso de cambio interminable, sino hacia una culminación absoluta, en la que la razón, en la forma de libertad sobre la tierra, se realiza en las instituciones del Estado liberal(3).
Con la caída del comunismo, Fukuyama arremete, con más argumentos, contra todo pasado ideológico que impuso trabas al progreso del liberalismo. Los nuevos aportes se desarrollan extensamente en el mencionado libro. Fukuyama coloca ahora dentro de una teoría global de la historia universal a los cambios políticos ocurridos a fines de los años ochenta. El hecho fundamental que caracteriza al fin de la historia es que actualmente no quedan programas ideológicos que puedan superar al capitalismo. Si bien la democracia liberal no se ha completado en todo el mundo, la falta de rivales otorga la perspectiva de que hemos llegado al fin de la historia.
Una historia universal y direccional
Para desarrollar su hipótesis, Fukuyama toma conceptos de las filosofías de la historia del siglo XIX. Más exactamente de las hegelomarxistas, es decir, aquellas que postulan un principio y un fin en el suceder histórico. Con el postulado del fin de la historia, lo que intenta afirmar es que lo que había llegado a su fin no era la sucesión de acontecimientos, sino "la historia, es decir, la historia entendida -tomando en consideración la experiencia de todos los pueblos en todos los tiempos- como un proceso único, evolutivo, coherente.(...)Esto no significaba que el ciclo natural de nacimiento, vida y muerte llegara a su fin, ni que ya no hubieran de ocurrir acontecimientos importantes o que dejaran de publicarse los periódicos que informaban sobre ellos. Significaba, más bien que no habría nuevos progresos en el desarrollo de los principios e instituciones subyacentes, porque todos los problemas realmente cruciales habrían sido resueltos"(4).
En este sentido, Fukuyama plantea la posibilidad de realizar una historia universal, direccional y coherente, que conduzca a la mayor parte de la humanidad a la democracia liberal. La historia universal de la humanidad que propone es una tentativa de encontrar normas de significado en el desarrollo general de las sociedades humanas. Como todas las filosofías especulativas de la historia, Fukuyama asigna a los acontecimientos particulares sentido sólo en relación a cierto objetivo o meta más trascendente, "cuya consecuencia necesariamente lleva el proceso histórico a su término"(5). Por supuesto, el sentido de la historia universal es la democracia liberal: "(...)si miramos no sólo los últimos quince años, sino todo el ámbito de la historia, vemos que la democracia liberal empieza a ocupar un lugar especial.(...)En realidad, el crecimiento de la democracia liberal, con su compañero el liberalismo económico, ha constituido el fenómeno macropolítico más notable de los últimos cuatrocientos años"(6). Más adelante sostiene que "es en este telón de fondo que adquiere un sentido especial el notable carácter mundial de la actual revolución liberal. Pues constituye una prueba de que hay un proceso fundamental que dicta una tendencia común a la evolución de todas las sociedades humanas, es decir, algo así como una historia universal de la humanidad en marcha hacia la democracia liberal"(7).
Según Fukuyama, el advenimiento necesario de la democracia liberal como objetivo del sentido de la historia se debe a que la historia es direccional. Las sociedades humanas no están regidas por el azar o por ciclos, porque de suceder así, sería posible que la humanidad repitiera prácticas sociales o políticas hoy superadas: la esclavitud, la monarquía, etc. "Una historia direccional -dice el autor- implica, que ningua forma de organización social, una vez superada, se pueda repetir jamás en una misma sociedad (...)"(8).
Una historia direcccional, no cíclica, es posible debido al descubrimiento del método científico en los siglos XVI y XVII. El impulso decisivo que recibió la ciencia en el Renacimiento otorgó a la evolución humana una orientación lógica y universal. Es decir, es la razón, acompañada de la ciencia, la que transforma definitivamente el mundo: "La primera manera cómo la ciencia natural moderna produce cambios históricos que son a la vez direccionales y universales es por la competencia militar. La universalidad de la ciencia proporciona la base para la unificación global de la humanidad, en primer lugar debido a la preponderancia del conflicto y la guerra en el sistema internacional (...)"(9). La razón científica ha transformado con el tiempo todo el mundo, al obligar a los Estados a modernizarse -militar y socialmente- si pretenden perdurar bajo la presión de los países tecnológicamente más avanzados.
Pero también hay una segunda manera que hace que la ciencia moderna permita producir cambios históricos direccionales: "Por la gradual conquista de la naturaleza con el propósito de satisfacer los deseos humanos, es decir, lo que llamamos también desarrollo económico"(10). La ciencia, al permitir el desarrollo ilimitado del crecimiento económico, otorga una mayor satisfacción de las necesidades materiales. También, la ciencia permite una organización racional del trabajo y de la administración -las fábricas y las burocracias-, lo que permite el aumento en los niveles de vida. Una vez que la dinámica de la ciencia posibilitó alcanzar una economía industrial madura, de manera inexorable elige al capitalismo como el único sistema eficiente para aumentar la productividad.
Fukuyama sabe que una economía capitalista no conduce necesariamente a la democracia política. El camino a la libertad no es el mismo que al de la productividad. Es la lucha por el reconocimiento lo que impulsa a los hombres hacia la democracia liberal. De este modo, el motor primero de la historia no tiene nada que ver con la economía, sino con la lucha por el reconocimiento: "El hombre busca no sólo la comodidad material, sino también el respeto o el reconocimiento, y cree que es digno de respeto porque posee cierto valor o dignidad (...) El problema de la historia humana puede verse, en cierto sentido, como la búsqueda de la manera de satisfacer el deseo de reconocimiento mutuo e igual de señores y esclavos; la historia termina con la victoria de un orden social que alcanza esta meta"(11). El reconocimiento desigual que imperaba en el pasado entre amos y esclavos fue sustituido por el reconocimiento universal, en el cual cada ciudadano reconoce la dignidad y humanidad de todos los demás ciudadanos, y en que la dignidad se reconoce, a su vez, por el Estado mediante el establecimientos de derechos.
El hombre de Fukuyama
Como toda filosofía de la historia, la de Fukuyama considera sólo un hombre capaz de hacer la historia. Es el hombre homogéneo y universal que posee la misma naturaleza en todas partes. Así, para justificar que la democracia liberal satisface realmente las necesidades humanas, Fukuyama asume una postura transhistórica del hombre. Considera que existe una naturaleza permanente que posee siempre los mismos anhelos: "En fin de cuentas, resulta imposible hablar de la `historia', y mucho menos de una `historia universal' sin referirse a una media permanente, transhistórica, o sea, sin una referencia a la naturaleza"(12).
Si la democracia liberal no satisface esta naturaleza humana, entonces el triunfo actual no proveerá una estabilidad definitiva, pues surgirán desafíos al liberalismo. Desafíos que tendrán su origen en la estructura misma de la naturaleza humana. Según Fukuyama, la historia ha llegado a su fin "si la forma actual de organización social y política es completamente satisfactoria para los seres humanos en sus características más esenciales"(13).
Fukuyama entiende que en la democracia liberal existen "problemas" -contaminación, drogadicción, delincuencia, etc.- pero no "contradicciones" que obliguen a cambiar la forma de organizar la sociedad. Los problemas se pueden resolver dentro de la forma democrática de gobierno, las contradicciones, en cambio, llevan a derribar la sociedad liberal en su conjunto. Entonces, "(...)si no hay otras fuentes más hondas de descontento dentro de la democracia liberal, de si en ella la vida es realmente satisfactoria. Si no se nos aparecen `contradicciones' (...) entonces estamos en condiciones de decir, con Hegel y Kojève, que hemos llegado al fin de la historia"(14).
Como afirmamos más arriba, es el deseo de reconocimiento el "anhelo humano más fundamental". Cuando se llega a este reconocimiento, la libertad pautada por el Estado de Derecho, la historia ha culminado: "(...) la historia ha terminado porque el Estado universal y homogéneo que encarna el reconocimiento recíproco satisface plenamente este anhelo (...)"(15).
El fin de la historia, equivalente a la plena satisfacción de la naturaleza humana, da origen al último hombre. "El último hombre -según el autor- al final de la historia, sabe que es mejor no arriesgar su vida por una causa, porque se da cuenta de que la historia está llena de fútiles combates sin sentido en los cuales los hombres lucharon por si debían ser cristianos o musulmanes, protestantes o católicos, alemanes o franceses. Las lealtades que han empujado a los hombres a desesperados actos de valor y sacrificios resultan ser, a la luz de la historia subsiguiente, estúpidos prejuicios"(16).
El último hombre, al encontrarse plenamente satisfecho, no tendría causas por las que luchar. Sus intereses se limitan a las actividades económicas: "La vida del último hombre es una vida de seguridad física y de abundancia material, precisamente lo que los políticos occidentales suelen prometer a sus electores"(17).
El fin de la historia hecha por el hombre liberal
La historia universal que nos propone Fukuyama es por supuesto un resabio de la modernidad. En este sentido, arriba inexorablemente, al final de una totalidad histórica porque se otorga primacía a algunos hechos en desmedro de otros. Así, considera para realizar la historia direccional y universal "algunas" historias y descalifica otras, según él, de menor entidad.
Fukuyama sostiene que las dos generaciones anteriores de historiadores se apartaron de la historia política, militar y diplomática e hicieron hincapié en las investigaciones sobre la historia social, la historia de las mujeres y de las minorías, o la historia de la vida cotidiana. "El hecho que los ricos y los poderosos hayan cedido lugar, como objeto de atención histórica, a los de abajo en la escala social no implica que se abandonen las normas de selección histórica (...) Pero ni el historiador diplomático ni el historiador social pueden eludir la selección entre lo importante y lo sin importancia, y de ahí la referencia a una medida o norma que existe en alguna parte `fuera' de la historia (y, dicho sea de paso fuera de la esfera de competencia de los historiadores profesionales en tanto que historiadores)"(18).
Como todo proyecto moderno, la historia de Fukuyama tiene un principio y un fin, y se recrea este proyecto dando significancia a algunos acontecimientos descartando otros: "El historiador de una historia universal ha de estar dispuesto a descartar pueblos enteros y épocas completas como esencialmente prehistóricas o no históricas, porque no influyen en la `trama' central de su historia"(19).
La historia de Fukuyama es aquella que se realiza por medio del avance de la razón científica en una dirección inmutable. Y el hombre que realiza esa historia posee una naturaleza humana perpetua, realizándose plenamente en la libertad y en la abundancia.
Aunque Fukuyama no cita a ningún pensador posmoderno, sí tiene presente las críticas que se realizan en contra de este hombre universal que posee derechos inalienables: la vida, la libertad y la propiedad. Fukuyama deriva estos derechos de lo que es el hombre según la concepción liberal. Como ya vimos, sólo existe una naturaleza humana y, por consecuencia, sólo una categoría fija de derechos que el hombre realizará en la historia. Una asignación de derechos a nuevos sujetos históricos -como sucede actualmente en las sociedades contemporáneas- llevaría a quitarle primacía al hombre racional liberal. Los nuevos derechos que han asaltado a la democracia contemporánea son los pertenecientes a los nuevos sujetos históricos: las mujeres, los niños, las minorías étnicas, los grupos ecologistas, etc. "La incoherencia de nuestro actual discurso sobre la naturaleza de los derechos -dice Fukuyama- surge de una crisis filosófica más honda, referente a la posibilidad de una comprensión racional del ser humano"(20). La proliferación de derechos que se asignan no solamente al hombre liberal cuestiona, según entendemos nosotros, toda la historia universal de Fukuyama. Y quizá sea ésta la principal crítica del pensamiento posmoderno a los proyectos de la modernidad. Según Fukuyama, "la extensión del principio de igualdad para aplicarlo no sólo a los seres humanos, sino también a toda creación no humana, puede parecernos extravagante, pero está implícita en nuestro modo de pensar la pregunta: ¿Qué es el hombre? Si creemos realmente que no es capaz de elección moral o del empleo autónomo de la razón, si puede entendérsele enteramente en términos de lo subhumano, entonces no sólo es posible, sino inevitable que los derechos se extiendan gradualmente a los animales y a los demás seres naturales. El concepto liberal de una humanidad igual y universal con una dignidad humana específica puede atacarse desde arriba y desde abajo: por quienes afirman que ciertas identidades de grupo son más importantes que la calidad de ser humano, y por quienes creen que el hecho de ser humano no constituye un distintivo respecto de lo no humano. El callejón sin salida intelectual en que nos ha metido el relativismo moderno no nos permite responder definitivamente a ninguno de esos dos ataques, y por tanto no nos permite defender los derechos liberales tal como se entienden tradicionalmente"(21).
El hecho fundamental de que no sea sólo el hombre liberal el que da significado a la historia, sino que la existencia de múltiples sujetos reivindiquen sus derechos particulares, echa por tierra toda la concepción moderna de la historia de Fukuyama. Más adelante haremos hincapié en la concepción posmoderna de la historia que, amén de postular el fin de la historicidad, enfatiza en la tolerancia y en la premisa fundamental de que el sentido de la historia no es universal ni direccional.
REFERENCIAS
1. Fukuyama, F.; "El fin de la Historia y el último hombre", Barcelona, Planeta-Agostini, 1995.
2. Ibid., p.11.
3. Anderson, P., "Los fines de la historia", Barcelona, Anagrama, 1996.
4. Fukuyama, F.; "El fin de la Historia...", op. cit., pp.12-13.
5. Ibid., p.95.
6. Ibid., pp.85-86.
7. Ibid., p.88.
8. Ibid., p.115.
9. Ibid., p.118.
10. Ibid., p.123.
11. Ibid., pp.217-218.
12. Ibid., p.202.
13. Ibid., p.199.
14. Ibid., p.388.
15. Ibid.16. Ibid., pp.410-411.
17. Ibid., p.417.
18. Ibid., p.203.
19. Ibid.
20. Ibid., p.398.
21. Ibid., pp.400-401.

2/11/07

Tomás Abraham - Prólogo a Genealogía del racismo de Michel Foucalult


http://www.todotango.com/audio/wax/625.wax Si cliqueas acá lo que lees es mejor con música, Adriana Varela cantando " Cambalache"-(Imagen-Pablo Piccasso, Paloma de la Paz en azul)



Genealogía del racismo" es la transcripción del curso de Foucault en el Collége de France entre fines del año 1975 y mediados de 1976. Es el momento en que se editan Vigilar y castigar y La voluntad de saber. Foucault prosigue un plan varias veces anunciado y se detiene en un problema particular: el tema de las poblaciones y el nacimiento de la biopolítica.En estas clases inaugura un nuevo recorrido. Primero plantea un problema teórico, el de la extensión y operatividad de la genealogía, palabra que designa su perspectiva de trabajo. Luego hace jugar esta perspectiva en un aspecto clave de la biopolítica, la que concierne al racismo.La genealogía se inscribe en la tradición nietzscheana que articula las luchas con la memoria, describe las fuerzas históricas que en su enfrentamiento hicieron posible las culturas y las formas de vida.Foucault, como continuador de esta tradición, busca un antecedente que lo llevará mucho más allá de Nietzsche. Lo llamará contrahistoria, es el primer discurso histórico-político de Occidente. Adquiere su plena elaboración en el siglo xvii por parte de una aristocracia ya decadente. Los representantes de esta clase producen un relato histórico cuyos efectos se marcarán dos y tres siglos más tarde.Esta contrahistoria es la que introduce el modelo de la guerra para pensar la historia. Elabora la primera historia no romana o antirromana, la vieja historia imperial que unía a la Antigüedad y al Medioevo en la repetición de una crónica de fundaciones y héroes legendarios. La contrahistoria transgrede la continuidad de la gloria y enuncia una nueva forma de continuidad histórica: el derecho a la rebelión.Esta es la dirección del discurso de la guerra de las razas con su sentido binario y su álgebra de enfrentamientos. Para la contrahistoria, el acontecimiento inaugural de las sociedades, el punto cero de la historia, es la invasión. Esta singularidad histórica describe los choques y batallas entre etnias, conquistadores normandos contra sajones, galo-romanos contra germanos.Por eso es una contrahistoria, embiste contra las historias sustentadas en la concepción filosófico-jurídica del contrato. La concepción históricopolitica de este nuevo relato subvierte los términos de las relaciones entre la fuerza y la verdad. Como dice Foucault, de Solón a Kant, la verdad emerge del apaciguamiento de las violencias. Pero para la contrahistoria de la aristocracia nobiliaria el problema no es la soberanía, la obediencia y los límites a fijar sobre el derecho a ejercer el poder. Se trata de la usurpación del poder. No nace de un discurso universal, es decir imperial, para fijar el territorio de la soberanía. La nueva historia no se coloca ni en el centro ni en el afuera de los conflictos. Por el contrario, su verdad se apoya en el hecho de ser parte del conflicto. El relato histórico es parte de la historia, no es su crónica o su descripción, es un intensificador y operador del poder. Esta es la función de la memoria histórica, la de sostener un discurso de esplendor del poder con sus rituales y funerales, elegías y epitafios, consagraciones, ceremonias, crónicas legendarias. Es una muestra de las formas en que relaciona los ámbitos del derecho, el poder y la verdad. La contrahistoria, la genealogía en general, expone el modo en que las relaciones de poder activan las reglas del derecho mediante la producción de discursos de verdad. Esto es lo que los sociólogos llaman "legitimidad" y Foucault dispositivos de saber-poder y políticas de la verdad.Puede resultar curioso el interés de Foucault en un discurso que interpreta la historia como una guerra entre razas. Pero es necesario leer con cuidado, o simplemente leer. Se trata de etnias, pueblos que se definen por una lengua, por usos y costumbres comunes. Foucault mostrará cómo la noción de "raza" cambia de sentido en el siglo xix, el modo en que la guerra de las razas, relatada por los historiadores de la contrahistoria, adquiere un sentido biológico, connotado por el evolucionismo y las teorías de la degeneración de los fisiólogos.Para Foucault, las prácticas discursivas constituyen fuerzas cuya dirección es modificable, los saberes ocupan un campo estratégico y son elementos de tácticas variables. Son discursos-fuerza. Por eso la narración erudita de la nobleza reaccionaria puede ser un instrumento táctico utiliza-ble por estrategias diferentes. Las tácticas discursivas son transferibles y variables.El poder de los Estados modernos y el discurso biologizante se apoyarán sobre aquella contrahistoria para desarrollar las bases teóricas del racismo. Esta reorientación táctica no debe hacernos olvidar el papel político del discurso de la contrahistoria frente a la ciencia política, filosófica y jurídica del contractualismo. En lugar de convenciones y contratos, consensos y acuerdos de soberanía, se recordarán las conquistas, las invasiones, expropiaciones, las servidumbres, los exilios. Para pensar las relaciones políticas habrá que abandonar los modelos económicos en los que el poder se entrega, distribuye y comparte, por el modelo de la guerra. Este fue el producto intelectual de una nobleza retrógrada que elaboró la matriz del futuro discurso proletario.Produjo, además, nuevas líneas en el campo del saber. La filología del siglo pasado, los temas de la nacionalidad y la lengua desde el origen disputado de las palabras. La economía política que, de la idea de riqueza a la del trabajo, produce los conceptos de valor-trabajo y clase social. La biología y su teoría de la selección biológica y la formación de las razas.La contrahistoria aportó un principio de inteligibilidad por el que buscaba el conflicto inicial y la lucha fundamental, individualizaba las traiciones y encontraba las verdaderas relaciones de fuerza. Es una composición en tres partes: reanuda los hilos estratégicos, traza las líneas de separación moral y restablece los puntos constituyentes de la política y de la historia.Del problema de las leyes se pasa al campo de fuerzas, del establecimiento de los documentos a los equilibrios entre las partes en conflicto. Pero también se sustituyen los vocabularios. El lenguaje jurídico para pensar las relaciones políticas deja lugar a otro médico. La idea de constitución indica relaciones de fuerza, sistemas de equilibrio, juego de proporciones, revolución de fuerzas y no restablecimiento de viejas leyes. La idea de constitución proviene del lenguaje médico y adquiere acepciones inesperadas en el campo político. Es la tesis de un maestro de Foucault, Georges Canguilhem. Ponderaba los conceptos de acuerdo con su recorrido entre saberes, su dirección transversal. Foucault repite esta operación con la noción de guerra entre razas.Hay mentes singulares que perciben a la historia del pensamiento como un recorrido virósico, identifican a la historia de los discursos como una crónica de transmisiones bacilares. Por eso sostienen que el nazismo estaba contenido en Nietzsche, que Marx hizo posible a Stalin, o que la bomba atómica estaba en germen en las ideas de Einstein. No hacen más que continuar los procedimientos inquisitoriales.Foucault analiza la reversibilidad táctica de los discursos y muestra que las tramas epistémicas pueden ser independientes de las tesis sustentadas y de las posiciones políticas.El discurso de la guerra entre razas cambia su orientación con el ascenso de la burguesía. La aristocracia decadente pensaba a la guerra como enfrentamiento entre campos antagónicos, choque entre pueblos, la guerra como conflicto entre fuerzas exteriores. La burguesía del siglo pasado pensará la guerra en términos civiles y problemas interiores a la sociedad. Se habla de los enemigos internos. El enemigo no es el extranjero ni el invasor sino el peligroso, aquel que posee la virtualidad de afectar el orden social. La noción de peligrosidad señala el pasaje de lo virtual a lo efectivo en el sistema de las amenazas. El colonizado o nativo, el loco, el criminal, el degenerado, el perverso, el judío, aparecen como los nuevos enemigos de la sociedad. La guerra se concibe en términos de supervivencia de los más fuertes, más sanos, más cuerdos, más arios. Es la guerra pensada en términos histórico-biológicos."Defender la sociedad" es el nombre que da Foucault a este curso que gira sobre la guerra de las razas y su conversión en el racismo de Estado. Los mecanismos de defensa de la sociedad se implementan desde los dispositivos disciplinarios y las estrategias biopolíticas. Sus enemigos son variados. El masturbador es una inquietud disciplinaria y el degenerado lo es de las teorías fisiológicas y biológicas.La disciplina para Foucault es un dispositivo cuyo objeto es el cuerpo y su lugar de construcción la institución. Es la anátomo-política de los cuerpos organizada en cuarteles, fábricas, hospitales, asilos, escuelas y prisiones.Los procesos biológicos se convierten en un asunto de Estado. Se analizan los estados globales de la población, sus ritmos, cadencias. La biopolítica es la presencia de los aparatos de Estado en la vida de las poblaciones.Foucault recuerda que la figura de la muerte sufre desde el siglo pasado una descalificación simbólica progresiva. Se diluyen y desaparecen sus antiguos ceremoniales, sus manifestaciones de esplendor, su espectacularidad macabra. Lo que interesa a la burguesía triunfante es la vida de la especie, su multiplicación, los avatares de la masa viviente, la seguridad de los conjuntos y la fortaleza de sus descendientes. Pero no por eso desaparece la función de la muerte en las sociedades modernas. Su nueva figura se reelaborará sobre las bases de una sociedad centrada sobre los mecanismos del biopoder. Y -agrega Foucault— el racismo es la condición de aceptabilidad de la matanza en una sociedad en que la norma, la regularidad, la homogeneidad, son las principales funciones sociales.El racismo es la metafísica de la muerte del siglo xx. Foucault no habla del "Otro", ni de la alteridad, el diferente, ni emplea ninguna de las figuras de las morales de la tolerancia o de la hermenéutica de la comprensión. Sabe que éstas son otras figuras del poder. Su proyecto es genealógico, reconstruye la memoria de las luchas, postergada por la sonrisa de los triunfadores.

La California Argentina


Si escuchas esto Summertime mientas
lees es mucho mejor!
(pichar el título para oir)




Osvaldo Soriano

Ahí va Hipólito Bouchard, viento en popa y cañones limpios, a arrasar la California donde no están todavía el Hollywood del cine ni el Sillicon Valley de las computadoras. Lleva como excusa la flamante bandera argentina que ha hecho reconocer en Kameha-Meha, aunque los oficiales de su estado mayor se llamen Cornet, Oliver, John van Burgen, Greyssa, Harris, Borgues, Douglas, Shipre y Miller. El comandante de la infantería, José María Piris, y el aspirante Tomás Espora son de los pocos criollos a bordo. Entre los marineros de la Argentina" y la "Chacabuco" van decenas de maleantes recogidos en los puertos del Asia, 30 hawaianos comprados al rey de Sandwich, casi un centenar de gauchos mareados y diez gatos embarcados en Karakakowa para combatir las ratas y pestes.Al terrible Bouchard, como a todos los marinos, lo preocupa la indisciplina: sabe que algunos de los desertores que habían sublevado la Chacabuco" en Valparaíso se han refugiado en la isla de Atoy y quiere darles un escarmiento. Manda a José María Piris que se adelante a bordo de una fragata de los Estados Unidos e intime al rey que protege a los rebeldes. Antes de partir, los piratas norteamericanos, que roban cañones y los revenden, dan una fiesta a la oficialidad de las Provincias Unidas: corre el alcohol, se desatan las lenguas y un irlandés con pata de palo comenta, orgulloso, la intención argentina de bombardear la California. El capitán de los piratas anota: en la bodega lleva doce cañones recién robados, y se adelanta con la noticia a Monterrey -la capital de California-, podrávenderlos a cinco veces su precio. El rey de Atoy no sabe donde quedan las Provincias Unidas, nunca oyó hablar de la nacionalidad argentina y teme una represalia española. Piris lo amenaza con la cólera del infierno, y el rey, por las dudas, hace capturar a los sublevados entre los que se encuentra el cabecilla. El comandante duerme en la playa y cuando divisa los barcos de Bouchard se hace conducir el bote para dar la buena nueva.El francés desconfía: en la entrevista con el rey comunica la sentencia de muerte para los asilados en Atoy y trata, como en Karakakowa, de hacer reconocer la soberanía argentina. El rey se insolenta y dice, muy orondo, que los prisioneros se le han escapado."Comprometidos así la justicia y el honor del pabellón que tremolaba en mi buque, fue necesario apelar a la fuerza", cuenta Bouchard en sus Memorias. En realidad, basta con amagar. El rey manda un emisario a parlamentar a la "Argentina" y lleva a los prisioneros a la playa. Bouchard baja, arrogante y triunfal, les lee la sentencia y ahí nomás fusila a un tal Griffiths, cabecilla del amotinamiento. A los otros los conduce al barco y les hace dar "doce docenas de azotes". El 22 de diciembre de 1818 llega a las costas de Monterrey sin saber que los norteamericanos han armado la fortaleza a precio vil. Bouchard traza su plan: pone 200 hombres de refuerzo en la corbeta "Chacabuco", les hace enarbolar una engañosa bandera de los Estados Unidos y la manda al frente a las ordenes de William (o Guillermo) Shipre. Ya nadie recuerda la letra del Himno Nacional y Shipre hace cantar cualquier cosaantes de ir al ataque. Están calentándose los pechos cuando advierten que cesa el viento y la "Chacabuco" queda a la deriva. Desde el fuerte le tiran diecisiete cañonazos y no fallan ninguno. La "Chacabuco" empieza a naufragar en medio del desbande y los gritos de los heridos. Shipre se rinde enseguida. "A los diecisiete tiros de la fortaleza tuve el dolor de ver arriar la bandera de la patria".Todo es desolación y sangre en la "Chacabuco" pero Bouchard no quiere pasar vergüenza en Buenos Aires. Las Provincias Unidas de la Revolución han autorizado a más de sesenta buques corsarios para que recorran las aguas con pabellón celeste y blanco y las presas capturadas son más de cuatrocientas. De pronto, la joven nación esta asolando los mares y las potencias empiezan a alarmarse. Todavía hoy la Constitución argentina autoriza al Congreso a otorgar patentes de corso y establecer reglamento para las presas (art. 67, inc. 22).Los pobres españoles de California no tenían un solo navío para su defensa. Bouchard ordena trasladar a los sobrevivientes de la "Chacabuco" a la "Argentina" pero abandona a los mutilados y heridos para que con sus gritos de espanto distraigan a los españoles. Al amanecer del 24, mientras en Monterrey se festeja la victoria, Bouchard comanda el desembarco con doscientos hombres armados con fusiles y picas de abordaje. Lo acompañan oficiales que no saben para quién pelean pero esperan repartirse un botín considerable. A las ocho de la mañana, después de un tiroteo, la tropa española abandona el fuerte y retrocede hacia las poblaciones. A las diez, Bouchard captura veinte piezas de artillería y con mucha pompa hace que los gauchos y los mercenarios formen en el patio mientras hace izar la bandera. Sin embargo el capitán no esta contento. Quiere que en el mundo se sepa de él, que le paguen la afrenta de la "Chacabuco". Arenga a la tropa enardecida y la lanza sobre la población aterrorizada. Los marinos de Sandwich son implacables con la lanza y la pistola; otros tiran con fusiles y los gauchos manejan el cuchillo y el fuego a discreción. Dicen los historiadores de la Marina que Bouchard respeta a la población de origen americano y es feroz con la española. Difícil es saber cómo hizo la diferencia en el vértigo del asalto. La fortaleza es arrasada hasta los cimientos. También el cuartel y el presidio. Las casas son incendiadas y la Nochebuena de 1818 es un vasto y horroroso infierno de llamas y lamentos. Después del pillaje, Bouchard manda guardar dos piezas de artillería de bronce para presentar en Buenos Aires con las barras de plata que encuentra en un granero.Durante seis díaz, sobre los escombros y los cadáveres, flamea la bandera argentina. Los prisioneros liberados de la cárcel ayudan a reparar la Chacabuco" mientras los soldados arman juerga sobre juerga con las aterradas viudas de España, episodios que las historias oficiales eluden con pudor. Tanto escándalo arman Bouchard y los suyos en el norte que el Departamento de Estado norteamericano -cuenta el historiador Harold Peterson- "dio instrucciones a sus agentes para que protestaran vigorosamente contra los excesos cometidos con barcos que navegaban bajo la bandera y con comisiones de Buenos Aires". Sin embargo, recién en 1821, con Rivadavia como ministro de guerra, los Estados Unidos obtendrían un decreto de revocación de las patentes de loscorsarios: "En su forma literal -dice Peterson-, este decreto representaba una entrega total a la posición por la cual Estados Unidos había luchado durante cinco años". Para entonces, Bouchard ya había quemado toda California. Después de destruir Monterrey arrasa con la misión de San Juan, con Santa Bárbara y otras poblaciones que quedan en llamas. El 25 de enero de 1819 bloquea el puerto de San Blas y ataca Acapulco de México. En Guatemala destruye Sonsonate y toma un bergantín español. En Nicaragua, por fin, se echa sobre Realejo, el principal puerto español en los mares de Sur, y se queda con cuatro buques españoles cargados con añil y cacao y 27 prisioneros. Esa fue su última hazaña. Al llegar a Valparaíso, maltrecho por el ataque de otro pirata, Bouchard reclama la gloria pero lo espera la cárcel. Lord Cochrane, corsario al servicio de Chile, lo acusa de piratería, insubordinación y crueldad con los prisioneros capturados. Bouchard argumenta: "Soy un teniente coronel del Ejército de los Andes, un vecino arraigado en la Capital, un corsario que de mi libre voluntad he entrado a los puertos de Chile con el preciso designio de auxiliar a sus expediciones". Sobre las torturas ordenadas, se defiende así: "Que se pregunte por el trato que recibieron los tripulantes chilenos del corsario chileno Maipú u otro de Buenos Aires que, luego de apresado, entró a Cádiz con la gente colgada de los penoles". Pasa apenas cinco meses en prisión. Al salir pone sus barcos a las ordenes de San Martín y le lleva granaderos a Lima. Ya en decadencia, reblandecido por dos hijas a las que apenas había conocido, se pone a las ordenes de Perú y en 1831 se retira a una hacienda. En 1843, un mulato harto de malos tratos lo degüella de un navajazo. Es una muerte en condicional: los apólogos de la Marina, que le justifican torturas y tropelías, no consignan ese indigno final.

CRONOGRAMA INSTITUCIONAL 2007/2008


CRONOGRAMA ANUAL 2007



FINALIZACIÓN SEGUNDO CUATRIMESTRE: Viernes 23 de noviembre
SEMANA DE RECUPERACIÓN Y CIERRE DE PROMOCIÓN SIN EXAMEN.

Del 26 al 30 de noviembre
INSCRIPCIÓN EXÁMENES TURNO DICIEMBRE (Trámite no personal)Del 12 al 20 de noviembre

HORARIO ESPECIAL: 9:00 a 21:00 hs.
EXÁMENES TURNO DICIEMBRE

Primer llamado: del 3 al 11 de diciembre

Segundo llamado: del 12 al 20 de diciembre.



CRONOGRAMA ANUAL 2008(SUJETO A MODIFICACIONES) publicado:25/09/2007


FERIADO POR CARNAVAL: 4 y 5 de febrero
INSCRIPCIÓN A EXÁMENES FINALES (Trámite no personal)

Del 6 al 12 de febrero

HORARIO ESPECIAL: 9:00 a 20:00 hs.
EXÁMENES TURNO FEBRERO-MARZO

Primer Turno: del 25 de febrero al 29 de febrero

Segundo Turno: del 3 de marzo al 7 de marzo
ENTREGA DE SOLICITUDES E INSCRIPCIÓN DE AÑOS SUPERIORES (Trámite personal)

Del 25 de febrero al 7 de marzo

Se realiza en Bedelía en los siguientes horarios: 9:30 a 12:30 – 14:30 a 17:30 – 18:30 a 21:30 hs.
CONSULTA DE PADRONES Y PEDIDOS DE CAMBIO DE MATERIAS Y COMISIONES

Del 25 al 28 de marzo
INICIACIÓN CLASES DE PRIMER AÑO:Lunes 17 de marzo
INICIACIÓN DE CLASES DE AÑOS SUPERIORES: Lunes 25 de marzo
INSCRIPCIÓN EXÁMENES TURNO MAYO (Trámite no personal)

Del 28 de abril al 2 de mayo
EXÁMENES TURNO MAYODel 26 al 30 de mayo
INSCRIPCIÓN EXÁMENES TURNO AGOSTO (Trámite no personal)

Del 23 al 30 de junio
FINALIZACIÓN DEL PRIMER CUATRIMESTRE: Viernes 11 de julio
EXÁMENES TURNO JULIO-AGOSTOPrimer llamado: del 14 al 18 de julio
RECESO ESCOLAR DE INVIERNO:21 de julio al 1º de agosto
EXÁMENES TURNO JULIO-AGOSTOSegundo llamado: del 4 al 8 agosto
INICIACIÓN SEGUNDO CUATRIMESTRE:Lunes 11 de agosto
FINALIZACIÓN SEGUNDO CUATRIMESTRE: Viernes 21 de noviembre
SEMANA DE RECUPERACIÓN Y CIERRE DE PROMOCIÓN SIN EXAMENDel 24 al 28 de noviembre
INSCRIPCIÓN EXÁMENES TURNO DICIEMBRE (Trámite no personal)Del 17 al 21 de noviembreHORARIO ESPECIAL: 9:00 a 21:00 hs.
EXÁMENES TURNO DICIEMBRE

Primer llamado: del 1º al 10 de diciembre

Segundo llamado: del 11 al 19 de diciembre


1/11/07

El imperio de Hammurabi


El imperio de Hammurabi

COMUNIDAD Y LEY EN MESOPOTAMIA
Sobre S. Grenngus, "Legal and Social Institut. of Anc. Mesopotamia", J. M. Sasson (ed.) CANE, NY, 1995, 469 ss.
I. COMUNIDAD. Los sumeroacadios urbanos se veían ante todo como miembros de su comunidad vecinal y política y, sólo en segundo lugar, como miembros de un grupo de sangre. Los vínculos de parentesco eran importantes y a ellos aluden voces como kimtum, salatum o nishutum, que designan a la familia extensa en asuntos conexos con herencias o con la obligación de asistir a parientes desvalidos o de dar culto a los difuntos. Pero esas relaciones no tienen la fuerza que entre los seminómadas, gobernados por jefes de clan. Los mesopotamios urbanos se gobernaban por consejos vecinales de varones adultos. El consejo (sum. unkin, ac. puhrum; alum = ciudad; shibutum = mayores) era, en las ciudades grandes, de barrio o distrito (sum. daggi, ac. babtum), comunidad dentro de otra mayor, cuyos responsables emitían bandos, disponían de funcionarios y se constituían para deliberar sobre un edificio inestable, un animal peligroso, el repudio de un marido por su mujer, cuya honestidad se examinaba, o la presencia de extraños. Cuando había un robo en el vecindario y el ladrón no era habido, el hombre robado probaba su pérdida jurando ante un dios, para que la comunidad y el alcalde le repusiesen lo perdido y a su familia una mina de plata si había resultado muerto (CH 23-24). En las ciudades comerciales un karum, especie de cámara de comercio, administraba los peajes, arbitraba en litigios mercantiles e, incluso, poseía almacenes o delegaciones exteriores. En el N, menos dependiente de la irrigación, persistieron modos rurales tradicionales, y sus poblados mantuvieron más vivos los vínculos de parentesco extenso: fuerte autoridad patriarcal, levirato, conservación de fundos troncales y menor urbanización del paisaje. A fines del II y comienzos del I milenio, las ciudades se hicieron menores: en los periodos casita y neobabilonio, fuera de la capital el asentamiento típico fue el pueblo, no la ciudad. La reorganización de algunas partes de Babilonia en provincias llamadas ÒcasasÓ revela el creciente liderazgo de gentes poco o nada urbanas. Este declive urbano se acusa más en el S, acaso por el agotamiento de los suelos irrigados y por el mayor control de las aguas en el N.
II LEY. Los reyes mesopotámicos se muestran siempre como gobernantes rectos que exigen y dan justicia a sus súbditos. Justicia y rectitud son deseos divinos, aunque nunca se articularon en una doctrina clara que concibiese la necesidad de un mundo justo gobernado según la ley de un dios justo, como llegó en mayor medida a ser el caso hebreo. El símbolo divino de la justicia llegó a ser Shamash, el dios sol, padre de Kittum y Misharum (Verdad y Equidad). Cuando el sublime Anum, rey de los dioses de lo Alto, y Enlil, señor de Cielo y Tierra que ordena los destinos del Mundo, decidieron que Marduk, primogénito de Enki, Señor de la Tierra, fuese el divino soberano de toda la Humanidad, cuando quedó engrandecido sobre los dioses de la Tierra, cuando hubieron proclamado el sublime nombre de Babilonia y lo hicieron prevalecer en todo el mundo, cuando decidieron en el centro del mundo un reinado eterno para Marduk cuyos cimientos son tan firmes como los del Cielo y la Tierra, entonces Anum y Enlil me designaron a mí, Hammurabi, príncipe piadoso, temeroso de mi dios, para que proclamase en el País el orden justo, para destruir al malvado y al perverso, para evitar que el fuerte oprima al débil, para que, como hace Shamash Señor del Sol, me alce sobre los hombres (lit.: cabezas negras), ilumine el País y asegure el bienestar de las gentes. Entre los medios de implantar la justicia regia estaba el misharum o [ley de ] equidad, así como el andurarum o decreto. Prácticas ya conocidas en Sumer (nigsisa, amargi). Su promulgación se proponía ayudar a los deudores oprimidos por particulares o por el fisco. Estas ocasiones ceremoniales (advenimiento del rey, aniversarios) a veces sirvieron para difundir y generalizar ciertas normas mediante colecciones de ellas, ya desde el III milenio, como los ÒcódigosÓ sumerios de Ur Namu (2100) y Lipit Ishtar (1930) o los acadios de la ciudad de Eshnunna (Tell Asmar, 1800) y de Hammurabi (h. 1750). El CH se exhibió inscrito en estelas pétreas al menos en Babilonia y Sippar (ciudad de Shamash) y se hicieron copias en tablillas. De épocas asiria media y neobabilonia se conservan sendas colecciones de leyes sobre la familia (se ignoran sus emisores) y consta que también codificó Nabucodonosor II para complacer al Señor Marduk y en bien de todo el pueblo. Es engañoso llamarlas código, pues no son compilaciones sistemáticas (no separan lo civil de lo penal, etc.) ni exhaustivas ni se cuidan apenas del procedimiento. La más ambiciosa es la de Hammurabi y, aun así, omite muchos temas regulados por otras normas contemporáneas conocidas (p. e., fianzas, amortizaciones, privilegios de templos, robo de ganado, recuperación de esclavos, servidumbre de propiedades, etc.) e, incluso, por legislaciones anteriores (Eshnunna). Tampoco contemplan materias importantes en otras legislaciones (la hitita) sobre magia y sortilegios ni sobre religión y sacerdocio (vs. Biblia), excepto para aclarar el régimen de propiedad para ciertas sacerdotisas. Estas recopilaciones no parece, por el carácter iletrado de la gran mayoría social, que sustituyesen la muy amplia presencia de los usos y costumbres y, por otro lado, gran parte de lo que contienen es de creación anterior. Los estudiosos creen que, con motivo de su promulgación, los reyes introducían algunas normas nuevas y que en ciertos aspectos tradicionales se corregían situaciones concretas: el CH parece más severo en el castigo físico del robo (6-13, 21, 25, 253-256) que la legislación anterior conocida en Sumer y Acad, más tendente a la multa.
Influencia.Los códigos son casuísticos, lo que ayudó a que se mantuvieran como saber tradicional que los escribas (como con los presagios, mitos e himnos) usaban para su aprendizaje especializado. El CH fue modelo escolar durante siglos, pero no sabemos, aparte su realismo (que demuestra no era un ejercicio literario), cuál fue el grado de su aplicación, pues la costumbre y los jueces locales eran muy importantes. No cabe duda de su influencia, en la medida en que, aun sin estar ya en vigor tiempos después, eran textos sapienciales y considerados arquetipos. Se conservan textos escolares que tienen como tema un asunto legal. Un caso de ejercicio bilingŸe (ana ittishu) de vocabulario sumeroacadio dice: Una finca alquilada, un edificio de vivienda; alquiler, en alquiler, la tomó arrendada; mientras viva en la casa tiene que reparar el tejado de esa casa y mantener en buen estado sus cimientos; tiene que quitar las vigas rotas; tiene que poner vigas sólidas; un edificio viejo, una pared que se alabea, tiene que apuntalarla. También hay textos escolares con pleitos enteros: sobre adulterio, daños a animales alquilados para laboreo, homicio del marido por el amante con ayuda de la esposa, violación de una esclava y varios sobre herencias. Jueces. La primera instancia es la asamblea local de gobierno, a la que se incorporan representantes de las administraciones (urbana, real, templaria, militar) si el caso les afecta, pero más como testigos que como jueces, al igual que en casos de litigios de propiedad familiar, a los que asisten parientes, allegados o vecinos. Los jueces, profesionales o funcionales, deben ser miembros relevantes de la comunidad, para que su dictamen se apoye en un su autoridad personal. A menudo actúan como tribunales de tres a seis miembros y no se conocen abogados profesionales. Los tribunales locales se ocupan de asuntos de propiedad mueble e inmueble, linderos, ventas, herencias y robos con o sin escalo. Los casos mercantiles los resuelve el karum. Los casos capitales, los jueces propiamente dichos (homicidio, traición, adulterio flagrante). No se conocen instancias de apelación excepto los casos que el rey resuelve por prevaricación de sus jueces. Algunos castigos contra quienes desacataban las sentencias podían ser ejemplarizantes: desde el rapado de media cabeza o el embadurnamiento con pez hasta la perforación de la nariz, los labios o la lengua. El templo y la justicia. Probablemente desde tiempo inmemorial, el templo era lugar de justicia y de juramento. En numerosos pleitos, si faltaban pruebas taxativas, se recurría al juramento solemne, normalmente del perjudicado, que tocaba o cogía algún objeto sacro y por la vida del diosÓ (o la diosa) atestiguaba y pedía para sí el castigo si mentía. Rehusar el juramento equivalía a desistir de la causa. También el templo acogía los juramentos de sociedad o las ordalías: la más común era someterse al juicio del dios del río. Un texto de h. 1700 (un informe al rey de Mari) dice: En cuanto a Amat Sakkanim, de la familia de Shamshi Adad al que el río engulló, me han dicho: La hicimos echarse al río, diciéndole: Jura que tu ama no ha perpetrado ningún acto de brujería contra su señor Yarkab Adad; que no reveló ningún secreto del palacio; que no hizo que otra persona abriese la misiva de su dueña; que tu ama no delinquió de ningún modo contra su señor. A consecuencia de ello (el juramento), la hicieron zambullirse. El dios del río la engulló y ya no volvió. Los reyes meobabilonios y persas usaron de los templos como centros de control local y los reyes neoasirios enriquecieron a los grandes templos babilonios con propiedades confiscadas a los notables locales enemigos: los templos recaudaban los diezmos y, a su vez, pagaban una renta al rey, actuaban como sus administradores y suministradores (mano de obra para las propiedades, asistencia a funcionarios regios, etc.) y sus sacerdotes principales desempeñaban funciones judiciales y presidían la asamblea local, con la que despachaban causas civiles y criminales, si bien los casos más graves se trasladaban al tribunal real. Registro de asuntos legales. Los casos enjuiciados localmente se resumían y archicaban en una tablilla cuneiforme, aunque en la segunda mitad del I milenio se usaron también vitelas escritas con tinta en arameo (muy perecederas). También se registraban negocios no litigiosos, como compraventas, adopciones, créditos, manumisiones, etc. Los registros daban fe para el futuro, resumían el asunto, recogían a veces testimonios en primera persona, etc. Por ellos sabemos que a veces había ritos legales de origen remoto, como mojar la frente del manumitido o cortar la orla del vestido de la mujer en el divorcio, legado de un tiempo iletrado en donde los testigos presenciaban los expresivos gestos y servían como archivo viviente. Estas tablillas recogen lugar y fecha, nombres de los intervinientes, juramentos prestados y, en los pleitos, los nombres de los jueces. A menudo se añaden las improntas de los sellos de las partes, a veces suplidos por la huella ungular o la impronta del borde del vestido, etc. Los testigos suelen ser varones, pero hay mujeres en época paleobabilonia. En la neobabilonia, en cambio, no pueden atestiguar, aunque sí asistir a estos asuntos; también de ese tiempo es la existencia de duplicados originales (uno para cada parte). En estos tribunales había escribientes especializados y alguaciles para mantener el orden (a veces, un soldado del rey).

Soiedad, justicia penal y familia en el código de Hammurabi y en las leyes hititas
CODIGO DE HAMMURABI SOCIEDAD :El vértice social lo ocupan el rey y los altos dignatarios (a menudo de aspecto funcionarial). No hay casta guerrera ni sacerdotal.Awilu ("hombres"). Propietarios libres de pleno derecho. Forman consejo y asambleas. Sirven en el ejército.Mushkenu (> 'mezquinos'). No propietarios. Sin derechos plenos. Meros habitantes en inferioridad jurídica. Tienen voz en las asambleas pero en la realidad no tienen influencia.Wardu ("siervos", "esclavos"). Proceden de condenas judiciales, de nacimiento, de la guerra, de la venta de niños. Mayoría de siervos públicos, escasos privados. Su estatus es bastante reificador pero pueden recuperar la libertad. El amo no posee derecho de vida y muerte, pero sí al castigo. Tiene posibilidad de peculio y de matrimonio. Los hijos de esclavo y mujer libre son libres (no consta el caso inverso)
CODIGO HITITASOCIEDADEl vértice social lo ocupan el rey ('labarna') y la reina ('tawananna'), los 'maryannu' o grandes nobles guerreros, el clero y los altos funcionarios.Ellu ("hombres libres"). No tienen obligaciones con el palacio y el templo. Ir (no libres). Gran variedad de situaciones: dependientes, inquilinos y esclavos (por nacimiento, pena, venta, etc.). Los siervos (aquí, 'esclavos') poseen ciertas capacidades jurídicas y económicas (ya que pueden ser multados). Los hijos de libres con esclavas son libres en la gran mayoría de casos.La población namra procede de los prisioneros de guerra y se emplea en los grandes trabajos públicos, edificaciones, roturación de yermos y baldíos, etc.
JUSTICIA PENALPenas en función del delito y de la condición social de las partes implicadas.Ley del talión, multas, mutilaciones. Existe la pena de muerte. No consta la exigencia de prestaciones de trabajo personal (corveas). Recurso al juicio divino (ordalía).Tendencia a sustituir el derecho directo a la venganza por la intervención del sistema público de justicia.
JUSTICIA PENAL Penas en función del delito y de la condición social de las partes implicadas.Clara tendencia a la sustitución de los castigos físicos por el pago de compensaciones económicas. La muerte se reserva para casos muy graves (alta traición, incesto) y sin aplicación de tormento. Es rara la mutilación. No consta la corvea y sí la ordalía. Atenuantes y agravantes.
MATRIMONIO. FAMILIA.Monogamia atemperada (concubinato, derecho masculino al repudio).Régimen patriarcal y patrilocal. La mujer posee capacidad jurídica, derecho a divorcio, propiedad de dote ('seriktum') que es para sus hijos (salvo maltrato o divorcio). Si comete adulterio, la pierde (y también la vida, salvo perdón marital). Puede administrar bienes del marido ('nudunnum') si éste consiente. Protección y respeto a la viuda, que ejerce potestad sobre los hijos (aunque sin poder de vida o muerte).No consta la institución del primogénito. Parece legalmente indiferente el estatus social a la hora del casamiento. Fuertes penas al matrimonio entre consanguíneos próximos. No aparece regulado el adulterio masculino. Comunidad matrimonial de bienes, en evitación de la dispersión. Las deudas de un cónyuge afectan al otro. El desheredamiento no es posible salvo grave causa.Matrimonio legal: "Terhatum" (arras), "biblum" (regalo) y boda efectiva.
MATRIMONIO. FAMILIA Monogamia atemperada (concubinato, derecho masculino al repudio). Régimen patriarcal con restos de matriarcado (posición de la reina, título regio de "Hijo de la Hermana de ...") y patrilocal. La mujer posee capacidad jurídica, derecho a divorcio, propiedad de dote ('waru'). Puede poseer bienes no dotales, como regalos del marido ('assu'). Protección y respeto a la viuda, que ejerce potestad sobre los hijos y puede expulsar al indigno (aunque sin poder de vida o muerte).No consta la institución del primogénito. Parece legalmente indiferente el estatus social a la hora del casamiento. Fuertes penas al matrimonio entre consanguíneos próximos y a la adúltera (muerte si no media perdón marital). No aparece regulado el adulterio masculino.Comunidad matrimonial de bienes, en evitación de la dispersión y recurso al levirato. Las deudas de un cónyuge afectan al otro.Matrimonio legal: "kusata" con boda efectiva.
Historia Antigua - Universidad de Zaragoza - Prof. Dr. G. Fatás